Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
8544con las mismas armas y con el mismo donaire y apostura, y de allí a poco vieron que se juntaron todos tres; y, 8545habiendo estado un pequeño espacio juntos, se apartaron, y uno de los que a lo último habían venido, 8546se apartó con el que estaba primero debajo del olivo; los cuales, poniendo las espuelas a los caballos, 8547arremetieron el uno al otro con muestras de ser mortales enemigos, 8548comenzando a tirarse bravos y diestros botes de lanza, ya hurtando los golpes, 8549ya recogiéndolos en las adargas con tanta destreza que daban bien a entender ser maestros en aquel ejercicio. 8550El tercero los estaba mirando sin moverse de un lugar; mas, no pudiendo don Rafael sufrir estar tan lejos, 8551mirando aquella tan reñida y singular batalla, a todo correr bajó del recuesto, siguiéndole su hermana y su esposa, 8552y en poco espacio se puso junto a los dos combatientes, a tiempo que ya los dos caballeros andaban algo heridos; y, 8553habiéndosele caído al uno el sombrero y con él un casco de acero, al volver el rostro conoció don Rafael ser su padre, 8554y Marco Antonio conoció que el otro era el suyo. Leocadia, que con atención había mirado al que no se combatía, 8555conoció que era el padre que la había engendrado, de cuya vista todos cuatro suspensos, 8556atónitos y fuera de sí quedaron; pero, dando el sobresalto lugar al discurso de la razón, los dos cuñados, 8557sin detenerse, se pusieron en medio de los que peleaban, diciendo a voces: 8558-No más, caballeros, no más, que los que esto os piden y suplican son vuestros propios hijos. Yo soy Marco Antonio, 8559padre y señor mío -decía Marco Antonio-; yo soy aquel por quien, a lo que imagino, 8560están vuestras canas venerables puestas en este riguroso trance. Templad la furia y arrojad la lanza, 8561o volvedla contra otro enemigo, que el que tenéis delante ya de hoy más ha de ser vuestro hermano. 8562Casi estas mismas razones decía don Rafael a su padre, a las cuales se detuvieron los caballeros, 8563y atentamente se pusieron a mirar a los que se las decían; y volviendo la cabeza vieron que don Enrique, 8564el padre de Leocadia, se había apeado y estaba abrazado con el que pensaban ser peregrino; 8565y era que Leocadia se había llegado a él, y, dándosele a conocer, le rogó que pusiese en paz a los que se combatían, 8566contándole en breves razones cómo don Rafael era su esposo y Marco Antonio lo era de Teodosia. 8567Oyendo esto su padre, se apeó, y la tenía abrazada, como se ha dicho; pero, dejándola, acudió a ponerlos en paz, 8568aunque no fue menester, pues ya los dos habían conocido a sus hijos y estaban en el suelo, teniéndolos abrazados, 8569llorando todos lágrimas de amor y de contento nacidas. Juntáronse todos y volvieron a mirar a sus hijos, 8570y no sabían qué decirse. Atentábanles los cuerpos, por ver si eran fantásticos, 8571que su IMPROVIsa llegada esta y otras sospechas engendraba; pero, desengañados algún tanto, 8572volvieron a las lágrimas y a los abrazos. 8573Y en esto, asomó por el mismo valle gran cantidad de gente armada, de a pie y de a caballo, 8574los cuales venían a defender al caballero de su lugar; pero, 8575como llegaron y los vieron abrazados de aquellos peregrinos, y preñados los ojos de lágrimas, se apearon y admiraron, 8576estando suspensos, hasta tanto que don Enrique les dijo brevemente lo que Leocadia su hija le había contado. 8577Todos fueron a abrazar a los peregrinos, con muestras de contento tales que no se pueden encarecer. 8578Don Rafael de nuevo contó a todos, con la brevedad que el tiempo requería, todo el suceso de sus amores, 8579y de cómo venía casado con Leocadia, y su hermana Teodosia con Marco Antonio: 8580nuevas que de nuevo causaron nueva alegría. Luego, 8581de los mismos caballos de la gente que llegó al socorro tomaron los que hubieron menester para los cinco peregrinos, 8582y acordaron de irse al lugar de Marco Antonio, ofreciéndoles su padre de hacer allí las bodas de todos; 8583y con este parecer se partieron, y algunos de los que se habían hallado presentes se adelantaron 8584a pedir albricias a los parientes y amigos de los desposados. 8585En el camino supieron don Rafael y Marco Antonio la causa de aquella pendencia, 8586que fue que el padre de Teodosia y el de Leocadia habían desafiado al padre de Marco Antonio, 8587en razón de que él había sido sabidor de los engaños de su hijo; y, habiendo venido los dos y hallándole solo, 8588no quisieron combatirse con alguna ventaja, sino uno a uno, como caballeros, 8589cuya pendencia parara en la muerte de uno o en la de entrambos si ellos no hubieran llegado.
▼