Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
9738pensando en mis pasados sucesos y presentes desgracias, oí hablar allí junto, y estuve con atento oído escuchando, 9739por ver si podía venir en conocimiento de los que hablaban y de lo que hablaban; y a poco rato vine a conocer, 9740por lo que hablaban, los que hablaban, y eran los dos perros, Cipión y Berganza. 9741Apenas acabó de decir esto Campuzano, cuando, levantándose el licenciado, dijo: 9742-Vuesa merced quede mucho en buen hora, señor Campuzano, 9743que hasta aquí estaba en duda si creería o no lo que de su casamiento me había contado; 9744y esto que ahora me cuenta de que oyó hablar los perros me ha hecho declarar por la parte de no creelle ninguna cosa. 9745Por amor de Dios, señor alférez, que no cuente estos disparates a persona alguna, 9746si ya no fuere a quien sea tan su amigo como yo. 9747-No me tenga vu[e]sa merced por tan ignorante -replicó Campuzano- que no entienda que, si no es por milagro, 9748no pueden hablar los animales; que bien sé que si los tordos, picazas y papagayos hablan, 9749no son sino las palabras que aprenden y toman de memoria, 9750y por tener la lengua estos animales cómoda para poder pronunciarlas; 9751mas no por esto pueden hablar y responder con discurso concertado, como estos perros hablaron; y así, muchas veces, 9752después que los oí, yo mismo no he querido dar crédito a mí mismo, 9753y he querido tener por cosa soñada lo que realmente estando despierto, con todos mis cinco sentidos, 9754tales cuales nuestro Señor fue servido dármelos, oí, escuché, noté y, finalmente, escribí, sin faltar palabra, 9755por su concierto; de donde se puede tomar indicio bastante que mueva y persuada a creer esta verdad que digo. 9756Las cosas de que trataron fueron grandes y diferentes, 9757y más para ser tratadas por varones sabios que para ser dichas por bocas de perros. Así que, 9758pues yo no las pude inventar de mío, a mi pesar y contra mi opinión, 9759vengo a creer que no soñaba y que los perros hablaban. 9760-¡Cuerpo de mí! -replicó el licenciado-. ¡Si se nos ha vuelto el tiempo de Maricastaña, cuando hablaban las calabazas, 9761o el de Isopo, cuando departía el gallo con la zorra y unos animales con otros! 9762-Uno dellos sería yo, y el mayor -replicó el alférez-, si creyese que ese tiempo ha vuelto; 9763y aun también lo sería si dejase de creer lo que oí y lo que vi, 9764y lo que me atreveré a jurar con juramento que oblige y aun fuerce, a que lo crea la misma incredulidad. Pero, 9765puesto caso que me haya engañado, y que mi verdad sea sueño, y el porfiarla disparate, ¿no se holgará vuesa merced, 9766señor Peralta, de ver escritas en un coloquio las cosas que estos perros, o sean quien fueren, hablaron? 9767-Como vuesa merced -replicó el licenciado- no se canse más en persuadirme que oyó hablar a los perros, 9768de muy buena gana oiré ese coloquio, que por ser escrito y notado del buen ingenio del señor alférez, 9769ya le juzgo por bueno. 9770-Pues hay en esto otra cosa -dijo el alférez-: que, como yo estaba tan atento y tenía delicado el juicio, delicada, 9771sotil y desocupada la memoria (merced a las muchas pasas y almendras que había comido), todo lo tomé de coro; y, 9772casi por las mismas palabras que había oído, lo escribí otro día, sin buscar colores retóricas para adornarlo, 9773ni qué añadir ni quitar para hacerle gustoso. No fue una noche sola la plática, que fueron dos consecutivamente, 9774aunque yo no tengo escrita más de una, que es la vida de Berganza; 9775y la del compañero Cipión pienso escribir (que fue la que se contó la noche segunda) cuando viere, o que ésta se crea, 9776o, a lo menos, no se desprecie. El coloquio traigo en el seno; púselo en forma de coloquio por ahorrar de dijo Cipión, 9777respondió Berganza, que suele alargar la escritura.
▼