Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
10125Lleguéme al mayor de mis amos, y, a mi parecer, con mucha crianza se le puse en las manos, 10126y quedéme sentado en cuclillas a la puerta del aula, mirando de hito en hito al maestro que en la cátedra leía. 10127No sé qué tiene la virtud, que, con alcanzárseme a mí tan poco o nada della, luego recibí gusto de ver el amor, 10128el término, la solicitud y la industria con que aquellos benditos padres y maestros enseñaban a aquellos niños, 10129enderezando las tiernas varas de su juventud, porque no torciesen ni tomasen mal siniestro en el camino de la virtud, 10130que juntamente con las letras les mostraban. Consideraba cómo los reñían con suavidad, los castigaban con misericordia, 10131los animaban con ejemplos, los incitaban con premios y los sobrellevaban con cordura; y, finalmente, 10132cómo les pintaban la fealdad y horror de los vicios y les dibujaban la hermosura de las virtudes, para que, 10133aborrecidos ellos y amadas ellas, consiguiesen el fin para que fueron criados.» 10134CIPIÓN.-Muy bien dices, Berganza; 10135porque yo he oído decir desa bendita gente que para repúblicos del mundo no los hay tan prudentes en todo él, 10136y para guiadores y adalides del camino del cielo, pocos les llegan. Son espejos donde se mira la honestidad, 10137la católica dotrina, la singular prudencia, y, finalmente, la humildad profunda, 10138basa sobre quien se levanta todo el edificio de la bienaventuranza. 10139BERGANZA.-Todo es así como lo dices. 10140«Y, siguiendo mi historia, digo que mis amos gustaron de que les llevase siempre el vademécum, 10141lo que hice de muy buena voluntad; con lo cual tenía una vida de rey, y aun mejor, porque era descansada, 10142a causa que los estudiantes dieron en burlarse conmigo, y domestiquéme con ellos de tal manera, 10143que me metían la mano en la boca y los más chiquillos subían sobre mí. Arrojaban los bonetes o sombreros, 10144y yo se los volvía a la mano limpiamente y con muestras de grande regocijo. 10145Dieron en darme de comer cuanto ellos podían, y gustaban de ver que, cuando me daban nueces o avellanas, 10146las partía como mona, dejando las cáscaras y comiendo lo tierno. Tal hubo que, por hacer prueba de mi habilidad, 10147me trujo en un pañuelo gran cantidad de ensalada, la cual comí como si fuera persona. Era tiempo de invierno, 10148cuando campean en Sevilla los molletes y mantequillas, de quien era tan bien servido, 10149que más de dos Antonios se empeñaron o vendieron para que yo almorzase. Finalmente, 10150yo pasaba una vida de estudiante sin hambre y sin sarna, que es lo más que se puede encarecer para decir que era buena; 10151porque si la sarna y la hambre no fuesen tan unas con los estudiantes, 10152en las vidas no habría otra de más gusto y pasatiempo, porque corren parejas en ella la virtud y el gusto, 10153y se pasa la mocedad aprendiendo y holgándose. 10154»Desta gloria y desta quietud me vino a quitar una señora que, a mi parecer, llaman por ahí razón de estado; que, 10155cuando con ella se cumple, se ha de descumplir con otras razones muchas. 10156Es el caso que aquellos señores maestros les pareció que la media 10157hora que hay de lición a lición la ocupaban los estudiantes, no en repasar las liciones, sino en holgarse conmigo; 10158y así, ordenaron a mis amos que no me llevasen más al estudio. Obedecieron, 10159volviéronme a casa y a la antigua guarda de la puerta, y, 10160sin acordarse señor el viejo de la merced que me había hecho de que de día y de noche anduviese suelto, 10161volví a entregar el cuello a la cadena y el cuerpo a una esterilla que detrás de la puerta me pusieron.»
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