Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
5484que fueron aquellas que bastaron para contarle la travesura de su hijo, la deshonra suya, el robo, 5485el cubrirle los ojos, el traerla a aquel aposento, las señales en que había conocido ser aquel mismo que sospechaba. 5486Para cuya confirmación sacó del pecho la imagen del crucifijo que había llevado, a quien dijo: 5487-Tú, Señor, que fuiste testigo de la fuerza que se me hizo, sé juez de la enmienda que se me debe hacer. 5488De encima de aquel escritorio te llevé con propósito de acordarte siempre mi agravio, no para pedirte venganza dél, 5489que no la pretendo, sino para rogarte me dieses algún consuelo con que llevar en paciencia mi desgracia. 5490»Este niño, señora, con quien habéis mostrado el estremo de vuestra caridad, es vuestro verdadero nieto. 5491Permisión fue del cielo el haberle atropellado, para que, trayéndole a vuestra casa, hallase yo en ella, 5492como espero que he de hallar, si no el remedio que mejor convenga, y cuando no con mi desventura, 5493a lo menos el medio con que pueda sobrellevalla. 5494Diciendo esto, abrazada con el crucifijo, cayó desmayada en los brazos de Estefanía, la cual, en fin, 5495como mujer y noble, en quien la compasión y misericordia suele ser tan natural como la crueldad en el hombre, 5496apenas vio el desmayo de Leocadia, cuando juntó su rostro con el suyo, 5497derramando sobre él tantas lágrimas que no fue menester esparcirle otra agua encima para que Leocadia en sí volviese. 5498Estando las dos desta manera, acertó a entrar el caballero marido de Estefanía, que traía a Luisico de la mano; y, 5499viendo el llanto de Estefanía y el desmayo de Leocadia, preguntó a gran priesa le dijesen la causa de do procedía. 5500El niño abrazaba a su madre por su prima y a su abuela por su bienhechora, y asimismo preguntaba por qué lloraban. 5501-Grandes cosas, señor, hay que deciros -respondió Estefanía a su marido-, 5502cuyo remate se acabará con deciros que hagáis cuenta que esta desmayada es hija vuestra y este niño vuestro nieto. 5503Esta verdad que os digo me ha dicho esta niña, y la ha confirmado y confirma el rostro deste niño, 5504en el cual entrambos habemos visto el de nuestro hijo. 5505-Si más no os declaráis, señora, yo no os entiendo -replicó el caballero. 5506En esto volvió en sí Leocadia, y, abrazada del crucifijo, parecía estar convertida en un mar de llanto. 5507Todo lo cual tenía puesto en gran confusión al caballero, 5508de la cual salió contándole su mujer todo aquello que Leocadia le había contado; y él lo creyó, 5509por divina permisión del cielo, como si con muchos y verdaderos testigos se lo hubieran probado. 5510Consoló y abrazó a Leocadia, besó a su nieto, y aquel mismo día despacharon un correo a Nápoles, 5511avisando a su hijo se viniese luego, 5512porque le tenían concertado casamiento con una mujer hermosa sobremanera y tal cual para él convenía. 5513No consintieron que Leocadia ni su hijo volviesen más a la casa de sus padres, los cuales, 5514contentísimos del buen suceso de su hija, daban sin cesar infinitas gracias a Dios por ello. 5515Llegó el correo a Nápoles, y Rodolfo, con la golosina de gozar tan hermosa mujer como su padre le significaba, 5516de allí a dos días que recibió la carta, 5517ofreciéndosele ocasión de cuatro galeras que estaban a punto de venir a España, 5518se embarcó en ellas con sus dos camaradas, que aún no le habían dejado, 5519y con próspero suceso en doce días llegó a Barcelona, y de allí, por la posta, 5520en otros siete se puso en Toledo y entró en casa de su padre, tan galán y tan bizarro, 5521que los etremos de la gala y de la bizarría estaban en él todos juntos. 5522Alegráronse sus padres con la salud y bienvenida de su hijo. Suspendióse Leocadia, que de parte escondida le miraba, 5523por no salir de la traza y orden que doña Estefanía le había dado. 5524Las camaradas de Rodolfo quisieran irse a sus casas luego, 5525pero no lo consintió Estefanía por haberlos menester para su designio. Estaba cerca la noche cuando Rodolfo llegó, y, 5526en tanto que se aderezaba la cena, Estefanía llamó aparte las camaradas de su hijo, creyendo, sin duda alguna,
▼