(c) 2014-16 Diego Buendía
Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
α Día 2017-02-01 ω


8185Agradeció Leocadia a Teodosia, que ella pensaba ser Teodoro, sus muchos ofrecimientos, 8186y diole licencia de decir a su hermano todo lo que quisiese, suplicándole que no la desamparase, 8187pues veía a cuántos peligros estaba puesta si por mujer fuese conocida. Con esto, se despidieron y se fueron a acostar: 8188Teodosia al aposento de su hermano y Leocadia a otro que junto dél estaba.

8189No se había aún dormido don Rafael, esperando a su hermana, 8190por saber lo que le había pasado con el que pensaba ser mujer; y, en entrando, antes que se acostase, se lo preguntó; 8191la cual, punto por punto, le contó todo cuanto Leocadia le había dicho: cúya hija era, sus amores, 8192la cédula de Marco Antonio y la intención que llevaba. Admiróse don Rafael y dijo a su hermana:

8193-Si ella es la que dice, séos decir, hermana, que es de las más principales de su lugar, 8194y una de las más nobles señoras de toda la Andalucía. Su padre es bien conocido del nuestro, 8195y la fama que ella tenía de hermosa corresponde muy bien a lo que ahora vemos en su rostro.

8196Y lo que desto me parece es que debemos andar con recato, 8197de manera que ella no hable primero con Marco Antonio que nosotros; 8198que me da algún cuidado la cédula que dice que le hizo, puesto que la haya perdido; pero sosegaos y acostaos, hermana, 8199que para todo se buscará remedio.

8200Hizo Teodosia lo que su hermano la mandaba en cuanto al acostarse, mas en lo de sosegarse no fue en su mano, 8201que ya tenía tomada posesión de su alma la rabiosa enfermedad de los celos. ¡Oh, 8202cuánto más de lo que ella era se le representaba en la imaginación 8203la hermosura de Leocadia y la deslealtad de Marco Antonio! ¡Oh,

8204cuántas veces leía o fingía leer la cédula que la había dado! ¡Qué de palabras y razones la añadía, 8205que la hacían cierta y de mucho efecto! ¡Cuántas veces no creyó que se le había perdido, 8206y cuántas imaginó que sin ella Marco Antonio no dejara de cumplir su promesa, 8207sin acordarse de lo que a ella estaba obligado!

8208Pasósele en esto la mayor parte de la noche sin dormir sueño. Y no la pasó con más descanso don Rafael, su hermano; 8209porque, así como oyó decir quién era Leocadia, así se le abrasó el corazón en su amores, 8210como si de mucho antes para el mismo efeto la hubiera comunicado; que esta fuerza tiene la hermosura, que en un punto, 8211en un momento, lleva tras el deseo de quien la mira [y] la conoce; y,

8212cuando descubre o promete alguna vía de alcanzarse y gozarse, 8213enciende con poderosa vehemencia el alma de quien la contempla: 8214bien así del modo y facilidad con que se enciende la seca y dispuesta pólvora con cualquiera centella que la toca.

8215No la imaginaba atada al árbol, ni vestida en el roto traje de varón, sino en el suyo de mujer y en casa de sus padres, 8216ricos y de tan principal y rico linaje como ellos eran. 8217No detenía ni quería detener el pensamiento en la causa que la había traído a que la conociese. 8218Deseaba que el día llegase para proseguir su jornada y buscar a Marco Antonio,

8219no tanto para hacerle su cuñado como para estorbar que no fuese marido de Leocadia; 8220y ya le tenían el amor y el celo de manera que tomara por buen 8221partido ver a su hermana sin el remedio que le procuraba, y a Marco Antonio sin vida,

8222a trueco de no verse sin esperanza de alcanzar a Leocadia; 8223la cual esperanza ya le iba prometiendo felice suceso en su deseo, o ya por el camino de la fuerza, 8224o por el de los regalos y buenas obras, pues para todo le daba lugar el tiempo y la ocasión.

8225Con esto que él a mismo se prometía, se sosegó algún tanto; y de allí a poco se dejó venir el día, 8226y el[l]os dejaron las camas; y, llamando don Rafael al huésped, 8227le preguntó si había comodidad en aquel pueblo para vestir a un paje a quien los bandoleros habían desnudado.

8228El huésped dijo que él tenía un vestido razonable que vender; trújole y vínole bien a Leocadia; pagóle don Rafael, 8229y ella se le vistió y se ciñó una espada y una daga, con tanto donaire y brío que, en aquel mismo traje, 8230suspendió los sentidos de don Rafael y dobló los celos en Teodosia. Ensilló Calvete,

8231y a las ocho del día partieron para Barcelona, sin querer subir por entonces al famoso monasterio de Monserrat, 8232dejándolo para cuando Dios fuese servido de volverlos con más sosiego a su patria.