Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
5931-No digo tal -dijo Loaysa-, ni Dios tal permita. Bebed, hijo Luis, bebed, y buen provecho os haga, 5932que el vino que se bebe con medida jamás fue causa de daño alguno. 5933-Con medida lo bebo -replicó el negro-: aquí tengo un jarro que cabe una azumbre justa y cabal; 5934éste me llenan las esclavas, sin que mi amo lo sepa, y el despensero, a solapo, me trae una botilla, 5935que también cabe justas dos azumbres, con que se suplen las faltas del jarro. 5936-Digo -dijo Loaysa- que tal sea mi vida como eso me parece, porque la seca garganta ni gruñe ni canta. 5937-Andad con Dios -dijo el negro-; pero mirad que no dejéis de venir a cantar aquí las noches que tardáredes 5938en traer lo que habéis de hacer para entrar acá dentro, que ya me comen los dedos por verlos puestos en la guitarra. 5939-Y ¡cómo si vendré! -replicó Loaysa-. Y aun con tonadicas nuevas. 5940-Eso pido -dijo Luis-; y ahora no me dejéis de cantar algo, porque me vaya a acostar con gusto; y, en lo de la paga, 5941entienda el señor pobre que le he de pagar mejor que un rico. 5942-No reparo en eso -dijo Loaysa-; que, según yo os enseñaré, así me pagaréis, y por ahora escuchad esta tonadilla, 5943que cuando esté dentro veréis milagros.
-Sea en buen hora -respondió el negro. 5944Y, acabado este largo coloquio, cantó Loaysa un romancito agudo, con que dejó al negro tan contento y satisfecho, 5945que ya no veía la hora de abrir la puerta. 5946Apenas se quitó Loaysa de la puerta, cuando, con más ligereza que el traer de sus muletas prometía, 5947se fue a dar cuenta a sus consejeros de su buen comienzo, adivino del buen fin que por él esperaba. 5948Hallólos y contó lo que con el negro dejaba concertado, y otro día hallaron los instrumentos, 5949tales que rompían cualquier clavo como si fuera de palo. 5950No se descuidó el virote de volver a dar música al negro, 5951ni menos tuvo descuido el negro en hacer el agujero por donde cupiese lo que su maestro le diese, 5952cubriéndolo de manera que, a no ser mirado con malicia y sospechosamente, no se podía caer en el agujero. 5953La segunda noche le dio los instrumentos Loaysa, y Luis probó sus fuerzas; y, casi sin poner alguna, 5954se halló rompidos los clavos y con la chapa de la cerradura en las manos: 5955abrió la puerta y recogió dentro a su Orfeo y maestro; y, cuando le vio con sus dos muletas, 5956y tan andrajoso y tan fajada su pierna, quedó admirado. No llevaba Loaysa el parche en el ojo, por no ser necesario, y, 5957así como entró, abrazó a su buen discípulo y le besó en el rostro, y luego le puso una gran bota de vino en las manos, 5958y una caja de conserva y otras cosas dulces, de que llevaba unas alforjas bien proveídas. Y, dejando las muletas, 5959como si no tuviera mal alguno, comenzó a hacer cabriolas, de lo cual se admiró más el negro, a quien Loaysa dijo: 5960-Sabed, hermano Luis, que mi cojera y estropeamiento no nace de enfermedad, sino de industria, 5961con la cual gano de comer pidiendo por amor de Dios, y ayudándome della y de mi música paso la mejor vida del mundo, 5962en el cual todos aquellos que no fueren industriosos y tracistas morirán de hambre; 5963y esto lo veréis en el discurso de nuestra amistad. 5964-Ello dirá -respondió el negro-; pero demos orden de volver esta chapa a su lugar, 5965de modo que no se eche de ver su mudanza.
-En buen hora -dijo Loaysa. 5966Y, sacando clavos de sus alforjas, asentaron la cerradura de suerte que estaba tan bien como de antes, 5967de lo cual quedó contentísimo el negro; y, subiéndose Loaysa al aposento que en el pajar tenía el negro, 5968se acomodó lo mejor que pudo. 5969Encendió luego Luis un torzal de cera y, sin más aguardar, sacó su guitarra Loaysa; y, tocándola baja y suavemente, 5970suspendió al pobre negro de manera que estaba fuera de sí escuchándole. Habiendo tocado un poco, 5971sacó de nuevo colación y diola a su discípulo; y, aunque con dulce, bebió con tan buen talante de la bota, 5972que le dejó más fuera de sentido que la música. Pasado esto, ordenó que luego tomase lición Luis, y,
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