Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
9353Levantóse el cura y fue donde estaba Cornelia, 9354que ya tenía adornado a su hijo y puéstole las ricas joyas de la cruz y del agnus, con otras tres piezas preciosísimas, 9355todas dadas del duque a Cornelia; y, tomando al niño entre sus brazos, salió adonde el duque estaba, y, 9356diciéndole que se levantase y se llegase a la claridad de una ventana, 9357quitó al niño de sus brazos y le puso en los del duque, el cual, 9358cuando miró y reconoció las joyas y vio que eran las mismas que él había dado a Cornelia, quedó atónito; y, 9359mirando ahincadamente al niño, le pareció que miraba su mismo retrato, 9360y lleno de admiración preguntó al cura cúya era aquella criatura, 9361que en su adorno y aderezo parecía hijo de algún príncipe. 9362-No sé -respondió el cura-; sólo sé que habrá no sé cuántas noches que aquí me le trujo un caballero de Bolonia, 9363y me encargó mirase por él y le criase, que era hijo de un valeroso padre y de una principal y hermosísima madre. 9364También vino con el caballero una mujer para dar leche al niño, 9365a quien he yo preguntado si sabe algo de los padres desta criatura, y responde que no sabe palabra; 9366y en verdad que si la madre es tan hermosa como el ama, que debe de ser la más hermosa mujer de Italia. 9367-¿No la veríamos? -preguntó el duque.
9368-Sí, por cierto -respondió el cura-; veníos, señor, conmigo, que si os suspende el adorno y la belleza desa criatura, 9369como creo que os ha suspendido, el mismo efeto entiendo que ha de hacer la vista de su ama. 9370Quísole tomar la criatura el cura al duque, pero él no la quiso dejar, 9371antes la apretó en sus brazos y le dio muchos besos. Adelantóse el cura un poco, 9372y dijo a Cornelia que saliese sin turbación alguna a recebir al duque. Hízolo así Cornelia, 9373y con el sobresalto le salieron tales colores al rostro, que sobre el modo mortal la hermosearon. 9374Pasmóse el duque cuando la vio, y ella, arrojándose a sus pies, se los quiso besar. El duque, sin hablar palabra, 9375dio el niño al cura, y, volviendo las espaldas, se salió con gran priesa del aposento. Lo cual visto por Cornelia, 9376volviéndose al cura, dijo: 9377-¡Ay señor mío! ¿Si se ha espantado el duque de verme? ¿Si me tiene aborrecida? ¿Si le he parecido fea? 9378¿Si se le han olvidado las obligaciones que me tiene? ¿No me hablará siquiera una palabra? 9379¿Tanto le cansaba ya su hijo que así le arrojó de sus brazos? 9380A todo lo cual no respondía palabra el cura, admirado de la huida del duque, que así le pareció, 9381que fuese huida antes que otra cosa; y no fue sino que salió a llamar a Fabio y decirle: 9382-Corre, Fabio amigo, 9383y a toda diligencia vuelve a Bolonia y di que al momento Lorenzo Bentibolli y los dos caballeros españoles, 9384don Juan de Gamboa y don Antonio de Isunza, sin poner escusa alguna, vengan luego a esta aldea. Mira, amigo, 9385que vueles y no te vengas sin ellos, que me importa la vida el verlos. 9386No fue perezoso Fabio, que luego puso en efeto el mandamiento de su señor. 9387El duque volvió luego a donde Cornelia estaba derramando hermosas lágrimas. Cogióla el duque en sus brazos, y, 9388añadiendo lágrimas a lágrimas, mil veces le bebió el aliento de la boca, teniéndoles el contento atadas las lenguas. 9389Y así, en silencio honesto y amoroso, se gozaban los dos felices amantes y esposos verdaderos. 9390El ama del niño y la Cribela, por lo menos como ella decía, 9391que por entre las puertas de otro aposento habían estado mirando lo que entre el duque y Cornelia pasaba, 9392de gozo se daban de calabazadas por las paredes, que no parecía sino que habían perdido el juicio.
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