Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
6797Traía tranzados los cabellos con unas cintas blancas de hiladillo; pero tan largo el tranzado, 6798que por las espaldas le pasaba de la cintura; el color salía de castaño y tocaba en rubio; pero, al parecer, 6799tan limpio, tan igual y tan peinado, que ninguno, aunque fuera de hebras de oro, se le pudiera comparar. 6800Pendíanle de las orejas dos calabacillas de vidrio que parecían perlas; 6801los mismos cabellos le servían de garbín y de tocas. 6802Cuando salió de la sala se persignó y santiguó, 6803y con mucha devoción y sosiego hizo una profunda reverencia a una imagen 6804de Nuestra Señora que en una de las paredes del patio estaba colgada; y, alzando los ojos, vio a los dos, 6805que mirándola estaban, y, apenas los hubo visto, cuando se retiró y volvió a entrar en la sala, 6806desde la cual dio voces a Argüello que se levantase. 6807Resta ahora por decir qué es lo que le pareció a Carriazo de la hermosura de Costanza, 6808que de lo que le pareció a Avendaño ya está dicho, cuando la vio la vez primera. No digo más, 6809sino que a Carriazo le pareció tan bien como a su compañero, pero enamoróle mucho menos; y tan menos, 6810que quisiera no anochecer en la posada, sino partirse luego para sus almadrabas. 6811En esto, a las voces de Costanza salió a los corredores la Argüello, con otras dos mocetonas, también criadas de casa, 6812de quien se dice que eran gallegas; y el haber tantas lo requería la mucha gente que acude a la posada del Sevillano, 6813que es una de las mejores y más frecuentadas que hay en Toledo. 6814Acudieron también los mozos de los huéspedes a pedir cebada; salió el huésped de casa a dársela, 6815maldiciendo a sus mozas, que por ellas se le había ido un mozo que la solía dar con muy buena cuenta y razón, 6816sin que le hubiese hecho menos, a su parecer, un solo grano. Avendaño, que oyó esto, dijo: 6817-No se fatigue, señor huésped, déme el libro de la cuenta, 6818que los días que hubiere de estar aquí yo la tendré tan buena en dar la cebada y paja que pidieren, 6819que no eche menos al mozo que dice que se le ha ido. 6820-En verdad que os lo agradezca, mancebo -respondió el huésped-, porque yo no puedo atender a esto, 6821que tengo otras muchas cosas a que acudir fuera de casa. Bajad; daros he el libro, 6822y mirad que estos mozos de mulas son el mismo diablo y hacen trampantojos 6823un celemín de cebada con menos conciencia que si fuese de paja. 6824Bajó al patio Avendaño y entregóse en el libro, y comenzó a despachar celemines como agua, 6825y a asentarlos por tan buena orden que el huésped, que lo estaba mirando, quedó contento; y tanto, que dijo: 6826-Pluguiese a Dios que vuestro amo no viniese y que a vos os diese gana de quedaros en casa, 6827que a fe que otro gallo os cantase, porque el mozo que se me fue vino a mi casa, habrá ocho meses, roto y flaco, 6828y ahora lleva dos pares de vestidos muy buenos y va gordo como una nutria. Porque quiero que sepáis, hijo, 6829que en esta casa hay muchos provechos, amén de los salarios. 6830-Si yo me quedase -replicó Avendaño- no repararía mucho en la ganancia; 6831que con cualquiera cosa me contentaría a trueco de estar en esta ciudad, que me dicen que es la mejor de España. 6832-A lo menos -respondió el huésped- es de las mejores y más abundantes que hay en ella; mas otra cosa nos falta ahora, 6833que es buscar quien vaya por agua al río; que también se me fue otro mozo que, con un asno que tengo famoso, 6834me tenía rebosando las tinajas y hecha un lago de agua la casa. 6835Y una de las causas por que los mozos de mulas se huelgan de traer sus amos 6836a mi posada es por la abundancia de agua que hallan siempre en ella; porque no llevan su ganado al río, 6837sino dentro de casa beben las cabalgaduras en grandes barreños. 6838Todo esto estaba oyendo Carriazo; el cual, viendo que ya Avendaño estaba acomodado y con oficio en casa, 6839no quiso él quedarse a buenas noches; y más, que consideró el gran gusto que haría a Avendaño si le seguía el humor; 6840y así, dijo al huésped:
-Venga el asno, señor huésped, que tan bien sabré yo cinchalle y cargalle,
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