(c) 2014-16 Diego Buendía
Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
α Día 2016-12-03 ω


5575Todo esto era traza suya, y de todo lo que había de hacer estaba avisada y advertida Leocadia. 5576Poco tardó en salir Leocadia y dar de la improvisa y más hermosa 5577muestra que pudo dar jamás compuesta y natural hermosura.

5578Venía vestida, por ser invierno, de una saya entera de terciopelo negro, llovida de botones de oro y perlas, 5579cintura y collar de diamantes. Sus mismos cabellos, que eran luengos y no demasiadamente rubios, 5580le servían de adorno y tocas, cuya invención de lazos y rizos y vislumbres de diamantes que con ellas se entretejían,

5581turbaban la luz de los ojos que los miraban. Era Leocadia de gentil disposición y brío; traía de la mano a su hijo, 5582y delante della venían dos doncellas, alumbrándola con dos velas de cera en dos candeleros de plata.

5583Levantáronse todos a hacerla reverencia, 5584como si fuera a alguna cosa del cielo que allí milagrosamente se había aparecido. 5585Ninguno de los que allí estaban embebecidos mirándola parece que, de atónitos, no acertaron a decirle palabra.

5586Leocadia, con airosa gracia y discreta crianza, se humilló a todos; y, 5587tomándola de la mano Estefanía la sentó junto a , frontero de Rodolfo. Al niño sentaron junto a su abuelo.

5588Rodolfo, que desde más cerca miraba la incomparable belleza de Leocadia, decía entre : 5589"Si la mitad desta hermosura tuviera la que mi madre me tiene escogida por esposa, 5590tuviérame yo por el más dichoso hombre del mundo. ¡Válame Dios! ¿Qué es esto que veo? 5591¿Es por ventura algún ángel humano el que estoy mirando?" Y en esto,

5592se le iba entrando por los ojos a tomar posesión de su alma la hermosa imagen de Leocadia, la cual, 5593en tanto que la cena venía, viendo también tan cerca de al que ya quería más que a la luz de los ojos, 5594con que alguna vez a hurto le miraba, comenzó a revolver en su imaginación lo que con Rodolfo había pasado. 5595Comenzaron a enflaquecerse en su alma las esperanzas que de ser su esposo su madre le había dado,

5596temiendo que a la cortedad de su ventura habían de corresponder las promesas de su madre. 5597Consideraba cuán cerca estaba de ser dichosa o sin dicha para siempre. 5598Y fue la consideración tan intensa y los pensamientos tan revueltos,

5599que le apretaron el corazón de manera que comenzó a sudar y a perderse de color en un punto, 5600sobreviniéndole un desmayo que le forzó a reclinar la cabeza en los brazos de doña Estefanía, que, como ansí la vio, 5601con turbación la recibió en ellos.

5602Sobresaltáronse todos, y, dejando la mesa, acudieron a remediarla. 5603Pero el que dio más muestras de sentirlo fue Rodolfo, pues por llegar presto a ella tropezó y cayó dos veces. 5604Ni por desabrocharla ni echarla agua en el rostro volvía en ; antes, el levantado pecho y el pulso, 5605que no se le hallaban, iban dando precisas señales de su muerte; y las criadas y criados de casa,

5606como menos considerados, dieron voces y la publicaron por muerta. 5607Estas amargas nuevas llegaron a los oídos de los padres de Leocadia, 5608que para más gustosa ocasión los tenía doña Estefanía escondidos. Los cuales, con el cura de la parroquia, 5609que ansimismo con ellos estaba, rompiendo el orden de Estefanía, salieron a la sala.

5610Llegó el cura presto, por ver si por algunas señales daba indicios de arrepentirse de sus pecados, 5611para absolverla dellos; y donde pensó hallar un desmayado halló dos, porque ya estaba Rodolfo, 5612puesto el rostro sobre el pecho de Leocadia. Diole su madre lugar que a ella llegase,

5613como a cosa que había de ser suya; pero, cuando vio que también estaba sin sentido, estuvo a pique de perder el suyo, 5614y le perdiera si no viera que Rodolfo tornaba en , como volvió, 5615corrido de que le hubiesen visto hacer tan estremados estremos.

5616Pero su madre, casi como adivina de lo que su hijo sentía, le dijo:
-No te corras, hijo, de los estremos que has hecho,
5617sino córrete de los que no hicieres cuando sepas lo que no quiero tenerte más encubierto, 5618puesto que pensaba dejarlo hasta más alegre coyuntura. Has de saber, hijo de mi alma,

5619que esta desmayada que en los brazos tengo es tu verdadera esposa: 5620llamo verdadera porque yo y tu padre te la teníamos escogida, que la del retrato es falsa.