Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
9518a fuer de soldado, y tan gallardo, a los ojos de mi locura, que me daba a entender que las podía matar en el aire. 9519Con todo esto, le rogué que se descubriese, a lo que ella me respondió: "No seáis importuno: casa tengo, 9520haced a un paje que me siga; que, aunque yo soy más honrada de lo que promete esta respuesta, todavía, 9521a trueco de ver si responde vuestra discreción a vuestra gallardía, holgaré de que me veáis". 9522Beséle las manos por la grande merced que me hacía, en pago de la cual le prometí montes de oro. 9523Acabó el capitán su plática; ellas se fueron, siguiólas un criado mío. 9524Díjome el capitán que lo que la dama le quería era que le llevase unas cartas a Flandes a otro capitán, 9525que decía ser su primo, aunque él sabía que no era sino su galán. 9526»Yo quedé abrasado con las manos de nieve que había visto, y muerto por el rostro que deseaba ver; y así, otro día, 9527guiándome mi criado, dióseme libre entrada. Hallé una casa muy bien aderezada y una mujer de hasta treinta años, 9528a quien conocí por las manos. No era hermosa en estremo, pero éralo de suerte que podía enamorar comunicada, 9529porque tenía un tono de habla tan suave que se entraba por los oídos en el alma. 9530Pasé con ella luengos y amorosos coloquios, blasoné, hendí, rajé, ofrecí, 9531prometí y hice todas las demonstraciones que me pareció ser necesarias para hacerme bienquisto con ella. Pero, 9532como ella estaba hecha a oír semejantes o mayores ofrecimientos y razones, 9533parecía que les daba atento oído antes que crédito alguno. Finalmente, 9534nuestra plática se pasó en flores cuatro días que continué en visitalla, sin que llegase a coger el fruto que deseaba. 9535»En el tiempo que la visité, siempre hallé la casa desembarazada, 9536sin que viese visiones en ella de parientes fingidos ni de amigos verdaderos; servíala una moza más taimada que simple. 9537Finalmente, tratando mis amores como soldado que está en víspera de mudar, 9538apuré a mi señora doña Estefanía de Caicedo (que éste es el nombre de la que así me tiene) y respondíome: 9539"Señor alférez Campuzano, simplicidad sería si yo quisiese venderme a vuesa merced por santa: pecadora he sido, 9540y aun ahora lo soy, pero no de manera que los vecinos me murmuren ni los apartados me noten. 9541Ni de mis padres ni de otro pariente heredé hacienda alguna, y con todo esto vale el menaje de mi casa, bien validos, 9542dos mil y quinientos escudos; y éstos en cosas que, puestas en almoneda, 9543lo que se tardare en ponellas se tardará en convertirse en dineros. 9544Con esta hacienda busco marido a quien entregarme y a quien tener obediencia; a quien, 9545juntamente con la enmienda de mi vida, le entregaré una increíble solicitud de regalarle y servirle; 9546porque no tiene príncipe cocinero más goloso ni que mejor sepa dar el punto a los guisados que le sé dar yo, cuando, 9547mostrando ser casera, me quiero poner a ello. Sé ser mayordomo en casa, moza en la cocina y señora en la sala; 9548en efeto, sé mandar y sé hacer que me obedezcan. No desperdicio nada y allego mucho; mi real no vale menos, 9549sino mucho más cuando se gasta por mi orden. La ropa blanca que tengo, que es mucha y muy buena, 9550no se sacó de tiendas ni lenceros; estos pulgares y los de mis criadas la hilaron; y si pudiera tejerse en casa, 9551se tejiera. Digo estas alabanzas mías porque no acarrean vituperio cuando es forzosa la necesidad de decirlas. 9552Finalmente, quiero decir que yo busco marido que me ampare, me mande y me honre, y no galán que me sirva y me vitupere. 9553Si vuesa merced gustare de aceptar la prenda que se le ofrece, aquí estoy mo[l]iente y corriente, 9554sujeta a todo aquello que vuesa merced ordenare, sin andar en venta, que es lo mismo andar en lenguas de casamenteros, 9555y no hay ninguno tan bueno para concertar el todo como las mismas partes". 9556»Yo, que tenía entonces el juicio, no en la cabeza, sino en los carcañares, 9557haciéndoseme el deleite en aquel punto mayor de lo que en la imaginación le pintaba, 9558y ofreciéndoseme tan a la vista la cantidad de hacienda, que ya la contemplaba en dineros convertida, 9559sin hacer otros discursos de aquellos a que daba lugar el gusto, que me tenía echados grillos al entendimiento, 9560le dije que yo era el venturoso y bien afortunado en haberme dado el cielo, casi por milagro, tal compañera, 9561para hacerla señora de mi voluntad y de mi hacienda, que no era tan poca que no valiese, 9562con aquella cadena que traía al cuello y con otras joyuelas que tenía en casa, 9563y con deshacerme de algunas galas de soldado, más de dos mil ducados, que juntos con los dos mil y quinientos suyos, 9564era suficiente cantidad para retirarnos a vivir a una aldea de donde yo era natural y adonde tenía algunas raíces; 9565hacienda tal que, sobrellevada con el dinero, vendiendo los frutos a su tiempo, 9566nos podía dar una vida alegre y descansada.
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