Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
4946Oyó esto un mozo de mulas, porque de todo género de gente le estaba escuchando contino, y díjole:
-De nosotros, 4947señor Redoma, poco o nada hay que decir, porque somos gente de bien y necesaria en la república. 4948A lo cual respondió Vidriera:
-La honra del amo descubre la del criado. Según esto, 4949mira a quién sirves y verás cuán honrado eres: mozos sois vosotros de la más ruin canalla que sustenta la tierra. 4950Una vez, cuando no era de vidrio, caminé una jornada en una mula de alquiler tal, 4951que le conté ciento y veinte y una tachas, todas capitales y enemigas del género humano. 4952Todos los mozos de mulas tienen su punta de rufianes, su punta de cacos, y su es no es de truhanes. 4953Si sus amos (que así llaman ellos a los que llevan en sus mulas) son boquimuelles, 4954hacen más suertes en ellos que las que echaron en esta ciudad los años pasados: si son estranjeros, los roban; 4955si estudiantes, los maldicen; y si religiosos, los reniegan; y si soldados, los tiemblan. Estos, 4956y los marineros y carreteros y arrieros, tienen un modo de vivir extraordinario y sólo para ellos: 4957el carretero pasa lo más de la vida en espacio de vara y media de lugar, 4958que poco más debe de haber del yugo de las mulas a la boca del carro; 4959canta la mitad del tiempo y la otra mitad reniega; y en decir: "Háganse a zaga" se les pasa otra parte; 4960y si acaso les queda por sacar alguna rueda de algún atolladero, más se ayudan de dos pésetes que de tres mulas. 4961Los marineros son gente gentil, inurbana, que no sabe otro lenguaje que el que se usa en los navíos; 4962en la bonanza son diligentes y en la borrasca perezosos; en la tormenta mandan muchos y obedecen pocos; 4963su Dios es su arca y su rancho, y su pasatiempo ver mareados a los pasajeros. 4964Los arrieros son gente que ha hecho divorcio con las sábanas y se ha casado con las enjalmas; 4965son tan diligentes y presurosos que, a trueco de no perder la jornada, perderán el alma; su música es la del mortero; 4966su salsa, la hambre; sus maitines, levantarse a dar sus piensos; y sus misas, no oír ninguna. 4967Cuando esto decía, estaba a la puerta de un boticario, y, volviéndose al dueño, le dijo:
4968-Vuesa merced tiene un saludable oficio, si no fuese tan enemigo de sus candiles.
4969-¿En qué modo soy enemigo de mis candiles? -preguntó el boticario. 4970Y respondió Vidriera:
-Esto digo porque, en faltando cualquiera aceite, la suple la del candil que está más a mano; 4971y aún tiene otra cosa este oficio bastante a quitar el crédito al más acertado médico del mundo. 4972Preguntándole por qué, respondió que había boticario que, 4973por no decir que faltaba en su botica lo que recetaba el médico, 4974por las cosas que le faltaban ponía otras que a su parecer tenían la misma virtud y calidad, no siendo así; y con esto, 4975la medicina mal compuesta obraba al revés de lo que había de obrar la bien ordenada. 4976Preguntóle entonces uno que qué sentía de los médicos, y respondió esto: 4977-Honora medicum propter necessitatem, etenim creavit eum Altissimus. A Deo enim est omnis medela, 4978et a rege accipiet donationem. Disciplina medici exaltavit caput illius, et in conspectu magnatum collaudabitur. 4979Altissimus de terra creavit medicinam, et vir prudens non ab[h]orrebit illam. 4980Esto dice -dijo- el Eclesiástico de la medicina y de los buenos médicos, y de los malos se podría decir todo al revés, 4981porque no hay gente más dañosa a la república que ellos. El juez nos puede torcer o dilatar la justicia; el letrado, 4982sustentar por su interés nuestra injusta demanda; el mercader, chuparnos la hacienda; finalmente, 4983todas las personas con quien de necesidad tratamos nos pueden hacer algún daño; pero quitarnos la vida, 4984sin quedar sujetos al temor del castigo, ninguno. 4985Sólo los médicos nos pueden matar y nos matan sin temor y a pie quedo, sin desenvainar otra espada que la de un récipe. 4986Y no hay descubrirse sus delictos, porque al momento los meten debajo de la tierra. 4987Acuérdaseme que cuando yo era hombre de carne, y no de vidrio como agora soy, 4988que a un médico destos de segunda clase le despidió un enfermo por curarse con otro, y el primero, 4989de allí a cuatro días, acertó a pasar por la botica donde receptaba el segundo, 4990y preguntó al boticario que cómo le iba al enfermo que él había dejado, 4991y que si le había receptado alguna purga el otro médico. 4992El boticario le respondió que allí tenía una recepta de purga que el día siguiente había de tomar el enfermo. 4993Dijo que se la mostrase, y vio que al fin della estaba escrito: Sumat dilúculo; y dijo: 4994"Todo lo que lleva esta purga me contenta, si no es este dilúculo, porque es húmido demasiadamente".
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