(c) 2014-16 Diego Buendía
Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
α Día 2017-01-09 ω


7193como ella andaba siempre sobre los estribos de su honestidad y recato, a ninguno daba lugar de miralla, 7194cuanto más de ponerse a pláticas con ella; y, como había tanta gente y tantos ojos de ordinario en la posada, 7195aumentaba más la dificultad de hablarla, de que se desesperaba el pobre enamorado.

7196Mas, habiendo salido aquel día Costanza con una toca ceñida por las mejillas, 7197y dicho a quien se lo preguntó que por qué se la había puesto, que tenía un gran dolor de muelas, Tomás, 7198a quien sus deseos avivaban el entendimiento, en un instante discurrió lo que sería bueno que hiciese, y dijo:
7199-Señora Costanza, yo le daré una oración en escrito,

7200que a dos veces que la rece se le quitará como con la mano su dolor.
7201-Norabuena -respondió Costanza-; que yo la rezaré, porque leer.
7202-Ha de ser con condición -dijo Tomás- que no la ha de mostrar a nadie, porque la estimo en mucho,

7203y no será bien que por saberla muchos se menosprecie.
7204-Yo le prometo -dijo Costanza-, Tomás, que no la a nadie; y démela luego, porque me fatiga mucho el dolor.
7205-Yo la trasladaré de la memoria -respondió Tomás- y luego se la daré.

7206Estas fueron las primeras razones que Tomás dijo a Costanza, y Costanza a Tomás, 7207en todo el tiempo que había que estaba en casa, que ya pasaban de veinte y cuatro días.

7208Retiróse Tomás y escribió la oración, y tuvo lugar de dársela a Costanza sin que nadie lo viese; y ella, 7209con mucho gusto y más devoción, se entró en un aposento a solas, y abriendo el papel vio que decía desta manera:

7210Señora de mi alma:
Yo soy un caballero natural de Burgos; si alcanzo de días a mi padre,
7211heredo un mayorazgo de seis mil ducados de renta. A la fama de vuestra hermosura, que por muchas leguas se estiende, 7212dejé mi patria, mudé vestido, y en el traje que me veis vine a servir a vuestro dueño; si vos lo quisiéredes ser mío,

7213por los medios que más a vuestra honestidad convengan, mirad qué pruebas queréis que haga para enteraros desta verdad; 7214y, enterada en ella, siendo gusto vuestro, seré vuestro esposo y me tendré por el más bien afortunado del mundo. Sólo, 7215por ahora, os pido que no echéis tan enamorados y limpios pensamientos como los míos en la calle;

7216que si vuestro dueño los sabe y no los cree, me condenará a destierro de vuestra presencia, 7217que sería lo mismo que condenarme a muerte. Dejadme, señora, que os vea hasta que me creáis, 7218considerando que no merece el riguroso castigo de no veros el que no ha cometido otra culpa que adoraros.

7219Con los ojos podréis responderme, a hurto de los muchos que siempre os están mirando; que ellos son tales, 7220que airados matan y piadosos resucitan.

7221En tanto que Tomás entendió que Costanza se había ido a leer su papel, le estuvo palpitanto el corazón, 7222temiendo y esperando, o ya la sentencia de su muerte o la restauración de su vida. Salió en esto Costanza, tan hermosa, 7223aunque rebozada, que si pudiera recebir aumento su hermosura con algún accidente,

7224se pudiera juzgar que el sobresalto de haber visto en el papel de Tomás 7225otra cosa tan lejos de la que pensaba había acrecentado su belleza. 7226Salió con el papel entre las manos hecho menudas piezas, y dijo a Tomás, que apenas se podía tener en pie:

7227-Hermano Tomás, ésta tu oración más parece hechicería y embuste que oración santa; y así, 7228yo no la quiero creer ni usar della, y por eso la he rasgado, porque no la vea nadie que sea más crédula que yo. 7229Aprende otras oraciones más fáciles, porque ésta será imposible que te sea de provecho.

7230En diciendo esto, se entró con su ama, y Tomás quedó suspenso, pero algo consolado, 7231viendo que en solo el pecho de Costanza quedaba el secreto de su deseo; pareciéndole que, 7232pues no había dado cuenta dél a su amo, por lo menos no estaba en peligro de que le echasen de casa.

7233Parecióle que en el primero paso que había dado en su pretensión había atropellado por mil montes de inconvenientes, 7234y que, en las cosas grandes y dudosas, la mayor dificultad está en los principios.