Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
9697-Yo no me quejo -respondió el alférez-, sino lastímome: 9698que el culpado no por conocer su culpa deja de sentir la pena del castigo. Bien veo que quise engañar y fui engañado, 9699porque me hirieron por mis propios filos; pero no puedo tener tan a raya el sentimiento que no me queje de mí mismo. 9700«Finalmente, 9701por venir a lo que hace más al caso a mi historia (que este nombre se le puede dar al cuento de mis sucesos), 9702digo que supe que se había llevado a doña Estefanía el primo que dije que se halló a nuestros desposorios, 9703el cual de luengos tiempos atrás era su amigo a todo ruedo. No quise buscarla, por no hallar el mal que me faltaba. 9704Mudé posada y mudé el pelo dentro de pocos días, porque comenzaron a pelárseme las cejas y las pestañas, 9705y poco a poco me dejaron los cabellos, y antes de edad me hice calvo, dándome una enfermedad que llaman lupicia, 9706y por otro nombre más claro, la pelarela. Halléme verdaderamente hecho pelón, 9707porque ni tenía barbas que peinar ni dineros que gastar. Fue la enfermedad caminando al paso de mi necesidad, y, 9708como la pobreza atropella a la honra, y a unos lleva a la horca y a otros al hospital, 9709y a otros les hace entrar por las puertas de sus enemigos con ruegos y sumisiones 9710(que es una de las mayores miserias que puede suceder a un desdichado), 9711por no gastar en curarme los vestidos que me habían de cubrir y honrar en salud, 9712llegado el tiempo en que se dan los sudores en el Hospital de la Resurrección, me entré en él, 9713donde he tomado cuarenta sudores. Dicen que quedaré sano si me guardo: espada tengo, lo demás Dios lo remedie.» 9714Ofreciósele de nuevo el licenciado, admirándose de las cosas que le había contado. 9715-Pues de poco se maravilla vuesa merced, señor Peralta -dijo el alférez-; 9716que otros sucesos me quedan por decir que exceden a toda imaginación, 9717pues van fuera de todos los términos de naturaleza: no quiera vuesa merced saber más, 9718sino que son de suerte que doy por bien empleadas todas mis desgracias, 9719por haber sido parte de haberme puesto en el hospital, donde vi lo que ahora diré, 9720que es lo que ahora ni nunca vuesa merced podrá creer, ni habrá persona en el mundo que lo crea. 9721Todos estos preámbulos y encarecimientos que el alférez hacía, antes de contar lo que había visto, 9722encendían el deseo de Peralta de manera que, con no menores encarecimientos, 9723le pidió que luego luego le dijese las maravillas que le quedaban por decir. 9724-Ya vuesa merced habrá visto -dijo el alférez- dos perros que con 9725dos lanternas andan de noche con los hermanos de la Capacha, alumbrándoles cuando piden limosna.
9726-Sí he visto -respondió Peralta. 9727-También habrá visto o oído vuesa merced -dijo el alférez- lo que dellos se cuenta: 9728que si acaso echan limosna de las ventanas y se cae en el suelo, 9729ellos acuden luego a alumbrar y a buscar lo que se cae, 9730y se paran delante de las ventanas donde saben que tienen costumbre de darles limosna; y, 9731con ir allí con tanta mansedumbre que más parecen corderos que perros, en el hospital son unos leones, 9732guardando la casa con grande cuidado y vigilancia. 9733-Yo he oído decir -dijo Peralta- que todo es así, pero eso no me puede ni debe causar maravilla. 9734-Pues lo que ahora diré dellos es razón que la cause, y que, sin hacerse cruces, ni alegar imposibles ni dificultades, 9735vuesa merced se acomode a creerlo; y es que yo oí y casi vi con mis ojos a estos dos perros, 9736que el uno se llama Cipión y el otro Berganza, estar una noche, que fue la penúltima que acabé de sudar, 9737echados detrás de mi cama en unas esteras viejas; y, a la mitad de aquella noche, estando a escuras y desvelado,
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