(c) 2014-16 Diego Buendía
Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
α Día 2017-02-02 ω


8233No s[e] podrá contar buenamente los pensamientos que los dos hermanos llevaban, 8234ni con cuán diferentes ánimos los dos iban mirando a Leocadia, deseándola Teodosia la muerte y don Rafael la vida, 8235entrambos celosos y apasionados. Teodosia buscando tachas que ponerla, por no desmayar en su esperanza;

8236don Rafael hallándole perfecciones, que de punto en punto le obligaban a más amarla. Con todo esto, 8237no se descuidaron de darse priesa, de modo que llegaron a Barcelona poco antes que el sol se pusiese.

8238Admiróles el hermoso sitio de la ciudad y la estimaron por flor de las bellas ciudades del mundo, honra de España, 8239temor y espanto de los circunvecinos y apartados enemigos, regalo y delicia de sus moradores, 8240amparo de los estranjeros, escuela de la caballería,

8241ejemplo de lealtad y satisfación de todo aquello que de una grande, famosa, 8242rica y bien fundada ciudad puede pedir un discreto y curioso deseo.

8243En entrando en ella, oyeron grandísimo ruido, y vieron correr gran tropel de gente con grande alboroto; y, 8244preguntando la causa de aquel ruido y movimiento, 8245les respondieron que la gente de las galeras que estaban en la playa se había revuelto y trabado con la de la ciudad.

8246Oyendo lo cual, don Rafael quiso ir a ver lo que pasaba, aunque Calvete le dijo que no lo hiciese, 8247por no ser cordura irse a meter en un manifiesto peligro; 8248que él sabía bien cuán mal libraban los que en tales pendencias se metían, 8249que eran ordinarias en aquella ciudad cuando a ella llegaban galeras.

8250No fue bastante el buen consejo de Calvete para estorbar a don Rafael la ida; y así, le siguieron todos. Y, 8251en llegando a la marina, vieron muchas espadas fuera de las vainas y mucha gente acuchillándose sin piedad alguna.

8252Con todo esto, sin apearse, llegaron tan cerca, que distintamente veían los rostros de los que peleaban, 8253porque aún no era puesto el sol.

8254Era infinita la gente que de la ciudad acudía, y mucha la que de las galeras se desembarcaba, 8255puesto que el que las traía a cargo, que era un caballero valenciano llamado don Pedro Viqué, 8256desde la popa de la galera capitana amenazaba a los que se habían

8257embarcado en los esquifes para ir a socorrer a los suyos. Mas, viendo que no aprovechaban sus voces ni sus amenazas, 8258hizo volver las proas de las galeras a la ciudad y disparar una pieza sin bala (señal de que si no se apartasen, 8259otra no iría sin ella).

8260En esto, estaba don Rafael atentamente mirando la cruel y bien trabada riña, 8261y vio y notó que de parte de los que más se señalaban de las galeras lo 8262hacía gallardamente un mancebo de hasta veinte y dos o pocos más años, vestido de verde, 8263con un sombrero de la misma color adornado con un rico trencillo, al parecer de diamantes;

8264la destreza con que el mozo se combatía y la bizarría del vestido 8265hacía que volviesen a mirarle todos cuantos la pendencia miraban; 8266y de tal manera le miraron los ojos de Teodosia y de Leocadia, que ambas a un mismo punto y tiempo dijeron:
8267Válame Dios: o yo no tengo ojos, o aquel de lo verde es Marco Antonio!

8268Y, en diciendo esto, con gran ligereza saltaron de las mulas, y, poniendo mano a sus dagas y espadas, 8269sin temor alguno se entraron por mitad de la turba y se pusieron la una a un lado y la 8270otra al otro de Marco Antonio (que él era el mancebo de lo verde que se ha dicho).

8271-No temáis -dijo así como llegó Leocadia-, señor Marco Antonio, 8272que a vuestro lado tenéis quien os hará escudo con su propia vida por defender la vuestra.
8273-¿Quién lo duda? -replicó Teodosia-, estando yo aquí?