(c) 2014-16 Diego Buendía
Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
α Día 2016-12-21 ω


6363Con esta determinación honrosa y necesaria volvió, con el mismo silencio y recato que había venido, a su estancia, 6364donde le apretó el corazón tanto el dolor y la angustia que, sin ser poderoso a otra cosa, 6365se dejó caer desmayado sobre el lecho.

6366Llegóse en esto el día, y cogió a los nuevos adúlteros enlazados en la red de sus brazos. 6367Despertó Marialonso y quiso acudir por lo que, a su parecer, le tocaba; pero, viendo que era tarde, 6368quiso dejarlo para la venidera noche. Alborotóse Leonora, viendo tan entrado el día, 6369y maldijo su descuido y el de la maldita dueña; y las dos, con sobresaltados pasos, fueron donde estaba su esposo,

6370rogando entre dientes al cielo que le hallasen todavía roncando; y, cuando le vieron encima de la cama callando, 6371creyeron que todavía obraba la untura, pues dormía, y con gran regocijo se abrazaron la una a la otra. 6372Llegóse Leonora a su marido, y asiéndole de un brazo le volvió de un lado a otro, 6373por ver si despertaba sin ponerles en necesidad de lavarle con vinagre,

6374como decían era menester para que en volviese. Pero con el movimiento volvió Carrizales de su desmayo, y, 6375dando un profundo suspiro, con una voz lamentable y desmayada dijo:
Desdichado de ,
6376y a qué tristes términos me ha traído mi fortuna!

6377No entendió bien Leonora lo que dijo su esposo; mas, como le vio despierto y que hablaba, 6378admirada de ver que la virtud del ungüento no duraba tanto como habían significado, se llegó a él, y, 6379poniendo su rostro con el suyo, teniéndole estrechamente abrazado, le dijo:
-¿Qué tenéis, señor mío,
6380que me parece que os estáis quejando?

6381Oyó la voz de la dulce enemiga suya el desdichado viejo, y, abriendo los ojos desencasadamente, 6382como atónito y embelesado, los puso en ella, y con grande ahínco, sin mover pestaña, la estuvo mirando una gran pieza, 6383al cabo de la cual le dijo:
-Hacedme placer, señora, que luego luego enviéis a llamar a vuestros padres de mi parte,


6384porque siento no qué en el corazón que me da grandísima fatiga, y temo que brevemente me ha de quitar la vida, 6385y querríalos ver antes que me muriese.

6386Sin duda creyó Leonora ser verdad lo que su marido le decía, pensando antes que la fortaleza del ungüento, 6387y no lo que había visto, le tenía en aquel trance; y, respondiéndole que haría lo que la mandaba, 6388mandó al negro que luego al punto fuese a llamar a sus padres, y, abrazándose con su esposo,

6389le hacía las mayores caricias que jamás le había hecho, preguntándole qué era lo que sentía, 6390con tan tiernas y amorosas palabras, como si fuera la cosa del mundo que más amaba.

6391Él la miraba con el embelesamiento que se ha dicho, 6392siéndole cada palabra o caricia que le hacía una lanzada que le atravesaba el alma.

6393Ya la dueña había dicho a la gente de casa y a Loaysa la enfermedad de su amo, 6394encareciéndoles que debía de ser de momento, pues se le había olvidado de mandar cerrar las puertas de la calle 6395cuando el negro salió a llamar a los padres de su señora; de la cual embajada asimismo se admiraron, 6396por no haber entrado ninguno dellos en aquella casa después que casaron a su hija.

6397En fin, todos andaban callados y suspensos, no dando en la verdad de la causa de la indisposición de su amo; el cual, 6398de rato en rato, tan profunda y dolorosamente suspiraba, que con cada suspiro parecía arrancársele el alma.

6399Lloraba Leonora por verle de aquella suerte, y reíase él con una risa de persona que estaba fuera de , 6400considerando la falsedad de sus lágrimas.

6401En esto, llegaron los padres de Leonora, y, 6402como hallaron la puerta de la calle y la del patio abiertas y la casa sepultada en silencio y sola, 6403quedaron admirados y con no pequeño sobresalto. Fueron al aposento de su yerno y halláronle, como se ha dicho,

6404siempre clavados los ojos en su esposa, a la cual tenía asida de las manos, derramando los dos muchas lágrimas: ella, 6405con no más ocasión de verlas derramar a su esposo; él, por ver cuán fingidamente ella las derramaba.