Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
8727Sucedió, pues, que, volviéndose a su posada, en la mitad del camino encontró con don Antonio de Isunza, su camarada; y, 8728conociéndose, dijo don Antonio:
-Volved conmigo, don Juan, hasta aquí arriba, 8729y en el camino os contaré un estraño cuento que me ha sucedido, que no le habréis oído tal en toda vuestra vida.
8730-Como esos cuentos os podré contar yo -respondió don Juan-; pero vamos donde queréis y contadme el vuestro. 8731Guió don Antonio y dijo:
-«Habéis de saber que, poco más de una hora después que salistes de casa, salí a buscaros, 8732y no treinta pasos de aquí vi venir, casi a encontrarme, un bulto negro de persona, que venía muy aguijando; y, 8733llegándose cerca, conocí ser mujer en el hábito largo, la cual, con voz interrumpida de sollozos y de suspiros, 8734me dijo: "¿Por ventura, señor, sois estranjero o de la ciudad?" "Estranjero soy y español", respondí yo. Y ella: 8735"Gracias al cielo, que no quiere que muera sin sacramentos". "¿Venís herida, señora -repliqué yo-, 8736o traéis algún mal de muerte?". "Podría ser que el que traigo lo fuese, si presto no se me da remedio; 8737por la cortesía que siempre suele reinar en los de vuestra nación, os suplico, señor español, 8738que me saquéis destas calles y me llevéis a vuestra posada con la mayor priesa que pudiéredes; que allá, 8739si gustáredes dello, sabréis el mal que llevo y quién soy, aunque sea a costa de mi crédito". Oyendo lo cual, 8740pareciéndome que tenía necesidad de lo que pedía, sin replicarla más, 8741la así de la mano y por calles desviadas la llevé a la posada. Abrióme Santisteban el paje, hícele que se retirase, 8742y sin que él la viese la llevé a mi estancia, y ella en entrando se arrojó encima de mi lecho desmayada. 8743Lleguéme a ella y descubríla el rostro, que con el manto traía cubierto, 8744y descubrí en él la mayor belleza que humanos ojos han visto; será a mi parecer de edad de diez y ocho años, 8745antes menos que más. Quedé suspenso de ver tal estremo de belleza; acudí a echarle un poco de agua en el rostro, 8746con que volvió en sí suspirando tiernamente, y lo primero que me dijo fue: "¿Conocéisme, señor?" "No -respondí yo-, 8747ni es bien que yo haya tenido ventura de haber conocido tanta hermosura". 8748"Desdichada de aquella -respondió ella- a quien se la da el cielo para mayor desgracia suya; pero, señor, 8749no es tiempo éste de alabar hermosuras, sino de remediar desdichas. Por quien sois, 8750que me dejéis aquí encerrada y no permitáis que ninguno me vea, 8751y volved luego al mismo lugar que me topastes y mirad si riñe alguna gente, 8752y no favorezcáis a ninguno de los que riñeren, sino poned paz, 8753que cualquier daño de las partes ha de resultar en acrecentar el mío". 8754Déjola encerrada y vengo a poner en paz esta pendencia.» 8755-¿Tenéis más que decir, don Antonio? -preguntó don Juan.
8756-¿Pues no os parece que he dicho harto? -respondió don Antonio-. 8757Pues he dicho que tengo debajo de llave y en mi aposento la mayor belleza que humanos ojos han visto.
8758-El caso es estraño, sin duda -dijo don Juan-, pero oíd el mío. 8759Y luego le contó todo lo que le había sucedido, 8760y cómo la criatura que le habían dado estaba en casa en poder de su ama, 8761y la orden que le había dejado de mudarle las ricas mantillas en pobres y de 8762llevarle adonde le criasen o a lo menos socorriesen la presente necesidad. Y dijo más: 8763que la pendencia que él venía a buscar ya era acabada y puesta en paz, que él se había hallado en ella; y que, 8764a lo que él imaginaba, todos los de la riña debían de ser gentes de prendas y de gran valor. 8765Quedaron entrambos admirados del suceso de cada uno y con priesa se volvieron a la posada, 8766por ver lo que había menester la encerrada. 8767En el camino dijo don Antonio a don Juan que él había prometido a aquella señora que no la dejaría ver de nadie, 8768ni entraría en aquel aposento sino él solo, en tanto que ella no gustase de otra cosa. 8769-No importa nada -respondió don Juan-, que no faltará orden para verla, que ya lo deseo en estremo, 8770según me la habéis alabado de hermosa. 8771Llegaron en esto, y, a la luz que sacó uno de tres pajes que tenían, 8772alzó los ojos don Antonio al sombrero que don Juan traía, y viole resplandeciente de diamantes; quitósele, 8773y vio que las luces salían de muchos que en un cintillo riquísimo traía. Miráronle y remiráronle entrambos, 8774y concluyeron que, si todos eran finos, como parecían, valía más de doce mil ducados.
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