Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
10410BERGANZA.-«Más alto picaba mi amo; otro camino era el suyo; presumía de valiente y de hacer prisiones famosas; 10411sustentaba la valentía sin peligro de su persona, pero a costa de su bolsa. 10412Un día acometió en la Puerta de Jerez él solo a seis famosos rufianes, sin que yo le pudiese ayudar en nada, 10413porque llevaba con un freno de cordel impedida la boca (que así me traía de día, y de noche me le quitaba). 10414Quedé maravillado de ver su atrevimiento, su brío y su denuedo; 10415así se entraba y salía por las seis espadas de los rufos como si fueran varas de mimbre; 10416era cosa maravillosa ver la ligereza con que acometía, las estocadas que tiraba, los reparos, la cuenta, 10417el ojo alerta porque no le tomasen las espaldas. Finalmente, 10418él quedó en mi opinión y en la de todos cuantos la pendencia miraron y supieron por un nuevo Rodamonte, 10419habiendo llevado a sus enemigos desde la Puerta de Jerez hasta los mármoles del Colegio de Mase Rodrigo, 10420que hay más de cien pasos. Dejólos encerrados, y volvió a coger los trofeos de la batalla, que fueron tres vainas, 10421y luego se las fue a mostrar al asistente, que, si mal no me acuerdo, 10422lo era entonces el licenciado Sarmiento de Valladares, famoso por la destruición de La Sauceda. 10423Miraban a mi amo por las calles do pasaba, señalándole con el dedo, como si dijeran: 10424"Aquél es el valiente que se atrevió a reñir solo con la flor de los bravos de la Andalucía". 10425En dar vueltas a la ciudad, para dejarse ver, se pasó lo que quedaba del día, y la noche nos halló en Triana, 10426en una calle junto al Molino de la Pólvora; y, 10427habiendo mi amo avizorado (como en la jácara se dice) si alguien le veía, se entró en una casa, y yo tras él, 10428y hallamos en un patio a todos los jayanes de la pendencia, sin capas ni espadas, y todos desabrochados; y uno, 10429que debía de ser el huésped, tenía un gran jarro de vino en la una mano y en la otra una copa grande de taberna, 10430la cual, colmándola de vino generoso y espumante, brindaba a toda la compañía. Apenas hubieron visto a mi amo, 10431cuando todos se fueron a él con los brazos abiertos, y todos le brindaron, y él hizo la razón a todos, 10432y aun la hiciera a otros tantos si le fuera algo en ello, 10433por ser de condición afable y amigo de no enfadar a nadie por pocas cosas.» 10434Quererte yo contar ahora lo que allí se trató, la cena que cenaron, las peleas que se contaron, 10435los hurtos que se refirieron, las damas que de su trato se calificaron y las que se reprobaron, 10436las alabanzas que los unos a los otros se dieron, los bravos ausentes que se nombraron, 10437la destreza que allí se puso en su punto, 10438levantándose en mitad de la cena a poner en prática las tretas que se les ofrecían, esgrimiendo con las manos, 10439los vocablos tan exquisitos de que usaban; y, finalmente, el talle de la persona del huésped, 10440a quien todos respetaban como a señor y padre, 10441sería meterme en un laberinto donde no me fuese posible salir cuando quisiese. 10442»Finalmente, vine a entender con toda certeza que el dueño de la casa, a quien llamaban Monipodio, 10443era encubridor de ladrones y pala de rufianes, 10444y que la gran pendencia de mi amo había sido primero concertada con ellos, 10445con las circunstancias del retirarse y de dejar las vainas, las cuales pagó mi amo allí, luego, de contado, 10446con todo cuanto Monipodio dijo que había costado la cena, que se concluyó casi al amanecer, con mucho gusto de todos. 10447Y fue su postre dar soplo a mi amo de un rufián forastero que, nuevo y flamante, había llegado a la ciudad; 10448debía de ser más valiente que ellos, y de envidia le soplaron. Prendióle mi amo la siguiente noche, desnudo en la cama: 10449que si vestido estuviera, yo vi en su talle que no se dejara prender tan a mansalva.
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