Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
5973como el pobre negro tenía cuatro dedos de vino sobre los sesos, no acertaba traste; y, con todo eso, 5974le hizo creer Loaysa que ya sabía por lo menos dos tonadas; y era lo bueno que el negro se lo creía, 5975y en toda la noche no hizo otra cosa que tañer con la guitarra destemplada y sin las cuerdas necesarias. 5976Durmieron lo poco que de la noche les quedaba, y, a obra de las seis de la mañana, 5977bajó Carrizales y abrió la puerta de en medio, y también la de la calle, y estuvo esperando al despensero, 5978el cual vino de allí a un poco, y, dando por el torno la comida se volvió a ir, y llamó al negro, 5979que bajase a tomar cebada para la mula y su ración; y, en tomándola, se fue el viejo Carrizales, 5980dejando cerradas ambas puertas, sin echar de ver lo que en la de la calle se había hecho, 5981de que no poco se alegraron maestro y discípulo. 5982Apenas salió el amo de casa, 5983cuando el negro arrebató la guitarra y comenzó a tocar de tal manera que todas las criadas le oyeron, 5984y por el torno le preguntaron: 5985-¿Qué es esto, Luis? ¿De cuándo acá tienes tú guitarra, o quién te la ha dado?
-¿Quién me la ha dado? -respondió Luis-. 5986El mejor músico que hay en el mundo, y el que me ha de enseñar en menos de seis días más de seis mil sones.
5987-Y ¿dónde está ese músico? -preguntó la dueña. 5988-No está muy lejos de aquí -respondió el negro-; y si no fuera por vergüenza y por el temor que tengo a mi señor, 5989quizá os le enseñara luego, y a fe que os holgásedes de verle. 5990-Y ¿adónde puede él estar que nosotras le podamos ver -replicó la dueña-, 5991si en esta casa jamás entró otro hombre que nuestro dueño? 5992-Ahora bien -dijo el negro-, 5993no os quiero decir nada hasta que veáis lo que yo sé y él me ha enseñado en el breve tiempo que he dicho. 5994-Por cierto -dijo la dueña- que, si no es algún demonio el que te ha de enseñar, 5995que yo no sé quién te pueda sacar músico con tanta brevedad.
5996-Andad -dijo el negro-, que lo oiréis y lo veréis algún día. 5997-No puede ser eso -dijo otra doncella-, porque no tenemos ventanas a la calle para poder ver ni oír a nadie. 5998-Bien está -dijo el negro-; que para todo hay remedio si no es para escusar la muerte; 5999y más si vosotras sabéis o queréis callar. 6000-¡Y cómo que callaremos, hermano Luis! -dijo una de las esclavas-. Callaremos más que si fuésemos mudas; 6001porque te prometo, amigo, que me muero por oír una buena voz, que después que aquí nos emparedaron, 6002ni aun el canto de los pájaros habemos oído. 6003Todas estas pláticas estaba escuchando Loaysa con grandísimo contento, 6004pareciéndole que todas se encaminaban a la consecución de su gusto, 6005y que la buena suerte había tomado la mano en guiarlas a la medida de su voluntad. 6006Despidiéronse las criadas con prometerles el negro que, cuando menos se pensasen, las llamaría a oír una muy buena voz; 6007y, con temor que su amo volviese y le hallase hablando con ellas, las dejó y se recogió a su estancia y clausura. 6008Quisiera tomar lición, pero no se atrevió a tocar de día, porque su amo no le oyese, 6009el cual vino de allí a poco espacio, y, cerrando las puertas según su costumbre, se encerró en casa. Y, 6010al dar aquel día de comer por el torno al negro, dijo Luis a una negra que se lo daba, que aquella noche, 6011después de dormido su amo, bajasen todas al torno a oír la voz que les había prometido, sin falta alguna. 6012Verdad es que antes que dijese esto había pedido con muchos ruegos a 6013su maestro fuese contento de cantar y tañer aquella noche al torno, 6014porque él pudiese cumplir la palabra que había dado de hacer oír a las criadas una voz estremada, 6015asegurándole que sería en estremo regalado de todas ellas.
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