Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
6752-Mancebos, si queréis oír una brava música, levantaos y asomaos a una reja que sale a la calle, 6753que está en aquella sala frontera, que no hay nadie en ella. 6754Levantáronse los dos, y cuando abrieron no hallaron persona ni supieron quién les había dado el aviso; mas, 6755porque oyeron el son de una arpa, creyeron ser verdad la música; y así en camisa, como se hallaron, 6756se fueron a la sala, donde ya estaban otros tres o cuatro huéspedes puestos a las rejas; hallaron lugar, 6757y de allí a poco, al son de la arpa y de una vihuela, con maravillosa voz, oyeron cantar este soneto, 6758que no se le pasó de la memoria a Avendaño: 6759Raro, humilde sujeto, que levantas
a tan excelsa cumbre la belleza,
que en ella se excedió naturaleza
6760a sí misma, y al cielo la adelantas;
si hablas, o si ríes, o si cantas,
si muestras mansedumbre o aspereza
6761(efeto sólo de tu gentileza),
las potencias del alma nos encantas.
6762Para que pueda ser más conocida
la sin par hermosura que contienes
y la alta honestidad de que blasonas,
6763deja el servir, pues debes ser servida
de cuantos veen sus manos y sus sienes
resplandecer por cetros y coronas. 6764No fue menester que nadie les dijese a los dos que aquella música se daba por Costanza, 6765pues bien claro lo había descubierto el soneto, que sonó de tal manera en los oídos de Avendaño, 6766que diera por bien empleado, por no haberle oído, 6767haber nacido sordo y estarlo todos los días de la vida que le quedaba, 6768a causa que desde aquel punto la comenzó a tener tan mala como quien 6769se halló traspasado el corazón de la rigurosa lanza de los celos. 6770Y era lo peor que no sabía de quién debía o podía tenerlos. 6771Pero presto le sacó deste cuidado uno de los que a la reja estaban, diciendo: 6772-¡Que tan simple sea este hijo del corregidor, que se ande dando músicas a una fregona...! 6773Verdad es que ella es de las más hermosas muchachas que yo he visto, y he visto muchas; 6774mas no por esto había de solicitarla con tanta publicidad. 6775A lo cual añadió otro de los de la reja:
6776-Pues en verdad que he oído yo decir por cosa muy cierta que así hace ella cuenta dél como si no fuese nadie: 6777apostaré que se está ella agora durmiendo a sueño suelto detrás de la cama de su ama, donde dicen que duerme, 6778sin acordárse[l]e de músicas ni canciones. 6779-Así es la verdad -replicó el otro-, porque es la más honesta doncella que se sabe; y es maravilla que, 6780con estar en esta casa de tanto tráfago y donde hay cada día gente nueva, y andar por todos los aposentos, 6781no se sabe della el menor desmán del mundo. 6782Con esto que oyó, Avendaño tornó a revivir y a cobrar aliento para poder escuchar otras muchas cosas, 6783que al son de diversos instrumentos los músicos cantaron, todas encaminadas a Costanza, la cual, como dijo el huésped, 6784se estaba durmiendo sin ningún cuidado. 6785Por venir el día, se fueron los músicos, despidiéndose con las chirimías. 6786Avendaño y Carriazo se volvieron a su aposento, donde durmió el que pudo hasta la mañana, la cual venida, 6787se levantaron los dos, entrambos con deseo de ver a Costanza; pero el deseo del uno era deseo curioso, 6788y el del otro deseo enamorado. Pero a entrambos se los cumplió Costanza, saliendo de la sala de su amo tan hermosa, 6789que a los dos les pareció que todas cuantas alabanzas le había 6790dado el mozo de mulas eran cortas y de ningún encarecimiento. 6791Su vestido era una saya y corpiños de paño verde, con unos ribetes del mismo paño. Los corpiños eran bajos, 6792pero la camisa alta, plegado el cuello, con un cabezón labrado de seda negra, 6793puesta una gargantilla de estrellas de azabache sobre un pedazo de una coluna de alabastro, 6794que no era menos blanca su garganta; ceñida con un cordón de San Francisco, y de una cinta pendiente, al lado derecho, 6795un gran manojo de llaves. No traía chinelas, sino zapatos de dos suelas, colorados, 6796con unas calzas que no se le parecían sino cuanto por un perfil mostraban también ser coloradas.
▼