Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
9862No hay res alguna que se mate de quien no lleve esta gente diezmos y primicias de lo más sabroso y bien parado. Y, 9863como en Sevilla no hay obligado de la carne, cada uno puede traer la que quisiere; y la que primero se mata, 9864o es la mejor, o la de más baja postura, y con este concierto hay siempre mucha abundancia. 9865Los dueños se encomiendan a esta buena gente que he dicho, no para que no les hurten (que esto es imposible), 9866sino para que se moderen en las tajadas y socaliñas que hacen en las reses muertas, 9867que las escamondan y podan como si fuesen sauces o parras. 9868Pero ninguna cosa me admiraba más ni me parecía peor que el ver que estos 9869jiferos con la misma facilidad matan a un hombre que a una vaca; por quítame allá esa paja, 9870a dos por tres meten un cuchillo de cachas amarillas por la barriga de una persona, como si acocotasen un toro. 9871Por maravilla se pasa día sin pendencias y sin heridas, y a veces sin muertes; todos se pican de valientes, 9872y aun tienen sus puntas de rufianes; no hay ninguno que no tenga su ángel de guarda en la plaza de San Francisco, 9873granjeado con lomos y lenguas de vaca. Finalmente, 9874oí decir a un hombre discreto que tres cosas tenía el Rey por ganar en Sevilla: la calle de la Caza, 9875la Costanilla y el Matadero. 9876CIPIÓN.-Si en contar las condiciones de los amos que has tenido y las faltas de sus oficios te has de estar, 9877amigo Berganza, tanto como esta vez, menester será pedir al cielo nos conceda la habla siquiera por un año, 9878y aun temo que, al paso que llevas, no llegarás a la mitad de tu historia. Y quiérote advertir de una cosa, 9879de la cual verás la experiencia cuando te cuente los sucesos de mi vida; 9880y es que los cuentos unos encierran y tienen la gracia en ellos mismos, 9881otros en el modo de contarlos (quiero decir que algunos hay que, 9882aunque se cuenten sin preámbulos y ornamentos de palabras, dan contento); 9883otros hay que es menester vestirlos de palabras, y con demostraciones del rostro y de las manos, y con mudar la voz, 9884se hacen algo de nonada, y de flojos y desmayados se vuelven agudos y gustosos; y no se te olvide este advertimiento, 9885para aprovecharte dél en lo que te queda por decir. 9886BERGANZA.-Yo lo haré así, si pudiere y si me da lugar la grande tentación que tengo de hablar; 9887aunque me parece que con grandísima dificultad me podré ir a la mano. 9888CIPIÓN.-Vete a la lengua, que en ella consisten los mayores daños de la humana vida. 9889BERGANZA.-«Digo, pues, 9890que mi amo me enseñó a llevar una espuerta en la boca y a defenderla de quien quitármela quisiese. 9891Enseñóme también la casa de su amiga, y con esto se escusó la venida de su criada al Matadero, 9892porque yo le llevaba las madrugadas lo que él había hurtado las noches. Y un día que, entre dos luces, 9893iba yo diligente a llevarle la porción, oí que me llamaban por mi nombre desde una ventana; 9894alcé los ojos y vi una moza hermosa en estremo; detúveme un poco, y ella bajó a la puerta de la calle, 9895y me tornó a llamar. Lleguéme a ella, como si fuera a ver lo que me quería, 9896que no fue otra cosa que quitarme lo que llevaba en la cesta y ponerme en su lugar un chapín viejo. 9897Entonces dije entre mí: "La carne se ha ido a la carne". Díjome la moza, en habiéndome quitado la carne: 9898"Andad [G]avilán, o como os llamáis, y decid a Nicolás el Romo, vuestro amo, que no se fíe de animales, 9899y que del lobo un pelo, y ése de la espuerta". Bien pudiera yo volver a quitar lo que me quitó, pero no quise, 9900por no poner mi boca jifera y sucia en aquellas manos limpias y blancas.» 9901CIPIÓN.-Hiciste muy bien, por ser prerrogativa de la hermosura que siempre se le tenga respecto.
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