Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
9312Dijéronle lo que iban a decirle, pero Lorenzo les dijo que el duque iba muy satisfecho de su buen proceder, 9313y que entrambos habían echado la falta de Cornelia a su mucho miedo, y que Dios sería servido de que pareciese, 9314pues no había de haber tragado la tierra al niño y al ama y a ella. 9315Con esto se consolaron todos y no quisieron hacer la inquisición de buscalla por bandos públicos, 9316sino por diligencias secretas, pues de nadie sino de su prima se sabía su falta; 9317y entre los que no sabían la intención del duque correría riesgo el crédito de su hermana si la pregonasen, 9318y ser gran trabajo andar satisfaciendo a cada uno de las sospechas que una vehemente presumpción les infunde. 9319Siguió su viaje el duque, y la buena suerte, que iba disponiendo su ventura, hizo que llegase a la aldea del cura, 9320donde ya estaban Cornelia, el niño y su ama y la consejera; 9321y ellas le habían dado cuenta de su vida y pedídole consejo de lo que harían. 9322Era el cura grande amigo del duque, en cuya casa, acomodada a lo de clérigo rico y curioso, 9323solía el duque venirse desde Ferrara muchas veces, y desde allí salía a caza, porque gustaba mucho, 9324así de la curiosidad del cura como de su donaire, que le tenía en cuanto decía y hacía. 9325No se alborotó por ver al duque en su casa, porque, como se ha dicho, no era la vez primera; 9326pero descontentóle verle venir triste, porque luego echó de ver que con alguna pasión traía ocupado el ánimo. 9327Entreoyó Cornelia que el duque de Ferrara estaba allí y turbóse en estremo, por no saber con qué intención venía; 9328torcíase las manos y andaba de una parte a otra, como persona fuera de sentido. Quisiera hablar Cornelia al cura, 9329pero estaba entreteniendo al duque y no tenía lugar de hablarle. 9330El duque le dijo:
-Yo vengo, padre mío, tristísimo, y no quiero hoy entrar en Ferrara, sino ser vuestro huésped; 9331decid a los que vienen conmigo que pasen a Ferrara y que sólo se quede Fabio. 9332Hízolo así el buen cura, y luego fue a dar orden cómo regalar y servir al duque; 9333y con esta ocasión le pudo hablar Cornelia, la cual, tomándole de las manos, le dijo: 9334-¡Ay, padre y señor mío! Y ¿qué es lo que quiere el duque? Por amor de Dios, señor, 9335que le dé algún toque en mi negocio, y procure descubrir y tomar algún indicio de su intención; en efeto, 9336guíelo como mejor le pareciere y su mucha discreción le aconsejare. 9337A esto le respondió el cura:
-El duque viene triste; hasta agora no me ha dicha la causa. 9338Lo que se ha de hacer es que luego se aderece ese niño muy bien, y ponedle, señora, las joyas todas que tuviéredes, 9339principalmente las que os hubiere dado el duque, y dejadme hacer, 9340que yo espero en el cielo que hemos de tener hoy un buen día. 9341Abrazóle Cornelia y besóle la mano, y retiróse a aderezar y componer el niño. 9342El cura salió a entretener al duque en tanto que se hacía hora de comer, 9343y en el discurso de su plática preguntó el cura al duque si era posible saberse la causa de su melancolía, 9344porque sin duda de una legua se echaba de ver que estaba triste. 9345-Padre -respondió el duque-, claro está que las tristezas del corazón salen al rostro; 9346en los ojos se lee la relación de lo que está en el alma, y lo que peor es, 9347que por ahora no puedo comunicar mi tristeza con nadie. 9348-Pues en verdad, señor -respondió el cura-, que si estuviérades para ver cosas de gusto, que os enseñara yo una, 9349que tengo para mí que os le causara y grande. 9350-Simple sería -respondió el duque- aquél que, ofreciéndole el alivio de su mal, no quisiese recebirle. Por vida mía, 9351padre, que me mostréis eso que decís, que debe de ser alguna de vuestras curiosidades, 9352que para mí son todas de grandísimo gusto.
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