Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
5389de quien los soldados se acuerdan cuando de aquellas partes vienen a éstas y 5390pasan por la estrecheza e incomodidades de las ventas y mesones de España. Finalmente, 5391él se fue con tan poca memoria de lo que con Leocadia le había sucedido, como si nunca hubiera pasado. 5392Ella, en este entretanto, pasaba la vida en casa de sus padres con el recogimiento posible, 5393sin dejar verse de persona alguna, temerosa que su desgracia se la habían de leer en la frente. 5394Pero a pocos meses vio serle forzoso hacer por fuerza lo que hasta allí de grado hacía. 5395Vio que le convenía vivir retirada y escondida, porque se sintió preñada: 5396suceso por el cual las en algún tanto olvidadas lágrimas volvieron a sus ojos, 5397y los suspiros y lamentos comenzaron de nuevo a herir los vientos, 5398sin ser parte la discreción de su buena madre a consolalla. Voló el tiempo, y llegóse el punto del parto, 5399y con tanto secreto, que aun no se osó fiar de la partera; usurpando este oficio la madre, 5400dio a la luz del mundo un niño de los hermosos que pudieran imaginarse. Con el mismo recato y secreto que había nacido, 5401le llevaron a una aldea, donde se crió cuatro años, al cabo de los cuales, con nombre de sobrino, 5402le trujo su abuela a su casa, donde se criaba, si no muy rica, a lo menos muy virtuosamente. 5403Era el niño (a quien pusieron nombre Luis, por llamarse así su abuelo), de rostro hermoso, de condición mansa, 5404de ingenio agudo, y, en todas las acciones que en aquella edad tierna podía hacer, 5405daba señales de ser de algún noble padre engendrado; y de tal manera su gracia, 5406belleza y discreción enamoraron a sus abuelos, 5407que vinieron a tener por dicha la desdicha de su hija por haberles dado tal nieto. Cuando iba por la calle, 5408llovían sobre él millares de bendiciones: unos bendecían su hermosura, otros la madre que lo había parido, 5409éstos el padre que le engendró, aquéllos a quien tan bien criado le criaba. 5410Con este aplauso de los que le conocían y no conocían, llegó el niño a la edad de siete años, 5411en la cual ya sabía leer latín y romance y escribir formada y muy buena letra; 5412porque la intención de sus abuelos era hacerle virtuoso y sabio, ya que no le podían hacer rico; 5413como si la sabiduría y la virtud no fuesen las riquezas sobre quien no tienen jurisdición 5414los ladrones, ni la que llaman Fortuna. 5415Sucedió, pues, que un día que el niño fue con un recaudo de su abuela a una parienta suya, 5416acertó a pasar por una calle donde había carrera de caballeros. Púsose a mirar, y, por mejorarse de puesto, 5417pasó de una parte a otra, a tiempo que no pudo huir de ser atropellado de un caballo, 5418a cuyo dueño no fue posible detenerle en la furia de su carrera. Pasó por encima dél, y dejóle como muerto, 5419tendido en el suelo, derramando mucha sangre de la cabeza. Apenas esto hubo sucedido, 5420cuando un caballero anciano que estaba mirando la carrera, 5421con no vista ligereza se arrojó de su caballo y fue donde estaba el niño; y, 5422quitándole de los brazos de uno que ya le tenía, le puso en los suyos, y, 5423sin tener cuenta con sus canas ni con su autoridad, que era mucha, a paso largo se fue a su casa, 5424ordenando a sus criados que le dejasen y fuesen a buscar un cirujano que al niño curase. 5425Muchos caballeros le siguieron, lastimados de la desgracia de tan hermoso niño, 5426porque luego salió la voz que el atropellado era Luisico, el sobrino del tal caballero, nombrando a su abuelo. 5427Esta voz corrió de boca en boca hasta que llegó a los oídos de sus abuelos y de su encubierta madre; los cuales, 5428certificados bien del caso, como desatinados y locos, salieron a buscar a su querido; 5429y por ser tan conocido y tan principal el caballero que le había llevado, 5430muchos de los que encontraron les dijeron su casa, 5431a la cual llegaron a tiempo que ya estaba el niño en poder del cirujano. 5432El caballero y su mujer, dueños de la casa, 5433pidieron a los que pensaron ser sus padres que no llorasen ni alzasen la voz a quejarse, 5434porque no le sería al niño de ningún provecho. El cirujano, que era famoso, 5435habiéndole curado con grandísimo tiento y maestría,
▼