Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
8413Volvió en sí Marco Antonio y al momento conoció a don Rafael, y, abrazándole estrechamente y besándole en el rostro, 8414le dijo:
-Ahora digo, hermano y señor mío, 8415que la suma alegría que he recebido en veros no puede traer menos descuento que un pesar grandísimo; 8416pues se dice que tras el gusto se sigue la tristeza; pero yo daré por bien empleada cualquiera que me viniere, 8417a trueco de haber gustado del contento de veros. 8418-Pues yo os le quiero hacer más cumplido -replicó don Rafael- con presentaros esta joya, que es vuestra amada esposa. 8419Y, buscando a Teodosia, la halló llorando detrás de toda la gente, 8420suspensa y atónita entre el pesar y la alegría por lo que veía y por lo que había oído decir. 8421Asióla su hermano de la mano, y ella, sin hacer resistencia, se dejó llevar donde él quiso; que fue ante Marco Antonio, 8422que la conoció y se abrazó con ella, llorando los dos tiernas y amorosas lágrimas. 8423Admirados quedaron cuantos en la sala estaban, viendo tan estraño acontecimiento. 8424Mirábanse unos a otros sin hablar palabra, esperando en qué habían de parar aquellas cosas. 8425Mas la desengañada y sin ventura Leocadia, que vio por sus ojos lo que Marco Antonio hacía, 8426y vio al que pensaba ser hermano de don Rafael en brazos del que tenía por su esposo, 8427viendo junto con esto burlados sus deseos y perdidas sus esperanzas, 8428se hurtó de los ojos de todos (que atentos estaban mirando lo que el enfermo 8429hacía con el paje que abrazado tenía) y se salió de la sala o aposento , y en un instante se puso en la calle, 8430con intención de irse desesperada por el mundo o adonde gentes no la viesen; mas, apenas había llegado a la calle, 8431cuando don Rafael la echó menos, y, como si le faltara el alma, preguntó por ella, 8432y nadie le supo dar razón dónde se había ido. Y así, sin esperar más, desesperado salió a buscarla, 8433y acudió adonde le dijeron que posaba Calvete, por si había ido allá a procurar alguna cabalgadura en que irse; y, 8434no hallándola allí, andaba como loco por las calles buscándola y de unas partes a otras; y, 8435pensando si por ventura se había vuelto a las galeras, llegó a la marina, 8436y un poco antes que llegase oyó que a grandes voces llamaban desde tierra el esquife de la capitana, 8437y conoció que quien las daba era la hermosa Leocadia, la cual, recelosa de algún desmán, 8438sintiendo pasos a sus espaldas, empuñó la espada y esperó apercebida que llegase don Rafael, 8439a quien ella luego conoció, y le pesó de que la hubiese hallado, y más en parte tan sola; que ya ella había entendido, 8440por más de una muestra que don Rafael le había dado, que no la quería mal, 8441sino tan bien que tomara por buen partido que Marco Antonio la quisiera otro tanto. 8442¿Con qué razones podré yo decir ahora las que don Rafael dijo a Leocadia, declarándole su alma, 8443que fueron tantas y tales que no me atrevo a escribirlas? Mas, pues es forzoso decir algunas, 8444las que entre otras le dijo fueron éstas: 8445-Si con la ventura que me falta me faltase ahora, ¡oh hermosa Leocadia!, 8446el atrevimiento de descubriros los secretos de mi alma, 8447quedaría enterrada en los senos del perpetuo olvido la más enamorada y 8448honesta voluntad que ha nacido ni puede nacer en un enamorado pecho. Pero, 8449por no hacer este agravio a mi justo deseo (véngame lo que viniere), quiero, señora, que advirtáis, 8450si es que os da lugar vuestro arrebatado pensamiento, que en ninguna cosa se me aventaja Marco Antonio, 8451si no es en el bien de ser de vos querido. Mi linaje es tan bueno como el suyo, 8452y en los bienes que llaman de fortuna no me hace mucha ventaja; en los de naturaleza no conviene que me alabe, 8453y más si a los ojos vuestros no son de estima. Todo esto digo, apasionada señora, 8454porque toméis el remedio y el medio que la suerte os ofrece en el estremo de vuestra desgracia.
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