Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
9434Esto dicho, se levantó y entró donde Cornelia estaba riquísimamente adornada, 9435con todas la joyas que el niño tenía y muchas más. Cuando el duque volvió las espaldas, se levantó don Juan, y, 9436puestas ambas manos en los dos brazos de la silla donde estaba sentado Lorenzo, al oído le dijo: 9437-Por Santiago de Galicia, señor Lorenzo, y por la fe de cristiano y de caballero que tengo, 9438que así deje yo salir con su intención al duque como volverme moro. ¡Aquí, aquí y en mis manos ha de dejar la vida, 9439o ha de cumplir la palabra que a la señora Cornelia, vuestra hermana, tiene dada, 9440o a lo menos nos ha de dar tiempo de buscarla, y hasta que de cierto se sepa que es muerta, él no ha de casarse! 9441-Yo estoy dese parecer mismo -respondió Lorenzo. 9442-Pues del mismo estará mi camarada don Antonio -replicó don Juan. 9443En esto, entró por la sala adelante Cornelia, en medio del cura y del duque, que la traía de la mano, 9444detrás de los cuales venían Sulpicia, la doncella de Cornelia, que el duque había enviado por ella a Ferrara, 9445y las dos amas, del niño y la de los caballeros. 9446Cuando Lorenzo vio a su hermana, y la acabó de rafigurar y conocer, que al principio la imposibilidad, a su parecer, 9447de tal suceso no le dejaba enterar en la verdad, tropezando en sus mismos pies, fue a arrojarse a los del duque, 9448que le levantó y le puso en los brazos de su hermana; 9449quiero decir que su hermana le abrazó con las muestras de alegría posibles. 9450Don Juan y don Antonio dijeron al duque que había sido la más discreta y más sabrosa burla del mundo. 9451El duque tomó al niño, que Sulpicia traía, y dándosele a Lorenzo le dijo: 9452-Recebid, señor hermano, a vuestro sobrino y mi hijo, y ved si queréis darme licencia que me case con esta labradora, 9453que es la primera a quien he dado palabra de casamiento. 9454Sería nunca acabar contar lo que respondió Lorenzo, lo que preguntó don Juan, lo que sintió don Antonio, 9455el regocijo del cura, la alegría del Sulpicia, el contento de la consejera, el júbilo del ama, 9456la admiración de Fabio y, finalmente, el general contento de todos. 9457Luego el cura los desposó, siendo su padrino don Juan de Gamboa; 9458y entre todos se dio traza que aquellos desposorios estuviesen secretos, 9459hasta ver en qué paraba la enfermedad que tenía muy al cabo a la duquesa su madre, 9460y que en tanto la señora Cornelia se volviese a Bolonia con su hermano. Todo se hizo así; la duquesa murió, 9461Cornelia entró en Ferrara, alegrando al mundo con su vista, los lutos se volvieron en galas, las amas quedaron ricas, 9462Sulpicia por mujer de Fabio, don Antonio y don Juan contentísimos de haber servido en algo al duque, 9463el cual les ofreció dos primas suyas por mujeres con riquísima dote. 9464Ellos dijeron que los caballeros de la nación vizcaína por la mayor parte se casaban en su patria; 9465y que no por menosprecio, pues no era posible, sino por cumplir su loable costumbre y la voluntad de sus padres, 9466que ya los debían de tener casados, no aceptaban tan ilustre ofrecimiento. 9467El duque admitió su disculpa, y, por modos honestos y honrosos, y buscando ocasiones lícitas, 9468les envió muchos presentes a Bolonia, y algunos tan ricos y enviados a tan buena sazón y coyuntura, que, 9469aunque pudieran no admitirse, por no parecer que recebían paga, el tiempo en que llegaban lo facilitaba todo: 9470especialmente los que les envió al tiempo de su partida para España, 9471y los que les dio cuando fueron a Ferrara a despedirse dél; ya hallaron a Cornelia con otras dos criaturas hembras, 9472y al duque más enamorado que nunca. La duquesa dio la cruz de diamantes a don Juan y el agnus a don Antonio, que, 9473sin ser poderosos a hacer otra cosa, las recibieron. 9474Llegaron a España y a su tierra, adonde se casaron con ricas, principales y hermosas mujeres, 9475y siempre tuvieron correspondencia con el duque y la duquesa y con el señor Lorenzo Bentibolli, 9476con grandís[i]mo gusto de todos.
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