Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
8855-«Yo, señores, soy aquella que muchas veces habréis, sin duda alguna, oído nombrar por ahí, 8856porque la fama de mi belleza, tal cual ella es, pocas lenguas hay que no la publiquen. Soy, en efeto, 8857Cornelia Bentibolli, hermana de Lorenzo Bentibolli, que con deciros esto quizá habré dicho dos verdades: la una, 8858de mi nobleza; la otra, de mi hermosura. De pequeña edad quedé huérfana de padre y madre, en poder de mi hermano, 8859el cual desde niña puso en mi guarda al recato mismo, 8860puesto que más confiaba de mi honrada condición que de la solicitud que ponía en guardarme. 8861»Finalmente, entre paredes y entre soledades, acompañadas no más que de mis criadas, fui creciendo, 8862y juntamente conmigo crecía la fama de mi gentileza, 8863sacada en público de los criados y de aquellos que en secreto me trataban 8864y de un retrato que mi hermano mandó hacer a un famoso pintor, para que, como él decía, no quedase sin mí el mundo, 8865ya que el cielo a mejor vida me llevase. Pero todo esto fuera poca parte para apresurar mi perdición si no sucediera 8866venir el duque de Ferrara a ser padrino de unas bodas de una prima mía, 8867donde me llevó mi hermano con sana intención y por honra de mi parienta. Allí miré y fui vista; allí, según creo, 8868rendí corazones, avasallé voluntades: allí sentí que daban gusto las alabanzas, 8869aunque fuesen dadas por lisonjeras lenguas; allí, finalmente, vi al duque y él me vio a mí, 8870de cuya vista ha resultado verme ahora como me veo. No os quiero decir, señores, porque sería proceder en infinito, 8871los términos, las trazas, y los modos por donde el duque y yo venimos a conseguir, al cabo de dos años, 8872los deseos que en aquellas bodas nacieron, porque ni guardas, ni recatos, ni honrosas amonestaciones, 8873ni otra humana diligencia fue bastante para estorbar el juntarnos: 8874que en fin hubo de ser debajo de la palabra que él me dio de ser mi esposo, 8875porque sin ella fuera imposible rendir la roca de la valerosa y honrada presunción mía. 8876Mil veces le dije que públicamente me pidiese a mi hermano, pues no era posible que me negase; 8877y que no había que dar disculpas al vulgo de la culpa que le pondrían de la desigualdad de nuestro casamiento, 8878pues no desmentía en nada la nobleza del linaje Bentibolli a la suya Estense. A esto me respondió con escusas, 8879que yo las tuve por bastantes y necesarias, y, confiada como rendida, 8880creí como enamorada y entreguéme de toda mi voluntad a la suya por intercesión de una criada mía, 8881más blanda a las dádivas y promesas del duque que lo que debía a la confianza que de su fidelidad mi hermano hacía. 8882»En resolución, a cabo de pocos días, me sentí preñada; y, antes que mis vestidos manifestasen mis libertades, 8883por no darles otro nombre, me fingí enferma y malencólica, 8884y hice con mi hermano me trujese en casa de aquella mi prima de quien había sido padrino el duque. 8885Allí le hice saber en el término en que estaba, y el peligro que me amenazaba y la poca seguridad que tenía de mi vida, 8886por tener barruntos de que mi hermano sospechaba mi desenvoltura. 8887Quedó de acuerdo entre los dos que en entrando en el mes mayor se lo avisase: 8888que él vendría por mí con otros amigos suyos y me llevaría a Ferrara, 8889donde en la sazón que esperaba se casaría públicamente conmigo. 8890»Esta noche en que estamos fue la del concierto de su venida, y esta misma noche, estándole esperando, 8891sentí pasar a mi hermano con otros muchos hombres, al parecer armados, según les crujían las armas, 8892de cuyo sobresalto de improviso me sobrevino el parto, y en un instante parí un hermoso niño. Aquella criada mía, 8893sabidora y medianera de mis hechos, que estaba ya prevenida para el caso, 8894envolvió la criatura en otros paños que no los que tiene la que a vuestra puerta echaron; y, 8895saliendo a la puerta de la calle, la dio, a lo que ella dijo, a un criado del duque. Yo, desde allí a un poco, 8896acomodándome lo mejor que pude, según la presente necesidad, salí de la casa, creyendo que estaba en la calle el duque, 8897y no lo debiera hacer hasta que él llegara a la puerta; 8898mas el miedo que me había puesto la cuadrilla armada de mi hermano, creyendo que ya esgrimía su espada sobre mi cuello, 8899no me dejó hacer otro mejor discurso; y así, desatentada y loca, salí donde me sucedió lo que habéis visto; y,
▼