Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
6628Quedó Pedro Alonso suspenso en leyendo la epístola y acudió presto a su valija, 6629y el hallarla vacía le acabó de confirmar la verdad de la carta; y luego al punto, en la mula que le había quedado, 6630se partió a Burgos a dar las nuevas a sus amos con toda presteza, 6631porque con ella pusiesen remedio y diesen traza de alcanzar a sus hijos. 6632Pero destas cosas no dice nada el autor desta novela, porque, así como dejó puesto a caballo a Pedro Alonso, 6633volvió a contar de lo que les sucedió a Avendaño y a Carriazo a la entrada de Illescas, 6634diciendo que al entrar de la puerta de la villa encontraron dos mozos de mulas, al parecer andaluces, 6635en calzones de lienzo anchos, jubones acuchillados de anjeo, sus coletos de ante, dagas de ganchos y espadas sin tiros; 6636al parecer, el uno venía de Sevilla y el otro iba a ella. El que iba estaba diciendo al otro: 6637-Si no fueran mis amos tan adelante, todavía me detuviera algo más a preguntarte mil cosas que deseo saber, 6638porque me has maravillado mucho con lo que has contado de que el conde ha ahorcado a Alonso Genís y a Ribera, 6639sin querer otorgarles la apelación. 6640-¡Oh pecador de mí! -replicó el sevillano-. Armóles el conde zancadilla y cogiólos debajo de su jurisdición, 6641que eran soldados, y por contrabando se aprovechó dellos, sin que la Audiencia se los pudiese quitar. Sábete, amigo, 6642que tiene un Bercebú en el cuerpo este conde de Puñonrostro, que nos mete los dedos de su puño en el alma. 6643Barrida está Sevilla y diez leguas a la redonda de jácaros; no para ladrón en sus contornos. 6644Todos le temen como al fuego, aunque ya se suena que dejará presto el cargo de Asistente, 6645porque no tiene condición para verse a cada paso en dimes ni diretes con los señores de la Audiencia. 6646-¡Vivan ellos mil años -dijo el que iba a Sevilla-, que son padres de los miserables y amparo de los desdichados! 6647¡Cuántos pobretes están mascando barro no más de por la cólera de un juez absoluto, de un corregidor, 6648o mal informado o bien apasionado! Más veen muchos ojos que dos: 6649no se apodera tan presto el veneno de la injusticia de muchos corazones como se apodera de uno solo. 6650-Predicador te has vuelto -dijo el de Sevilla-, y, según llevas la retahíla, no acabarás tan presto, 6651y yo no te puedo aguardar; y esta noche no vayas a posar donde sueles, sino en la posada del Sevillano, 6652porque verás en ella la más hermosa fregona que se sabe. Marinilla, la de la venta Tejada, es asco en su comparación; 6653no te digo más sino que hay fama que el hijo del Corregidor bebe los vientos por ella. 6654Uno desos mis amos que allá van jura que, al volver que vuelva al Andalucía, 6655se ha de estar dos meses en Toledo y en la misma posada, sólo por hartarse de mirarla. 6656Ya le dejo yo en señal un pellizco, y me llevo en contracambio un gran torniscón. Es dura como un mármol, 6657y zahareña como villana de Sayago, y áspera como una ortiga; pero tiene una cara de pascua y un rostro de buen año: 6658en una mejilla tiene el sol y en la otra la luna; la una es hecha de rosas y la otra de claveles, 6659y en entrambas hay también azucenas y jazmines. No te digo más, sino que la veas, y verás que no te he dicho nada, 6660según lo que te pudiera decir, acerca de su hermosura. En las dos mulas rucias que sabes que tengo mías, 6661la dotara de buena gana, si me la quisieran dar por mujer; pero yo sé que no me la darán, 6662que es joya para un arcipreste o para un conde. Y otra vez torno a decir que allá lo verás. Y adiós, que me mudo. 6663Con esto se despidieron los dos mozos de mulas, 6664cuya plática y conversación dejó mudos a los dos amigos que escuchado la habían, especialmente Avendaño, 6665en quien la simple relación que el mozo de mulas había hecho de la 6666hermosura de la fregona despertó en él un intenso deseo de verla. También le despertó en Carriazo; 6667pero no de manera que no desease más llegar a sus almadrabas que detenerse a ver las pirámides de Egipto, 6668o otra de las siete maravillas, o todas juntas. 6669En repetir las palabras de los mozos, y en remedar y contrahacer el modo y los ademanes con que las decían, 6670entretuvieron el camino hasta Toledo; y luego, siendo la guía Carriazo, que ya otra vez había estado en aquella ciudad, 6671bajando por la Sangre de Cristo, dieron con la posada del Sevillano; pero no se atrevieron a pedirla allí, 6672porque su traje no lo pedía. 6673Era ya anochecido, y, aunque Carriazo importunaba a Avendaño que fuesen a otra parte a buscar posada, 6674no le pudo quitar de la puerta de la del Sevillano, esperando si acaso parecía la tan celebrada fregona.
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