Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
10952BERGANZA.-«Como mi amo era mezquino, como lo son todos los de su casta, 10953sustentábame con pan de mijo y con algunas sobras de zahínas, común sustento suyo; 10954pero esta miseria me ayudó a llevar el cielo por un modo tan estraño como el que ahora oirás. 10955»Cada mañana, juntamente con el alba, amanecía sentado al pie de un granado, de muchos que en la huerta había, 10956un mancebo, al parecer estudiante, vestido de bayeta, no tan negra ni tan peluda que no pareciese parda y tundida. 10957Ocupábase en escribir en un cartapacio y de cuando en cuando se daba palmadas en la frente y se mordía las uñas, 10958estando mirando al cielo; y otras veces se ponía tan imaginativo, que no movía pie ni mano, ni aun las pestañas: 10959tal era su embelesamiento. Una vez me llegué junto a él, sin que me echase de ver; oíle murmurar entre dientes, 10960y al cabo de un buen espacio dio una gran voz, diciendo: "¡Vive el Señor, 10961que es la mejor octava que he hecho en todos los días de mi vida!" Y, escribiendo apriesa en su cartapacio, 10962daba muestras de gran contento; todo lo cual me dio a entender que el desdichado era poeta. 10963Hícele mis acostumbradas caricias, por asegurarle de mi mansedumbre; echéme a sus pies, y él, con esta seguridad, 10964prosiguió en sus pensamientos y tornó a rascarse la cabeza y a sus arrobos, y a volver a escribir lo que había pensado. 10965Estando en esto, entró en la huerta otro mancebo, galán y bien aderezado, con unos papeles en la mano, 10966en los cuales de cuando en cuando leía. Llegó donde estaba el primero y díjole: "¿Habéis acabado la primera jornada? 10967" "Ahora le di fin -respondió el poeta-, la más gallardamente que imaginarse puede". "¿De qué manera?", 10968preguntó el segundo. "Désta -respondió el primero-: Sale Su Santidad del Papa vestido de pontifical, 10969con doce cardenales, todos vestidos de morado, 10970porque cuando sucedió el caso que cuenta la historia de mi comedia era tiempo de mutatio caparum, 10971en el cual los cardenales no se visten de rojo, sino de morado; y así, en todas maneras conviene, 10972para guardar la propiedad, que estos mis cardenales salgan de morado; 10973y éste es un punto que hace mucho al caso para la comedia; y a buen seguro dieran en él, 10974y así hacen a cada paso mil impertinencias y disparates. Yo no he podido errar en esto, 10975porque he leído todo el ceremonial romano, por sólo acertar en estos vestidos". 10976"Pues ¿de dónde queréis vos -replicó el otro- que tenga mi autor vestidos morados para doce cardenales? 10977" "Pues si me quita uno tan sólo -respondió el poeta-, así le daré yo mi comedia como volar. ¡Cuerpo de tal! 10978¿Esta apariencia tan grandiosa se ha de perder? 10979Imaginad vos desde aquí lo que parecerá en un teatro un Sumo Pontífice con doce graves cardenales 10980y con otros ministros de acompañamiento que forzosamente han de traer consigo. ¡Vive el cielo, 10981que sea uno de los mayores y más altos espectáculos que se haya visto en comedia, 10982aunque sea la del Ramillete de Daraja!" 10983»Aquí acabé de entender que el uno era poeta y el otro comediante. 10984El comediante aconsejó al poeta que cercenase algo de los cardenales, 10985si no quería imposibilitar al autor el hacer la comedia. 10986A lo que dijo el poeta que le agradeciesen que no había puesto todo el cónclave que se halló junto 10987al acto memorable que pretendía traer a la memoria de las gentes en su felicísima comedia. 10988Rióse el recitante y dejóle en su ocupación por irse a la suya, que era estudiar un papel de una comedia nueva. 10989El poeta, después de haber escrito algunas coplas de su magnífica comedia, 10990con mucho sosiego y espacio sacó de la faldriquera algunos mendrugos de pan y obra de veinte pasas, que, a mi parecer, 10991entiendo que se las conté, y aun estoy en duda si eran tantas, 10992porque juntamente con ellas hacían bulto ciertas migajas de pan que las acompañaban. Sopló y apartó las migajas, 10993y una a una se comió las pasas y los palillos, porque no le vi arrojar ninguno, ayudándolas con los mendrugos, 10994que morados con la borra de la faldriquera, parecían mohosos, y eran tan duros de condición que, 10995aunque él procuró enternecerlos, paseándolos por la boca una y muchas veces, no fue posible moverlos de su terquedad; 10996todo lo cual redundó en mi provecho, porque me los arrojó, diciendo: "¡To, to! Toma, que buen provecho te hagan". 10997"¡Mirad -dije entre mí- qué néctar o ambrosía me da este poeta, 10998de los que ellos dicen que se mantienen los dioses y su Apolo allá en el cielo!" En fin, por la mayor parte,
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