Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
5340hasta la plaza que llaman de Ayuntamiento; y allí, en voz trocada y en lengua medio portuguesa y castellana, 5341le dijo que seguramente podía irse a su casa, porque de nadie sería seguida; y, 5342antes que ella tuviese lugar de quitarse el pañuelo, ya él se había puesto en parte donde no pudiese ser visto. 5343Quedó sola Leocadia, quitóse la venda, reconoció el lugar donde la dejaron. Miró a todas partes, no vio a persona; 5344pero, sospechosa que desde lejos la siguiesen, a cada paso se detenía, dándolos hacia su casa, 5345que no muy lejos de allí estaba. Y, por desmentir las espías, si acaso la seguían, 5346se entró en una casa que halló abierta, y de allí a poco se fue a la suya, 5347donde halló a sus padres atónitos y sin desnudarse, y aun sin tener pensamiento de tomar descanso alguno. 5348Cuando la vieron, corrieron a ella con brazos abiertos, y con lágrimas en los ojos la recibieron. Leocadia, 5349llena de sobresalto y alboroto, hizo a sus padres que se tirasen con ella aparte, como lo hicieron; y allí, 5350en breves palabras, les dio cuenta de todo su desastrado suceso, 5351con todas la circunstancias dél y de la ninguna noticia que traía del salteador y robador de su honra. 5352Díjoles lo que había visto en el teatro donde se representó la tragedia de su desventura: la ventana, el jardín, 5353la reja, los escritorios, la cama, los damascos; y a lo último les mostró el crucifijo que había traído, 5354ante cuya imagen se renovaron las lágrimas, se hicieron deprecaciones, 5355se pidieron venganzas y desearon milagrosos castigos. Dijo ansimismo que, 5356aunque ella no deseaba venir en conocimiento de su ofensor, que si a sus padres les parecía ser bien conocelle, 5357que por medio de aquella imagen podrían, 5358haciendo que los sacristanes dijesen en los púlpitos de todas las parroquias de la ciudad, 5359que el que hubiese perdido tal imagen la hallaría en poder del religioso que ellos señalasen; y que ansí, 5360sabiendo el dueño de la imagen, se sabría la casa y aun la persona de su enemigo. 5361A esto replicó el padre:
-Bien habías dicho, hija, si la malicia ordinaria no se opusiera a tu discreto discurso, 5362pues está claro que esta imagen hoy, en este día, se ha de echar menos en el aposento que dices, 5363y el dueño della ha de tener por cierto que la persona que con él estuvo se la llevó; y, 5364de llegar a su noticia que la tiene algún religioso, antes ha de servir de conocer quién se la dio al tal que la tiene, 5365que no de declarar el dueño que la perdió, 5366porque puede hacer que venga por ella otro a quien el dueño haya dado las señas. Y, siendo esto ansí, 5367antes quedaremos confusos que informados; puesto que podamos usar del mismo artificio que sospechamos, 5368dándola al religioso por tercera persona. Lo que has de hacer, hija, es guardarla y encomendarte a ella; que, 5369pues ella fue testigo de tu desgracia, permitirá que haya juez que vuelva por tu justicia. Y advierte, hija, 5370que más lastima una onza de deshonra pública que una arroba de infamia secreta. Y, 5371pues puedes vivir honrada con Dios en público, no te pene de estar deshonrada contigo en secreto: 5372la verdadera deshonra está en el pecado, y la verdadera honra en la virtud; con el dicho, 5373con el deseo y con la obra se ofende a Dios; y, pues tú, ni en dicho, ni en pensamiento, ni en hecho le has ofendido, 5374tente por honrada, que yo por tal te tendré, sin que jamás te mire sino como verdadero padre tuyo. 5375Con estas prudentes razones consoló su padre a Leocadia, y, abrazándola de nuevo su madre, procuró también consolarla. 5376Ella gimió y lloró de nuevo, y se redujo a cubrir la cabeza, como dicen, 5377y a vivir recogidamente debajo del amparo de sus padres, con vestido tan honesto como pobre. 5378Rodolfo, en tanto, vuelto a su casa, echando menos la imagen del crucifijo, imaginó quién podía haberla llevado; 5379pero no se le dio nada, y, como rico, no hizo cuenta dello, ni sus padres se la pidieron cuando de allí a tres días, 5380que él se partió a Italia, entregó por cuenta a una camarera de su madre todo lo que en el aposento dejaba. 5381Muchos días había que tenía Rodolfo determinado de pasar a Italia; y su padre, que había estado en ella, 5382se lo persuadía, diciéndole que no eran caballeros los que solamente lo eran en su patria, 5383que era menester serlo también en las ajenas. Por estas y otras razones, 5384se dispuso la voluntad de Rodolfo de cumplir la de su padre, el cual le dio crédito de muchos dineros para Barcelona, 5385Génova, Roma y Nápoles; y él, con dos de sus camaradas, se partió luego, 5386goloso de lo que había oído decir a algunos soldados de la abundancia de las hosterías de Italia y Francia, 5387[y] de la libertad que en los alojamientos tenían los españoles. Sonábale bien aquel Eco li buoni polastri, picioni, 5388presuto e salcicie, con otros nombres deste jaez,
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