Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
10450Con esta prisión que sobrevino sobre la pendencia, creció la fama de mi cobarde, que lo era mi amo más que una liebre, 10451y a fuerza de meriendas y tragos sustentaba la fama de ser valiente, 10452y todo cuanto con su oficio y con sus inteligencias granjeaba se le iba y desaguaba por la canal de la valentía. 10453»Pero ten paciencia, y escucha ahora un cuento que le sucedió, sin añadir ni quitar de la verdad una tilde. 10454Dos ladrones hurtaron en Antequera un caballo muy bueno; trujéronle a Sevilla, 10455y para venderle sin peligro usaron de un ardid que, a mi parecer, tiene del agudo y del discreto. 10456Fuéronse a posar a posadas diferentes, 10457y el uno se fue a la justicia y pidió por una petición que Pedro de Losada le debía cuatrocientos reales prestados, 10458como parecía por una cédula firmada de su nombre, de la cual hacía presentación. 10459Mandó el tiniente que el tal Losada reconociese la cédula, y que si la reconociese, 10460le sacasen prendas de la cantidad o le pusiesen en la cárcel; 10461tocó hacer esta diligencia a mi amo y al escribano su amigo; llevóles el ladrón a la posada del otro, 10462y al punto reconoció su firma y confesó la deuda, y señaló por prenda de la ejecución el caballo, 10463el cual visto por mi amo, le creció el ojo; y le marcó por suyo si acaso se vendiese. 10464Dio el ladrón por pasados los términos de la ley, y el caballo se puso en venta y se remató en quinientos reales en 10465un tercero que mi amo echó de manga para que se le comprase. 10466Valía el caballo tanto y medio más de lo que dieron por él. Pero, 10467como el bien del vendedor estaba en la brevedad de la venta, a la primer postura remató su mercaduría. 10468Cobró el un ladrón la deuda que no le debían, y el otro la carta de pago que no había menester, 10469y mi amo se quedó con el caballo, que para él fue peor que el Seyano lo fue para sus dueños. 10470Mondaron luego la haza los ladrones, y, de allí a dos días, 10471después de haber trastejado mi amo las guarniciones y otras faltas del caballo, 10472pareció sobre él en la plaza de San Francisco, más hueco y pomposo que aldeano vestido de fiesta. 10473Diéronle mil parabienes de la buena compra, afirmándole que valía ciento y cincuenta ducados como un huevo un maravedí; 10474y él, volteando y revolviendo el caballo, representaba su tragedia en el teatro de la referida plaza. Y, 10475estando en sus caracoles y rodeos, llegaron dos hombres de buen talle y de mejor ropaje, y el uno dijo: "¡Vive Dios, 10476que éste es Piedehierro, mi caballo, que ha pocos días que me le hurtaron en Antequera!". Todos los que venían con él, 10477que eran cuatro criados, dijeron que así era la verdad: que aquél era Piedehierro, el caballo que le habían hurtado. 10478Pasmóse mi amo, querellóse el dueño, hubo pruebas, y fueron las que hizo el dueño tan buenas, 10479que salió la sentencia en su favor y mi amo fue desposeído del caballo. Súpose la burla y la industria de los ladrones, 10480que por manos e intervención de la misma justicia vendieron lo que habían hurtado, 10481y casi todos se holgaban de que la codicia de mi amo le hubiese rompido el saco. 10482»Y no paró en esto su desgracia; que aquella noche, saliendo a rondar el mismo asistente, 10483por haberle dado noticia que hacia los barrios de San Ju[l]ián andaban ladrones, 10484al pasar de una encrucijada vieron pasar un hombre corriendo, y dijo a este punto el asistente, 10485asiéndome por el collar y zuzándome: "¡Al ladrón, Gavilán! ¡Ea, Gavilán, hijo, al ladrón, al ladrón!" Yo, 10486a quien ya tenían cansado las maldades de mi amo, 10487por cumplir lo que el señor asistente me mandaba sin discrepar en nada, arremetí con mi propio amo, 10488y sin que pudiese valerse, di con él en el suelo; y si no me le quitaran, yo hiciera a más de a cuatro vengados; 10489quitáronme con mucha pesadumbre de entrambos. Quisieran los corchetes castigarme, y aun matarme a palos, 10490y lo hicieran si el asistente no les dijera: "No le toque nadie, que el perro hizo lo que yo le mandé". 10491»Entendióse la malicia, y yo, sin despedirme de nadie, por un agujero de la muralla salí al campo, 10492y antes que amaneciese me puse en Mairena, que es un lugar que está cuatro leguas de Sevilla. 10493Quiso mi buena suerte que hallé allí una compañía de soldados que, según oí decir, se iban a embarcar a Cartagena. 10494Estaban en ella cuatro rufianes de los amigos de mi amo, 10495y el atambor era uno que había sido corchete y gran chocarrero, como lo suelen ser los más atambores. 10496Conociéronme todos y todos me hablaron; y así, me preguntaban por mi amo como si les hubiera de responder; 10497pero el que más afición me mostró fue el atambor, y así, determiné de acomodarme con él, si él quisiese,
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