Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
9617y que la burla era darle a entender que aquella casa y cuanto estaba en ella era todo suyo, 9618de lo cual pensaba hacerle carta de dote; y que hecho el casamiento se le daba poco que se descubriese el engaño, 9619fiada en el grande amor que el don Lope la tenía. "Y luego se me volverá lo que es mío, y no se le tendrá a mal a ella, 9620ni a otra mujer alguna, de que procure buscar marido honrado, aunque sea por medio de cualquier enbuste". 9621»Yo le respondí que era grande estremo de amistad el que quería hacer, y que primero se mirase bien en ello, 9622porque después podría ser tener necesidad de valerse de la justicia para cobrar su hacienda. 9623Pero ella me respondió con tantas razones, representando tantas obligaciones que la obligaban a servir a doña Clementa, 9624aun en cosas de más importancia, que, mal de mi grado y con remordimiento de mi juicio, 9625hube de condecender con el gusto de doña Estefanía, asegurándome ella que solos ocho días podía durar el embuste, 9626los cuales estaríamos en casa de otra amiga suya. Acabámonos de vestir ella y yo, y luego, 9627entrándose a despedir de la señora doña Clementa Bueso y del señor don Lope Meléndez de Almendárez, 9628hizo a mi criado que se cargase el baúl y que la siguiese, a quien yo también seguí, sin despedirme de nadie. 9629»Paró doña Estefanía en casa de una amiga suya, y, antes que entrásemos dentro, 9630estuvo un buen espacio hablando con ella, al cabo del cual salió una moza y dijo que entrásemos yo y mi criado. 9631Llevónos a un aposento estrecho, en el cual había dos camas tan juntas que parecían una, 9632a causa que no había espacio que las dividiese, y las sábanas de entrambas se besaban. En efeto, 9633allí estuvimos seis días, y en todos ellos no se pasó hora que no tuviésemos pendencia, 9634diciéndole la necedad que había hecho en haber dejado su casa y su hacienda, aunque fuera a su misma madre. 9635»En esto, iba yo y venía por momentos; tanto, que la huéspeda de casa, 9636un día que doña Estefanía dijo que iba a ver en qué término estaba su negocio, 9637quiso saber de mí qué era la causa que me movía a reñir tanto con ella, y qué cosa había hecho que tanto se la afeaba, 9638diciéndole que había sido necedad notoria más que amistad perfeta. Contéle todo el cuento, 9639y cuando llegué a decir que me había casado con doña Estefanía, 9640y la dote que trujo y la simplicidad que había hecho en dejar su casa y hacienda a doña Clementa, 9641aunque fuese con tan sana intención como era alcanzar tan principal marido como don Lope, 9642se comenzó a santiguar y a hacerse cruces con tanta priesa, y con tanto "¡Jesús, Jesús, de la mala hembra!", 9643que me puso en gran turbación; y al fin me dijo: "Señor alférez, 9644no sé si voy contra mi conciencia en descubriros lo que me parece que también la cargaría si lo callase; pero, 9645a Dios y a ventura, sea lo que fuere, ¡viva la verdad y muera la mentira! 9646La verdad es que doña Clementa Bueso es la verdadera señora de la casa y de la hacienda de que os hicieron la dote; 9647la mentira es todo cuanto os ha dicho doña Estefanía: que ni ella tiene casa, ni hacienda, 9648ni otro vestido del que trae puesto. Y el haber tenido lugar y espacio para hacer este embuste fue que doña 9649Clementa fue a visitar unos parientes suyos a la ciudad de Plasencia, 9650y de allí fue a tener novenas en Nuestra Señora de Guadalupe, y en este entretanto dejó en su casa a doña Estefanía, 9651que mirase por ella, porque, en efeto, son grandes amigas; aunque, bien mirado, no hay que culpar a la pobre señora, 9652pues ha sabido granjear a una tal persona como la del señor alférez por marido". 9653»Aquí dio fin a su plática y yo di principio a desesperarme, 9654y sin duda lo hiciera si tantico se descuidara el ángel de mi guarda en socorrerme, 9655acudiendo a decirme en el corazón que mirase que era cristiano y 9656que el mayor pecado de los hombres era el de la desesperación, por ser pecado de demonios. 9657Esta consideración o buena inspiración me conhortó algo; 9658pero no tanto que dejase de tomar mi capa y espada y salir a buscar a doña Estefanía, 9659con prosupuesto de hacer en ella un ejemplar castigo; pero la suerte, 9660que no sabré decir si mis cosas empeoraba o mejoraba, 9661ordenó que en ninguna parte donde pensé hallar a doña Estefanía la hallase. Fuime a San Llorente, 9662encomendéme a Nuestra Señora, sentéme sobre un escaño, y con la pesadumbre me tomó un sueño tan pesado, 9663que no despertara tan presto si no me despertaran.
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