(c) 2014-16 Diego Buendía
Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
α Día 2016-11-27 ω


5293y si temes que te pueda conocer en la habla, hágote saber que, fuera de mi padre y de mi confesor, 5294no he hablado con hombre alguno en mi vida, 5295y a pocos he oído hablar con tanta comunicación que pueda distinguirles por el sonido de la habla.

5296La respuesta que dio Rodolfo a las discretas razones de la lastimada Leocadia no fue otra que abrazarla, 5297dando muestras que quería volver a confirmar en él su gusto y en ella su deshonra. Lo cual visto por Leocadia, 5298con más fuerzas de las que su tierna edad prometían, se defendió con los pies, con las manos, 5299con los dientes y con la lengua, diciéndole:

5300-Haz cuenta, traidor y desalmado hombre, quienquiera que seas, 5301que los despojos que de has llevado son los que podiste tomar de un tronco o de una coluna sin sentido, 5302cuyo vencimiento y triunfo ha de redundar en tu infamia y menosprecio.

5303Pero el que ahora pretendes no le has de alcanzar sino con mi muerte. Desmayada me pisaste y aniquilaste; mas, 5304ahora que tengo bríos, antes podrás matarme que vencerme: que si ahora, despierta, 5305sin resistencia concediese con tu abominable gusto, 5306podrías imaginar que mi desmayo fue fingido cuando te atreviste a destruirme.

5307Finalmente, tan gallarda y porfiadamente se resistió Leocadia, 5308que las fuerzas y los deseos de Rodolfo se enflaquecieron; y, 5309como la insolencia que con Leocadia había usado no tuvo otro principio que de un ímpetu lascivo, 5310del cual nunca nace el verdadero amor, que permanece, en lugar del ímpetu, que se pasa, queda,

5311si no el arrepentimiento, a lo menos una tibia voluntad de segundalle. Frío, pues, y cansado Rodolfo, 5312sin hablar palabra alguna, dejó a Leocadia en su cama y en su casa; y, cerrando el aposento, 5313se fue a buscar a sus camaradas para aconsejarse con ellos de lo que hacer debía.

5314Sintió Leocadia que quedaba sola y encerrada; y, levantándose del lecho, anduvo todo el aposento, 5315tentando las paredes con las manos, por ver si hallaba puerta por do irse o ventana por do arrojarse. Halló la puerta, 5316pero bien cerrada, y topó una ventana que pudo abrir, por donde entró el resplandor de la luna, tan claro,

5317que pudo distinguir Leocadia las colores de unos damascos que el aposento adornaban. Vio que era dorada la cama, 5318y tan ricamente compuesta que más parecía lecho de príncipe que de algún particular caballero.

5319Contó las sillas y los escritorios; notó la parte donde la puerta estaba, y, 5320aunque vio pendientes de las paredes algunas tablas, no pudo alcanzar a ver las pinturas que contenían.

5321La ventana era grande, guarnecida y guardada de una gruesa reja; 5322la vista caía a un jardín que también se cerraba con paredes altas; 5323dificultades que se opusieron a la intención que de arrojarse a la calle tenía.

5324Todo lo que vio y notó de la capacidad y ricos adornos de aquella estancia 5325le dio a entender que el dueño della debía de ser hombre principal y rico, y no comoquiera, sino aventajadamente.

5326En un escritorio, que estaba junto a la ventana, vio un crucifijo pequeño, todo de plata, 5327el cual tomó y se le puso en la manga de la ropa, no por devoción ni por hurto, 5328sino llevada de un discreto designio suyo. Hecho esto, cerró la ventana como antes estaba y volvióse al lecho, 5329esperando qué fin tendría el mal principio de su suceso.

5330No habría pasado, a su parecer, media hora, 5331cuando sintió abrir la puerta del aposento y que a ella se llegó una persona; y, sin hablarle palabra, 5332con un pañuelo le vendó los ojos, y tomándola del brazo la sacó fuera de la estancia, 5333y sintió que volvía a cerrar la puerta. Esta persona era Rodolfo, el cual, aunque había ido a buscar a sus camaradas,

5334no quiso hallarlas, pareciéndole que no le estaba bien hacer testigos de lo que con aquella doncella había pasado; 5335antes, se resolvió en decirles que, arrepentido del mal hecho y movido de sus lágrimas, 5336la había dejado en la mitad del camino. Con este acuerdo volvió tan presto a poner a Leocadia junto a la iglesia mayor,

5337como ella se lo había pedido, antes que amaneciese y el día le estorbase de echalla, 5338y le forzase a tenerla en su aposento hasta la noche venidera, 5339en el cual espacio de tiempo ni él quería volver a usar de sus fuerzas ni dar ocasión a ser conocido. Llevóla, pues,