(c) 2014-16 Diego Buendía
Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
α Día 2017-03-05 ω


9477EL CASAMIENTO ENGAÑOSO

9478Salía del Hospital de la Resurrección, que está en Valladolid, fuera de la Puerta del Campo, un soldado que, 9479por servirle su espada de báculo y por la flaqueza de sus piernas y amarillez de su rostro, mostraba bien claro que, 9480aunque no era el tiempo muy caluroso, debía de haber sudado en veinte días todo el humor que quizá granjeó en una hora.

9481Iba haciendo pinitos y dando traspiés, como convaleciente; y, al entrar por la puerta de la ciudad, 9482vio que hacia él venía un su amigo, a quien no había visto en más de seis meses; el cual, 9483santiguándose como si viera alguna mala visión, llegándose a él, le dijo:

9484-¿Qué es esto, señor alférez Campuzano? ¿Es posible que está vuesa merced en esta tierra? 9485¡Como quien soy que le hacía en Flandes, antes terciando allá la pica que arrastrando aquí la espada! ¿Qué color, 9486qué flaqueza es ésa?

9487A lo cual respondió Campuzano:
-A lo si estoy en esta tierra o no, señor licenciado Peralta,
9488el verme en ella le responde; a las demás preguntas no tengo qué decir, 9489sino que salgo de aquel hospital de sudar catorce cargas de bubas que me echó a cuestas una mujer que escogí por mía, 9490que non debiera.

9491-¿Luego casóse vuesa merced? -replicó Peralta.
-, señor -respondió Campuzano.
9492-Sería por amores -dijo Peralta-, y tales casamientos traen consigo aparejada la ejecución del arrepentimiento.

9493-No sabré decir si fue por amores -respondió el alférez-, aunque sabré afirmar que fue por dolores, 9494pues de mi casamiento, o cansamiento, saqué tantos en el cuerpo y en el alma, que los del cuerpo, para entretenerlos, 9495me cuestan cuarenta sudores, y los del alma no hallo remedio para aliviarlos siquiera. Pero,

9496porque no estoy para tener largas pláticas en la calle, vuesa merced me perdone; 9497que otro día con más comodidad le daré cuenta de mis sucesos, 9498que son los más nuevos y peregrinos que vuesa merced habrá oído en todos los días de su vida.

9499-No ha de ser así -dijo el licenciado-, sino que quiero que venga conmigo a mi posada, 9500y allí haremos penitencia juntos; que la olla es muy de enfermo, y, aunque está tasada para dos, 9501un pastel suplirá con mi criado; y si la convalecencia lo sufre, unas lonjas de jamón de Rute nos harán la salva, y, 9502sobre todo, la buena voluntad con que lo ofrezco, no sólo esta vez, sino todas las que vuesa merced quisiere.

9503Agradecióselo Campuzano y aceptó el convite y los ofrecimientos.

9504Fueron a San Llorente, oyeron misa, llevóle Peralta a su casa, diole lo prometido y ofrecióselo de nuevo, y pidióle, 9505en acabando de comer, le contase los sucesos que tanto le había encarecido. No se hizo de rogar Campuzano; antes, 9506comenzó a decir desta manera:

9507Bien se acordará vuesa merced, señor licenciado Peralta, 9508como yo hacía en esta ciudad camarada con el capitán Pedro de Herrera, que ahora está en Flandes
9509-Bien me acuerdo -respondió Peralta.

9510Pues un día -prosiguió Campuzano- que acabábamos de comer en aquella posada de la Solana, donde vivíamos, 9511entraron dos mujeres de gentil parecer con dos criadas: la una se puso a hablar con el capitán en pie, 9512arrimados a una ventana; y la otra se sentó en una silla junto a , derribado el manto hasta la barba, 9513sin dejar ver el rosto más de aquello que concedía la raridad del manto; y,

9514aunque le supliqué que por cortesía me hiciese merced de descubrirse, no fue posible acabarlo con ella, 9515cosa que me encendió más el deseo de verla. Y, para acrecentarle más, o ya fuese de industria [o] acaso, 9516sacó la señora una muy blanca mano con muy buenas sortijas. Estaba yo entonces bizarrísimo, 9517con aquella gran cadena que vuesa merced debió de conocerme, el sombrero con plumas y cintillo, el vestido de colores,