(c) 2014-16 Diego Buendía
Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
α Día 2017-02-26 ω


9196Apenas supo Lorenzo responder a salutación tan amorosa ni a tan cortés recibimiento; y, estando así suspenso, 9197antes que hablase palabra, don Juan le dijo:

9198-El duque, señor Lorenzo, confiesa la conversación secreta que ha tenido con vuestra hermana, la señora Cornelia. 9199Confiesa asimismo que es su legítima esposa, y que, como lo dice aquí, lo dirá públicamente cuando se ofreciere. 9200Concede, asimismo, que fue [ha] cuatro noches a sacarla de casa de su prima para 9201traerla a Ferrara y aguardar coyuntura de celebrar sus bodas,

9202que las ha dilatado por justísimas causas que me ha dicho. Dice, asimismo, la pendencia que con vos tuvo, 9203y que cuando fue por Cornelia encontró con Sulpicia, su doncella, que es aquella mujer que allí viene, 9204de quien supo que Cornelia no había una hora que había parido, y que ella dio la criatura a un criado del duque, 9205y que luego Cornelia, creyendo que estaba allí el duque, había salido de casa medrosa, porque imaginaba que ya vos,

9206señor Lorenzo, sabíades sus tratos. Sulpicia no dio el niño al criado del duque, sino a otro en su cambio. 9207Cornelia no parece, él se culpa de todo, y dice que, cada y cuando que la señora Cornelia parezca, 9208la recebirá como a su verdadera esposa. Mirad, señor Lorenzo, 9209si hay más que decir ni más que desear si no es el hallazgo de las dos tan ricas como desgraciadas prendas.

9210A esto respondió el señor Lorenzo, arrojándose a los pies del duque, que porfiaba por levantarlo:

9211-De vuestra cristiandad y grandeza, serenísimo señor y hermano mío, 9212no podíamos mi hermana y yo esperar menor bien del que a entrambos nos hacéis: a ella, en igualarla con vos, y a , 9213en ponerme en el número de vuestro.

9214Ya en esto se le arrasaban los ojos de lágrimas, y al duque lo mismo, enternecidos, el uno, 9215con la pérdida de su esposa, y el otro, con el hallazgo de tan buen cuñado; 9216pero consideraron que parecía flaqueza dar muestras con lágrimas de tanto sentimiento,

9217las reprimieron y volvieron a encerrar en los ojos, y los de don Juan, alegres, 9218casi les pedían las albricias de haber parecido Cornelia y su hijo, pues los dejaba en su misma casa.

9219En esto estaban, cuando se descubrió don Antonio de Isunza, 9220que fue conocido de don Juan en el cuartago desde algo lejos; 9221pero cuando llegó cerca se paró y vio los caballos de don Juan y de Lorenzo, 9222que los mozos tenían de diestro y acullá desviados. Conoció a don Juan y a Lorenzo, pero no al duque,

9223y no sabía qué hacerse, si llegaría o no adonde don Juan estaba. Llegándose a los criados del duque, 9224les preguntó si conocían aquel caballero que con los otros dos estaba, señalando al duque. 9225Fuele respondido ser el duque de Ferrara, con que quedó más confuso y menos sin saber qué hacerse, 9226pero sacóle de su perplejidad don Juan, llamándole por su nombre. Apeóse don Antonio, viendo que todos estaban a pie,

9227y llegóse a ellos; recibióle el duque con mucha cortesía, porque don Juan le dijo que era su camarada. Finalmente, 9228don Juan contó a don Antonio todo lo que con el duque le había sucedido hasta que él llego. 9229Alegróse en estremo don Antonio, y dijo a don Juan:

9230-¿Por qué, señor don Juan, no acabáis de poner la alegría y el contento destos señores en su punto, 9231pidiendo las albricias del hallazgo de la señora Cornelia y de su hijo?

9232-Si vos no llegárades, señor don Antonio, yo las pidiera; pero pedidlas vos, 9233que yo seguro que os las den de muy buena gana.

9234Como el duque y Lorenzo oyeron tratar del hallazgo de Cornelia y de albricias, preguntaron qué era aquello.