(c) 2014-16 Diego Buendía
Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
α Día 2017-03-20 ω


10081«Este mercader, pues, tenía dos hijos, el uno de doce y el otro de hasta catorce años, 10082los cuales estudiaban gramática en el estudio de la Compañía de Jesús; iban con autoridad, con ayo y con pajes, 10083que les llevaban los libros y aquel que llaman vademécum. El verlos ir con tanto aparato, en sillas si hacía sol,

10084en coche si llovía, 10085me hizo considerar y reparar en la mucha llaneza con que su padre iba a la Lonja a negociar sus negocios, 10086porque no llevaba otro criado que un negro, y algunas veces se desmandaba a ir en un machuelo aun no bien aderezado

10087CIPIÓN.-Has de saber, Berganza, que es costumbre y condición de los mercaderes de Sevilla, y aun de las otras ciudades, 10088mostrar su autoridad y riqueza, no en sus personas, sino en las de sus hijos; 10089porque los mercaderes son mayores en su sombra que en mismos. Y, 10090como ellos por maravilla atienden a otra cosa que a sus tratos y contratos, trátanse modestamente; y,

10091como la ambición y la riqueza muere por manifestarse, revienta por sus hijos, 10092y así los tratan y autorizan como si fuesen hijos de algún príncipe; y algunos hay que les procuran títulos, 10093y ponerles en el pecho la marca que tanto distingue la gente principal de la plebeya.

10094BERGANZA.-Ambición es, pero ambición generosa, la de aquel que pretende mejorar su estado sin perjuicio de tercero. 10095CIPIÓN.-Pocas o ninguna vez se cumple con la ambición que no sea con daño de tercero. 10096BERGANZA.-Ya hemos dicho que no hemos de murmurar.
CIPIÓN.-, que yo no murmuro de nadie.


10097BERGANZA.-Ahora acabo de confirmar por verdad lo que muchas veces he oído decir. 10098Acaba un maldiciente murmurador de echar a perder diez linajes y de caluniar veinte buenos, 10099y si alguno le reprehende por lo que ha dicho, responde que él no ha dicho nada, y que si ha dicho algo, 10100no lo ha dicho por tanto, y que si pensara que alguno se había de agraviar, no lo dijera. A la fe, Cipión,

10101mucho ha de saber, y muy sobre los estribos ha de andar el que quisiere sustentar dos 10102horas de conversación sin tocar los límites de la murmuración; porque yo veo en que, con ser un animal, como soy, 10103a cuatro razones que digo, me acuden palabras a la lengua como mosquitos al vino, y todas maliciosas y murmurantes; 10104por lo cual vuelvo a decir lo que otra vez he dicho:

10105que el hacer y decir mal lo heredamos de nuestros primeros padres y lo mamamos en la leche. Vese claro en que, 10106apenas ha sacado el niño el brazo de las fajas, cuando levanta la mano con muestras de querer vengarse de quien, 10107a su parecer, le ofende; y casi la primera palabra articulada que habla es llamar puta a su ama o a su madre.

10108CIPIÓN.-Así es verdad, y yo confieso mi yerro y quiero que me le perdones, pues te he perdonado tantos. 10109Echemos pelillos a la mar, como dicen los muchachos, y no murmuremos de aquí adelante; y sigue tu cuento, 10110que le dejaste en la autoridad con que los hijos del mercader tu amo iban al estudio de la Compañía de Jesús.

10111BERGANZA.-A Él me encomiendo en todo acontecimiento; y, aunque el dejar de murmurar lo tengo por dificultoso, 10112pienso usar de un remedio que decir que usaba un gran jurador, el cual, arrepentido de su mala costumbre, 10113cada vez que después de su arrepentimiento juraba, se daba un pellizco en el brazo, o besaba la tierra,

10114en pena de su culpa; pero, con todo esto, juraba. Así yo, 10115cada vez que fuere contra el precepto que me has dado de que no murmure y contra la intención que tengo de no murmurar, 10116me morderé el pico de la lengua de modo que me duela y me acuerde de mi culpa para no volver a ella.

10117CIPIÓN.-Tal es ese remedio, que si usas dél espero que te has de morder tantas veces que has de quedar sin lengua, 10118y así, quedarás imposibilitado de murmurar. 10119BERGANZA.-A lo menos, yo haré de mi parte mis diligencias, y supla las faltas el cielo.

10120«Y así, digo que los hijos de mi amo se dejaron un día un cartapacio en el patio, donde yo a la sazón estaba; y, 10121como estaba enseñado a llevar la esportilla del jifero mi amo, así del vademécum y fuime tras ellos, 10122con intención de no soltalle hasta el estudio. Sucedióme todo como lo deseaba: que mis amos,

10123que me vieron venir con el vademécum en la boca, asido sotilmente de las cintas, mandaron a un paje me le quitase; 10124mas yo no lo consentí ni le solté hasta que entré en el aula con él, cosa que causó risa a todos los estudiantes.