Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
7281-Dadme vos -dijo uno- que ello sea así como decís y que os la den como la pedís, 7282y sentaos junto a lo que del asno queda. 7283-¡Pues así es! -replicó Lope-. Venga mi cola; si no, 7284por Dios que no me lleven el asno si bien viniesen por él cuantos aguadores hay en el mundo; 7285y no piensen que por ser tantos los que aquí están me han de hacer superchería, 7286porque soy yo un hombre que me sabré llegar a otro hombre y meterle 7287dos palmos de daga por las tripas sin que sepa de quién, por dónde o cómo le vino; y más, 7288que no quiero que me paguen la cola rata por cantidad, 7289sino que quiero que me la den en ser y la corten del asno como tengo dicho. 7290Al ganancioso y a los demás les pareció no ser bien llevar aquel negocio por fuerza, 7291porque juzgaron ser de tal brío el Asturiano, que no consentiría que se la hiciesen; el cual, 7292como estaba hecho al trato de las almadrabas, 7293donde se ejercita todo género de rumbo y jácara y de extraordinarios juramentos y boatos, 7294voleó allí el capelo y empuñó un puñal que debajo del capotillo traía, y púsose en tal postura, 7295que infundió temor y respecto en toda aquella aguadora compañía. Finalmente, uno dellos, 7296que parecía de más razón y discurso, 7297los concertó en que se echase la cola contra un cuarto del asno a una quínola o a dos y pasante. Fueron contentos, 7298ganó la quínola Lope; picóse el otro, echó el otro cuarto, y a otras tres manos quedó sin asno. Quiso jugar el dinero; 7299no quería Lope, pero tanto le porfiaron todos, que lo hubo de hacer, con que hizo el viaje del desposado, 7300dejándole sin un solo maravedí; y fue tanta la pesadumbre que desto recibió el perdidoso, 7301que se arrojó en el suelo y comenzó a darse de calabazadas por la tierra. Lope, 7302como bien nacido y como liberal y compasivo, 7303le levantó y le volvió todo el dinero que le había ganado y los diez y seis ducados del asno, 7304y aun de los que él tenía repartió con los circunstantes, cuya estraña liberalidad pasmó a todos; 7305y si fueran los tiempos y las ocasiones del Tamorlán, le alzaran por rey de los aguadores. 7306Con grande acompañamiento volvió Lope a la ciudad, donde contó a Tomás lo sucedido, 7307y Tomás asimismo le dio cuenta de sus buenos sucesos. No quedó taberna, ni bodegón, 7308ni junta de pícaros donde no se supiese el juego del asno, 7309el esquite por la cola y el brío y la liberalidad del Asturiano. Pero, como la mala bestia del vulgo, 7310por la mayor parte, es mala, maldita y maldiciente, no tomó de memoria la liberalidad, 7311brío y buenas partes del gran Lope, sino solamente la cola. Y así, 7312apenas hubo andado dos días por la ciudad echando agua, cuando se vio señalar de muchos con el dedo, que decían: 7313"Este es el aguador de la cola". Estuvieron los muchachos atentos, supieron el caso; y, 7314no había asomado Lope por la entrada de cualquiera calle, cuando por toda ella le gritaban, 7315quién de aquí y quién de allí: "¡Asturiano, daca la cola! ¡Daca la cola, Asturiano!" Lope, 7316que se vio asaetear de tantas lenguas y con tantas voces, dio en callar, 7317creyendo que en su mucho silencio se anegara tanta insolencia. Mas ni por ésas, pues mientras más callaba, 7318más los muchachos gritaban; y así, probó a mudar su paciencia en cólera, 7319y apeándose del asno dio a palos tras los muchachos, que fue afinar el polvorín y ponerle fuego, 7320y fue otro cortar las cabezas de la serpiente, pues en lugar de una que quitaba, apaleando a algún muchacho, 7321nacían en el mismo instante, no otras siete, sino setecientas, que con mayor ahínco y menudeo le pedían la cola. 7322Finalmente, tuvo por bien de retirarse a una posada que había tomado fuera de la de su compañero, 7323por huir de la Argüello, y de estarse en ella hasta que la influencia de aquel mal planeta pasase, 7324y se borrase de la memoria de los muchachos aquella demanda mala de la cola que le pedían. 7325Seis días se pasaron sin que saliese de casa, si no era de noche, 7326que iba a ver a Tomás y a preguntarle del estado en que se hallaba; el cual le contó que, 7327después que había dado el papel a Costanza, nunca más había podido hablarla una sola palabra; 7328y que le parecía que andaba más recatada que solía, puesto que una vez tuvo lugar de llegar a hablarla, y, 7329viéndolo ella, le había dicho antes que llegase: "Tomás, no me duele nada; y así, 7330ni tengo necesidad de tus palabras ni de tus oraciones: conténtate que no te acuso a la Inquisición, y no te canses"; 7331pero que estas razones las dijo sin mostrar ira en los ojos ni otro 7332desabrimiento que pudiera dar indicio de reguridad alguna. Lope le contó a él la priesa que le daban los muchachos, 7333pidiéndole la cola porque él había pedido la de su asno, con que hizo el famoso esquite. 7334Aconsejóle Tomás que no saliese de casa, a lo menos sobre el asno, y que si saliese, 7335fuese por calles solas y apartadas; y que, cuando esto no bastase, bastaría dejar el oficio, 7336último remedio de poner fin a tan poco honesta demanda. Preguntóle Lope si había acudido más la Gallega.
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