Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
8501que a persuasión de Teodosia (temerosa que algún contrario acidente no le turbase el bien que había hallado), 8502el caballero envió luego por quien los desposase; de modo que, 8503cuando don Rafael y Leocadia entraron y don Rafael contó lo que con Leocadia le había sucedido, 8504así les aumentó el gozo como si ellos fueran sus cercanos parientes, 8505que es condición natural y propia de la nobleza catalana saber ser amigos 8506y favorecer a los estranjeros que dellos tienen necesidad alguna. 8507El sacerdote, que presente estaba, ordenó que Leocadia mudase el hábito y se vistiese en el suyo; 8508y el caballero acudió a ello con presteza, vistiendo a las dos de dos ricos vestidos de su mujer, 8509que era una principal señora, del linaje de los Granolleques, famoso y antiguo en aquel reino. Avisó al cirujano, 8510quien por caridad se dolía del herido, como hablaba mucho y no le dejaban solo, el cual vino y ordenó lo que primero: 8511que fue que le dejasen en silencio. Pero Dios, que así lo tenía ordenado, 8512tomando por medio e instrumento de sus obras (cuando a nuestros ojos quiere 8513hacer alguna maravilla) lo que la misma naturaleza no alcanza, 8514ordenó que el alegría y poco silencio que Marco Antonio había guardado fuese parte para mejorarle, 8515de manera que otro día, cuando le curaron, le hallaron fuera de peligro; y de allí a catorce se levantó tan sano que, 8516sin temor alguno, se pudo poner en camino. 8517Es de saber que en el tiempo que Marco Antonio estuvo en el lecho hizo voto, si Dios le sanase, 8518de ir en romería a pie a Santiago de Galicia, en cuya promesa le acompañaron don Rafael, Leocadia y Teodosia, 8519y aun Calvete, el mozo de mulas (obra pocas veces usada de los de oficios semejantes). 8520Pero la bondad y llaneza que había conocido en don Rafael le obligó a no dejarle hasta que volviese a su tierra; y, 8521viendo que habían de ir a pie como peregrinos, envió las mulas a Salamanca, con la que era de don Rafael, 8522que no faltó con quien enviarlas. 8523Llegóse, pues, el día de la partida, y, acomodados de sus esclavinas y de todo lo necesario, 8524se despidieron del liberal caballero que tanto les había favorecido y agasajado, cuyo nombre era don Sancho de Cardona, 8525ilustrísimo por sa[n]gre y famoso por su persona. 8526Ofreciéronsele todos de guardar perpetuamente ellos y sus decendientes (a quien se lo dejarían mandado), 8527la memoria de las mercedes tan singulares dél recebidas, para agradecelles siquiera, ya que no pudiesen servirlas. 8528Don Sancho los abrazó a todos, diciéndoles que de su natural condición nacía hacer aquellas obras, 8529o otras que fuesen buenas, a todos los que conocía o imaginaba ser hidalgos castellanos. 8530Reiteráronse dos veces los abrazos, y con alegría mezclada con algún sentimiento triste se despidieron; y, 8531caminando con la comodidad que permitía la delicadeza de las dos nuevas peregrinas, en tres días llegaron a Monserrat; 8532y, estando allí otros tantos, haciendo lo que a buenos y católicos cristianos debían, 8533con el mismo espacio volvieron a su camino, y sin sucederles revés ni desmán alguno llegaron a Santiago. Y, 8534después de cumplir su voto con la mayor devoción que pudieron, 8535no quisieron dejar el hábito de peregrinos hasta entrar en sus casas, a las cuales llegaron poco a poco, 8536descansados y contentos; mas, antes que llegasen, estando a vista del lugar de Leocadia (que, como se ha dicho, 8537era una legua del de Teodosia), desde encima de un recuesto los descubrieron a entrambos, 8538sin poder encubrir las lágrimas que el contento de verlos les trujo a los ojos, a lo menos a las dos desposadas, 8539que con su vista renovaron la memoria de los pasados sucesos. 8540Descubríase desde la parte donde estaban un ancho valle que los dos pueblos dividía, en el cual vieron, 8541a la sombra de un olivo, un dispuesto caballero sobre un poderoso caballo, 8542con una blanquísima adarga en el brazo izquierdo, y una gruesa y larga lanza terciada en el derecho; y, 8543mirándole con atención, vieron que asimismo por entre unos olivares venían otros dos caballeros
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