Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
5621Cuando esto oyó Rodolfo, llevado de su amoroso y encendido deseo, 5622y quitándole el nombre de esposo todos los estorbos que la honestidad y decencia del lugar le podían poner, 5623se abalanzó al rostro de Leocadia, y, juntando su boca con la della, 5624estaba como esperando que se le saliese el alma para darle acogida en la suya. Pero, 5625cuando más las lágrimas de todos por lástima crecían, y por dolor las voces se aumentaban, 5626y los cabellos y barbas de la madre y padre de Leocadia arrancados venían a menos, 5627y los gritos de su hijo penetraban los cielos, volvió en sí Leocadia, 5628y con su vuelta volvió la alegría y el contento que de los pechos de los circunstantes se había ausentado. 5629Hallóse Leocadia entre los brazos de Rodolfo, y quisiera con honesta fuerza desasirse dellos; pero él le dijo:
-No, 5630señora, no ha de ser ansí. No es bien que punéis por apartaros de los brazos de aquel que os tiene en el alma. 5631A esta razón acabó de todo en todo de cobrar Leocadia sus sentidos, 5632y acabó doña Estefanía de no llevar más adelante su determinación primera, 5633diciendo al cura que luego luego desposase a su hijo con Leocadia. Él lo hizo ansí, 5634que por haber sucedido este caso en tiempo cuando con sola la voluntad de los contrayentes, 5635sin las diligencias y prevenciones justas y santas que ahora se usan, quedaba hecho el matrimonio, 5636no hubo dificultad que impidiese el desposorio. El cual hecho, 5637déjese a otra pluma y a otro ingenio más delicado que el mío el 5638contar la alegría universal de todos los que en él se hallaron: 5639los abrazos que los padres de Leocadia dieron a Rodolfo, las gracias que dieron al cielo y a sus padres, 5640los ofrecimientos de las partes, la admiración de las camaradas de Rodolfo, 5641que tan impensadamente vieron la misma noche de su llegada tan hermoso desposorio, y más cuando supieron, 5642por contarlo delante de todos doña Estefanía, que Leocadia era la doncella que en su compañía su hijo había robado, 5643de que no menos suspenso quedó Rodolfo. Y, por certificarse más de aquella verdad, 5644preguntó a Leocadia le dijese alguna señal por donde viniese en conocimiento entero de lo que no dudaba, 5645por parecerles que sus padres lo tendrían bien averiguado. Ella respondió: 5646-Cuando yo recordé y volví en mí de otro desmayo, me hallé, señor, en vuestros brazos sin honra; 5647pero yo lo doy por bien empleado, pues, al volver del que ahora he tenido, 5648ansimismo me hallé en los brazos de entonces, pero honrada. Y si esta señal no basta, 5649baste la de una imagen de un crucifijo que nadie os la pudo hurtar sino yo, 5650si es que por la mañana le echastes menos y si es el mismo que tiene mi señora. 5651-Vos lo sois de mi alma, y lo seréis los años que Dios ordenare, bien mío. 5652Y, abrazándola de nuevo, de nuevo volvieron las bendiciones y parabienes que les dieron. 5653Vino la cena, y vinieron músicos que para esto estaban prevenidos. 5654Viose Rodolfo a sí mismo en el espejo del rostro de su hijo; lloraron sus cuatro abuelos de gusto; 5655no quedó rincón en toda la casa que no fuese visitado del júbilo, del contento y de la alegría. Y, 5656aunque la noche volaba con sus ligeras y negras alas, le parecía a Rodolfo que iba y caminaba no con alas, 5657sino con muletas: tan grande era el deseo de verse a solas con su querida esposa. 5658Llegóse, en fin, la hora deseada, porque no hay fin que no le tenga. Fuéronse a acostar todos, 5659quedó toda la casa sepultada en silencio, en el cual no quedará la verdad deste cuento, 5660pues no lo consentirán los muchos hijos y la ilustre descendencia que en Toledo dejaron, y agora viven, 5661estos dos venturosos desposados, que muchos y felices años gozaron de sí mismos, de sus hijos y de sus nietos, 5662permitido todo por el cielo y por la fuerza de la sangre, que vio derramada en el suelo el valeroso, 5663ilustre y cristiano abuelo de Luisico.
▼