Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
8900aunque me veo sin hijo y sin esposo y con temor de peores sucesos, doy gracias al cielo, 8901que me ha traído a vuestro poder, de quien me prometo todo aquello que de la cortesía española puedo prometerme, 8902y más de la vuestra, que la sabréis realzar por ser tan nobles como parecéis.» 8903Diciendo esto, se dejó caer del todo encima del lecho, y, acudiendo los dos a ver si se desmayaba, vieron que no, 8904sino que amargamente lloraba, y díjole don Juan:
-Si hasta aquí, hermosa señora, yo y don Antonio, mi camarada, 8905os teníamos compasión y lástima por ser mujer, ahora, que sabemos vuestra calidad, 8906la lástima y compasión pasa a ser obligación precisa de serviros. Cobrad ánimo y no desmayéis; y, 8907aunque no acostumbrada a semejantes casos, 8908tanto más mostraréis quién sois cuanto más con paciencia supiéredes llevarlos. Creed, señora, 8909que imagino que estos tan estraños sucesos han de tener un felice fin: 8910que no han de permitir los cielos que tanta belleza se goce mal y tan honestos pensamientos se malogren. Acostaos, 8911señora, y curad de vuestra persona, que lo habéis menester; que aquí entrará una criada nuestra que os sirva, 8912de quien podéis hacer la misma confianza que de nuestras personas: 8913tan bien sabrá tener en silencio vuestras desgracias como acudir a vuestras necesidades. 8914-Tal es la que tengo, que a cosas más dificultosas me obliga -respondió ella-. Entre, señor, quien vos quisiéredes, 8915que, encaminada por vuestra parte, no puedo dejar de tenerla muy buena en la que menester hubiere; pero, con todo eso, 8916os suplico que no me vean más que vuestra criada.
-Así será -respondió don Antonio. 8917Y dejándola sola se salieron, y don Juan dijo al ama que entrase dentro y llevase la criatura con los ricos paños, 8918si se los había puesto. El ama dijo que sí, y que ya estaba de la misma manera que él la había traído. Entró el ama, 8919advertida de lo que había de responder a lo que acerca de aquella 8920criatura la señora que hallaría allí dentro le preguntase. 8921En viéndola Cornelia, le dijo:
-Vengáis en buen hora, amiga mía; dadme esa criatura y llegadme aquí esa vela. 8922Hízolo así el ama, y, tomando el niño Cornelia en sus brazos, se turbó toda y le miró ahincadamente, y dijo al ama:
8923-Decidme, señora, ¿este niño y el que me trajistes o me trujeron poco ha es todo uno?
-Sí señora -respondió el ama.
8924-Pues ¿cómo trae tan trocadas las mantillas? -replicó Cornelia-. En verdad, amiga, 8925que me parece o que éstas son otras mantillas, o que ésta no es la misma criatura.
-Todo podía ser -respondió el ama. 8926-Pecadora de mí -dijo Cornelia-, ¿cómo todo podía ser? ¿Cómo es esto, ama mía?; 8927que el corazón me revienta en el pecho hasta saber este trueco. Decídmelo, amiga, por todo aquello que bien queréis. 8928Digo que me digáis de dónde habéis habido estas tan ricas mantillas, porque os hago saber que son mías, 8929si la vista no me miente o la memoria no se acuerda. 8930Con estas mismas o otras semejantes entregué yo a mi doncella la prenda querida de mi alma: ¿quién se las quitó? ¡Ay, 8931desdichada! Y ¿quién las trujo aquí? ¡Ay, sin ventura! 8932Don Juan y don Antonio, que todas estas quejas escuchaban, no quisieron que más adelante pasase en ellas, 8933ni permitieron que el engaño de las trocadas mantillas más la tuviese en pena; y así, entraron, y don Juan le dijo:
8934-Esas mantillas y ese niño son cosa vuestra, señora Cornelia. 8935Y luego le contó punto por punto cómo él había sido la persona a quien su doncella había dado el niño, 8936y de cómo le había traído a casa, 8937con la orden que había dado al ama del trueco de las mantillas y la ocasión por que lo había hecho; aunque,
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