(c) 2014-16 Diego Buendía
Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
α Día 2016-12-20 ω


6313Bien entendieron todas que la vieja se quería quedar sola, 6314pero no pudieron dejar de obedecerla, porque las mandaba a todas.

6315Fuéronse las criadas y ella acudió a la sala a persuadir a Leonora acudiese a la voluntad de Loaysa, 6316con una larga y tan concertada arenga, que pareció que de muchos días la tenía estudiada. Encarecióle su gentileza, 6317su valor, su donaire y sus muchas gracias.

6318Pintóle de cuánto más gusto le serían los abrazos del amante mozo que los del marido viejo, 6319asegurándole el secreto y la duración del deleite, con otras cosas semejantes a éstas, 6320que el demonio le puso en la lengua, llenas de colores retóricos, tan demonstrativos y eficaces, 6321que movieran no sólo el corazón tierno y poco advertido de la simple e incauta Leonora,

6322sino el de un endurecido mármol. ¡Oh dueñas, 6323nacidas y usadas en el mundo para perdición de mil recatadas y buenas intenciones! ¡Oh, luengas y repulgadas tocas, 6324escogidas para autorizar las salas y los estrados de señoras principales,

6325y cuán al revés de lo que debíades usáis de vuestro casi ya forzoso oficio! En fin, tanto dijo la dueña, 6326tanto persuadió la dueña, que Leonora se rindió, Leonora se engañó y Leonora se perdió, 6327dando en tierra con todas las prevenciones del discreto Carrizales, que dormía el sueño de la muerte de su honra.

6328Tomó Marialonso por la mano a su señora, y, casi por fuerza, preñados de lágrimas los ojos, 6329la llevó donde Loaysa estaba; y, echándoles la bendición con una risa falsa de demonio, cerrando tras la puerta, 6330los dejó encerrados, y ella se puso a dormir en el estrado, o, por mejor decir, a esperar su contento de recudida. 6331Pero, como el desvelo de las pasadas noches la venciese, se quedó dormida en el estrado.

6332Bueno fuera en esta sazón preguntar a Carrizales, a no saber que dormía, que adónde estaban sus advertidos recatos, 6333sus recelos, sus advertimientos, sus persuasiones, los altos muros de su casa, el no haber entrado en ella, 6334ni aun en sombra, alguien que tuviese nombre de varón, el torno estrecho, las gruesas paredes, las ventanas sin luz,

6335el encerramiento notable, la gran dote en que a Leonora había dotado, los regalos continuos que la hacía, 6336el buen tratamiento de sus criadas y esclavas; 6337el no faltar un punto a todo aquello que él imaginaba que habían menester, que podían desear,...

6338Pero ya queda dicho que no había que preguntárselo, porque dormía más de aquello que fuera menester; 6339y si él lo oyera y acaso respondiera, no podía dar mejor respuesta que encoger los hombros y enarcar las cejas y decir: 6340Todo aqueso derribó por los fundamentos la astucia, a lo que yo creo, de un mozo holgazán y vicioso,

6341y la malicia de una falsa dueña, con la inadvertencia de una muchacha rogada y persuadida! 6342" Libre Dios a cada uno de tales enemigos, 6343contra los cuales no hay escudo de prudencia que defienda ni espada de recato que corte.

6344Pero, con todo esto, el valor de Leonora fue tal, que, en el tiempo que más le convenía, 6345le mostró contra las fuerzas villanas de su astuto engañador, pues no fueron bastantes a vencerla, 6346y él se cansó en balde, y ella quedó vencedora y entrambos dormidos. Y, en esto, ordenó el cielo que, 6347a pesar del ungüento, Carrizales despertase, y, como tenía de costumbre, tentó la cama por todas partes; y,

6348no hallando en ella a su querida esposa, saltó de la cama despavorido y atónito, 6349con más ligereza y denuedo que sus muchos años prometían. Y cuando en el aposento no halló a su esposa, 6350y le vio abierto y que le faltaba la llave de entre los colchones, pensó perder el juicio. Pero, reportándose un poco, 6351salió al corredor, y de allí, andando pie ante pie por no ser sentido, llegó a la sala donde la dueña dormía; y,

6352viéndola sola, sin Leonora, fue al aposento de la dueña, y, abriendo la puerta muy quedo, 6353vio lo que nunca quisiera haber visto, vio lo que diera por bien empleado no tener ojos para verlo: 6354vio a Leonora en brazos de Loaysa, 6355durmiendo tan a sueño suelto como si en ellos obrara la virtud del ungüento y no en el celoso anciano.

6356Sin pulsos quedó Carrizales con la amarga vista de lo que miraba; la voz se le pegó a la garganta, 6357los brazos se le cayeron de desmayo, y quedó hecho una estatua de mármol frío; y, 6358aunque la cólera hizo su natural oficio, avivándole los casi muertos espíritus, pudo tanto el dolor, 6359que no le dejó tomar aliento. Y, con todo eso,

6360tomara la venganza que aquella grande maldad requería si se hallara con armas para poder tomarla; y así, 6361determinó volverse a su aposento a tomar una daga y volver a sacar 6362las manchas de su honra con sangre de sus dos enemigos, y aun con toda aquella de toda la gente de su casa.