Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
6234lo cual considerado por Loaysa, les dijo que bien podían hablar alto, 6235porque el ungüento con que estaba untado su señor tenía tal virtud que, fuera de quitar la vida, 6236ponía a un hombre como muerto. 6237-Así lo creo yo -dijo Leonora-; que si así no fuera, ya él hubiera despertado veinte veces, 6238según le hacen de sueño ligero sus muchas indisposiciones; pero, después que le unté, ronca como un animal. 6239-Pues eso es así -dijo la dueña-, vámonos a aquella sala frontera, 6240donde podremos oír cantar aquí al señor y regocijarnos un poco. 6241-Vamos -dijo Leonora-; pero quédese aquí Guiomar por guarda, que nos avise si Carrizales despierta. 6242A lo cual respondió Guiomar:
-¡Yo, negra, quedo; blancas, van. Dios perdone a todas! 6243Quedóse la negra; fuéronse a la sala, donde había un rico estrado, y, cogiendo al señor en medio, se sentaron todas. Y, 6244tomando la buena Marialonso una vela, comenzó a mirar de arriba abajo al bueno del músico, y una decía: "¡Ay, 6245qué copete que tiene tan lindo y tan rizado!" Otra: "¡Ay, qué blancura de dientes! ¡Mal año para piñones mondados, 6246que más blancos ni más lindos sean!" Otra: "¡Ay, qué ojos tan grandes y tan rasgados! Y, por el siglo de mi madre, 6247que son verdes; que no parecen sino que son de esmeraldas!" Ésta alababa la boca, aquélla los pies, 6248y todas juntas hicieron dél una menuda anotomía y pepitoria. Sola Leonora callaba y le miraba, 6249y le iba pareciendo de mejor talle que su velado. 6250En esto, la dueña tomó la guitarra, que tenía el negro, y se la puso en las manos de Loaysa, 6251rogándole que la tocase y que cantase unas coplillas que entonces andaban muy validas en Sevilla, que decían: 6252Madre, la mi madre,
guardas me ponéis. 6253Cumplióle Loaysa su deseo. Levantáronse todas y se comenzaron a hacer pedazos bailando. Sabía la dueña las coplas, 6254y cantólas con más gusto que buena voz; y fueron éstas: 6255Madre, la mi madre,
guardas me ponéis;
que si yo no me guardo,
no me guardaréis.
Dicen que está escrito,
6256y con gran razón,
ser la privación
causa de apetito;
crece en infinito
encerrado amor;
por eso es mejor
6257que no me encerréis;
que si yo, etc.
6258Si la voluntad
por sí no se guarda,
no la harán guarda
miedo o calidad;
romperá, en verdad,
por la misma muerte,
6259hasta hallar la suerte
que vos no entendéis;
que si yo, etc.
6260Quien tiene costumbre
de ser amorosa,
como mariposa
se irá tras su lumbre,
aunque muchedumbre
de guardas le pongan,
6261y aunque más propongan
de hacer lo que hacéis;
que si yo, etc.
6262Es de tal manera
la fuerza amorosa,
que a la más hermosa
la vuelve en quimera;
el pecho de cera,
de fuego la gana,
6263las manos de lana,
de fieltro los pies;
que si yo no me guardo,
mal me guardaréis. 6264Al fin llegaban de su canto y baile el corro de las mozas, guiado por la buena dueña, cuando llegó Guiomar, 6265la centinela, toda turbada, hiriendo de pie y de mano como si tuviera alferecía; y, con voz entre ronca y baja, dijo:
6266-¡Despierto señor, señora; y, señora, despierto señor, y levantas y viene!
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