Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
8316Y, sin detenerse más, volvió a la galera y halló que estaban curando a Marco Antonio, 8317y la herida que tenía era peligrosa, por ser en la sien izquierda y decir el cirujano ser de peligro; 8318alcanzó con el general se le diese para curarle en tierra, y, puesto con gran tiento en el esquife, le sacaron, 8319sin quererle dejar Leocadia, que se embarcó con él como en seguimiento del norte de su esperanza. En llegando a tierra, 8320hizo el caballero traer de su casa una silla de manos donde le llevasen. En tanto que esto pasaba, 8321había enviado don Rafael a buscar a Calvete, 8322que en el mesón estaba con cuidado de saber lo que la suerte había hecho de sus amos; y cuando supo que estaban buenos, 8323se alegró en estremo y vino adonde don Rafael estaba. 8324En esto, llegaron el señor de la casa, Marco Antonio y Leocadia, 8325y a todos alojó en ella con mucho amor y magnificiencia. 8326Ordenó luego como se llamase un cirujano famoso de la ciudad para que de nuevo curase a Marco Antonio. Vino, 8327pero no quiso curarle hasta otro día, 8328diciendo que siempre los cirujanos de los ejércitos y armadas eran muy experimentados, 8329por los muchos heridos que a cada paso tenían entre las manos, y así, no convenía curarle hasta otro día. 8330Lo que ordenó fue le pusiesen en un aposento abrigado, donde le dejasen sosegar. 8331Llegó en aquel instante el cirujano de las galeras y dio cuenta al de la ciudad de la herida, 8332y de cómo la había curado y del peligro que de la vida, a su parecer, tenía el herido, 8333con lo cual se acabó de enterar el de la ciudad que estaba bien curado; y ansimismo, 8334según la relación que se le había hecho, exageró el peligro de Marco Antonio. 8335Oyeron esto Leocadia y Teodosia con aquel sentimiento que si oyeran la sentencia de su muerte; mas, 8336por no dar muestras de su dolor, le reprimieron y callaron, 8337y Leocadia determinó de hacer lo que le pareció convenir para satisfación de su honra. Y fue que, 8338así como se fueron los cirujanos, se entró en el aposento de Marco Antonio, y, delante del señor de la casa, 8339de don Rafael, Teodosia y de otras personas, se llegó a la cabecera del herido, y, asiéndole de la mano, 8340le dijo estas razones: 8341-No estáis en tiempo, señor Marco Antonio Adorno, en que se puedan ni deban gastar con vos muchas palabras; y así, 8342sólo querría que me oyésedes algunas que convienen, si no para la salud de vuestro cuerpo, 8343convendrán para la de vuestra alma; 8344y para decíroslas es menester que me deis licencia y me advirtáis si estáis con sujeto de escucharme; 8345que no sería razón que, habiendo yo procurado desde el punto que os conocí no salir de vuestro gusto, en este instante, 8346que le tengo por el postrero, seros causa de pesadumbre. 8347A estas razones abrió Marco Antonio los ojos y los puso atentamente en el rostro de Leocadia, y, 8348habiéndola casi conocido, más por el órgano de la voz que por la vista, con voz debilitada y doliente le dijo:
-Decid, 8349señor, lo que quisiéredes, que no estoy tan al cabo que no pueda escucharos, 8350ni esa voz me es tan desagradable que me cause fastidio el oírla. 8351Atentísima estaba a todo este coloquio Teodosia, 8352y cada palabra que Leocadia decía era una aguda saeta que le atravesaba el corazón, y aun el alma de don Rafael, 8353que asimismo la escuchaba. Y, prosiguiendo Leocadia, dijo: 8354-Si el golpe de la cabeza, o, por mejor decir, el que a mí me han dado en el alma, no os ha llevado, 8355señor Marco Antonio, 8356de la memoria la imagen de aquella que poco tiempo ha que vos decíades ser vuestra gloria y vuestro cielo, 8357bien os debéis acordar quién fue Leocadia, 8358y cuál fue la palabra que le distes firmada en una cédula de vuestra mano y letra; 8359ni se os habrá olvidado el valor de sus padres, la entereza de su recato y honestidad y la obligación en que le estáis, 8360por haber acudido a vuestro gusto en todo lo que quisistes. Si esto no se os ha olvidado, 8361aunque me veáis en este traje tan diferente, conoceréis con facilidad que yo soy Leocadia, que, 8362temerosa que nuevos accidentes y nuevas ocasiones no me quitasen lo que tan justamente es mío, 8363así como supe que de vuestro lugar os habíades partido, atropellando por infinitos inconvenientes, 8364determiné seguiros en este hábito, con intención de buscaros por todas las partes de la tierra hasta hallaros.
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