(c) 2014-16 Diego Buendía
Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
α Día 2017-03-16 ω


9902BERGANZA.-«Así lo hice yo; y así, me volví a mi amo sin la porción y con el chapín. Parecióle que volví presto, 9903vio el chapín, imaginó la burla, sacó uno de cachas y tiróme una puñalada que, a no desviarme, 9904nunca oyeras ahora este cuento, ni aun otros muchos que pienso contarte. Puse pies en polvorosa, y,

9905tomando el camino en las manos y en los pies, por detrás de San Bernardo, 9906me fui por aquellos campos de Dios adonde la fortuna quisiese llevarme.

9907»Aquella noche dormí al cielo abierto, y otro día me deparó la suerte un hato o rebaño de ovejas y carneros. 9908Así como le vi, creí que había hallado en él el centro de mi reposo, 9909pareciéndome ser propio y natural oficio de los perros guardar ganado, que es obra donde se encierra una virtud grande, 9910como es amparar y defender de los poderosos y soberbios los humildes y los que poco pueden.

9911Apenas me hubo visto uno de tres pastores que el ganado guardaban, cuando diciendoTo, to!" me llamó; y yo, 9912que otra cosa no deseaba, me llegué a él bajando la cabeza y meneando la cola. Trújome la mano por el lomo, 9913abrióme la boca, escupióme en ella, miróme las presas, conoció mi edad, 9914y dijo a otros pastores que yo tenía todas las señales de ser perro de casta.

9915Llegó a este instante el señor del ganado sobre una yegua rucia a la jineta, con lanza y adarga: 9916que más parecía atajador de la costa que señor de ganado. Preguntó el pastor: "¿Qué perro es éste, 9917que tiene señales de ser bueno?" "Bien lo puede vuesa merced creer -respondió el pastor-,

9918que yo le he cotejado bien y no hay señal en él que no muestre y prometa que ha de ser un gran perro. 9919Agora se llegó aquí y no cúyo sea, aunque que no es de los rebaños de la redonda". 9920"Pues así es -respondió el señor-, ponle luego el collar de Leoncillo, el perro que se murió,

9921y denle la ración que a los demás, y acaríciale, porque tome cariño al hato y se quede en él". En diciendo esto, 9922se fue; y el pastor me puso luego al cuello unas carlancas llenas de puntas de acero, 9923habiéndome dado primero en un dornajo gran cantidad de sopas en leche. Y, asimismo, me puso nombre, y me llamó Barcino.

9924»Vime harto y contento con el segundo amo y con el nuevo oficio; mostréme solícito y diligente en la guarda del rebaño, 9925sin apartarme dél sino las siestas, que me iba a pasarlas o ya a la sombra de algún árbol, o de algún ribazo o peña, 9926o a la de alguna mata, a la margen de algún arroyo de los muchos que por allí corrían.

9927Y estas horas de mi sosiego no las pasaba ociosas, porque en ellas ocupaba la memoria en acordarme de muchas cosas, 9928especialmente en la vida que había tenido en el Matadero, y en la que tenía mi amo y todos los como él, 9929que están sujetos a cumplir los gustos impertinentes de sus amigas

9930¡Oh, qué de cosas te pudiera decir ahora de las que aprendí en la escuela de aquella jifera dama de mi amo! 9931Pero habrélas de callar, porque no me tengas por largo y por murmurador.

9932CIPIÓN.-Por haber oído decir que dijo un gran poeta de los antiguos que era difícil cosa el no escribir sátiras, 9933consentiré que murmures un poco de luz y no de sangre; 9934quiero decir que señales y no hieras ni des mate a ninguno en cosa señalada: que no es buena la murmuración, 9935aunque haga reír a muchos, si mata a uno; y si puedes agradar sin ella, te tendré por muy discreto.

9936BERGANZA.-Yo tomaré tu consejo, y esperaré con gran deseo que llegue el tiempo en que me cuentes tus sucesos; 9937que de quien tan bien sabe conocer y enmendar los defetos que tengo en contar los míos, 9938bien se puede esperar que contará los suyos de manera que enseñen y deleiten a un mismo punto.

9939«Pero, anudando el roto hilo de mi cuento, digo que en aquel silencio y soledad de mis siestas, entre otras cosas, 9940consideraba que no debía de ser verdad lo que había oído contar de la vida de los pastores; a lo menos, 9941de aquellos que la dama de mi amo leía en unos libros cuando yo iba a su casa, 9942que todos trataban de pastores y pastoras, diciendo que se les pasaba toda la vida cantando y tañendo con gaitas,

9943zampoñas, rabeles y chirumbelas, y con otros instrumentos extraordinarios. Deteníame a oírla leer, 9944y leía cómo el pastor de Anfriso cantaba estremada y divinamente, alabando a la sin par Belisarda, 9945sin haber en todos los montes de Arcadia árbol en cuyo tronco no se hubiese sentado a cantar, 9946desde que salía el sol en los brazos de la Aurora hasta que se ponía en los de Tetis;