(c) 2014-16 Diego Buendía
Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
α Día 2016-11-12 ω


4692sin que entre todos estos señores osase parecer la bajeza del Romanesco. Y, 4693habiendo hecho el huésped la reseña de tantos y tan diferentes vinos, se ofreció de hacer parecer allí, 4694sin usar de tropelía, ni como pintados en mapa, sino real y verdaderamente, a Madrigal, Coca, Alaejos,

4695y a la imperial más que Real Ciudad, recámara del dios de la risa; ofreció a Esquivias, a Alanís, a Cazalla, 4696Guadalcanal y la Membrilla, sin que se le olvidase de Ribadavia y de Descargamaría. Finalmente, 4697más vinos nombró el huésped, y más les dio, que pudo tener en sus bodegas el mismo Baco.

4698Admiráronle también al buen Tomás los rubios cabellos de las ginovesas, 4699y la gentileza y gallarda disposición de los hombres; la admirable belleza de la ciudad, 4700que en aquellas peñas parece que tiene las casas engastadas como diamantes en oro.

4701Otro día se desembarcaron todas las compañías que habían de ir al Piamonte; pero no quiso Tomás hacer este viaje, 4702sino irse desde allí por tierra a Roma y a Nápoles, como lo hizo, 4703quedando de volver por la gran Venecia y por Loreto a Milán y al Piamonte, 4704donde dijo don Diego de Valdivia que le hallaría si ya no los hubiesen llevado a Flandes, según se decía.

4705Despidióse Tomás del capitán de allí a dos días, y en cinco llegó a Florencia, habiendo visto primero a Luca, 4706ciudad pequeña, pero muy bien hecha, y en la que, mejor que en otras partes de Italia, 4707son bien vistos y agasajados los españoles. Contentóle Florencia en estremo, 4708así por su agradable asiento como por su limpieza, sumptuosos edificios, fresco río y apacibles calles.

4709Estuvo en ella cuatro días, y luego se partió a Roma, reina de las ciudades y señora del mundo. Visitó sus templos, 4710adoró sus reliquias y admiró su grandeza; y, 4711así como por las uñas del león se viene en conocimiento de su grandeza y ferocidad, 4712así él sacó la de Roma por sus despedazados mármoles, medias y enteras estatuas,

4713por sus rotos arcos y derribadas termas, por sus magníficos pórticos y anfiteatros grandes; por su famoso y santo río, 4714que siempre llena sus márgenes de agua y las beatifica con las infinitas 4715reliquias de cuerpos de mártires que en ellas tuvieron sepultura; por sus puentes, 4716que parece que se están mirando unas a otras,

4717que con sólo el nombre cobran autoridad sobre todas las de las otras ciudades del mundo: la vía Apia, la Flaminia, 4718la Julia, con otras deste jaez. Pues no le admiraba menos la división de sus montes dentro de misma: el Celio, 4719el Quirinal y el Vaticano, con los otros cuatro, cuyos nombres manifiestan la grandeza y majestad romana.

4720Notó también la autoridad del Colegio de los Cardenales, la majestad del Sumo Pontífice, 4721el concurso y variedad de gentes y naciones. Todo lo miró, y notó y puso en su punto. Y, 4722habiendo andado la estación de las siete iglesias, y confesádose con un penitenciario, y besado el pie a Su Santidad, 4723lleno de agnusdeis y cuentas, determinó irse a Nápoles; y, por ser tiempo de mutación,

4724malo y dañoso para todos los que en él entran o salen de Roma, como hayan caminado por tierra, 4725se fue por mar a Nápoles, donde a la admiración que traía de haber visto a Roma añadió la que le causó ver a Nápoles, 4726ciudad, a su parecer y al de todos cuantos la han visto, la mejor de Europa y aun de todo el mundo.

4727Desde allí se fue a Sicilia, y vio a Palermo, y después a Micina; de Palermo le pareció bien el asiento y belleza, 4728y de Micina, el puerto, y de toda la isla, la abundancia, 4729por quien propiamente y con verdad es llamada granero de Italia. Volvióse a Nápoles y a Roma, 4730y de allí fue a Nuestra Señora de Loreto, en cuyo santo templo no vio paredes ni murallas,

4731porque todas estaban cubiertas de muletas, de mortajas, de cadenas, de grillos, de esposas, de cabelleras, 4732de medios bultos de cera y de pinturas y retablos, 4733que daban manifiesto indicio de las inumerables mercedes que muchos habían recebido de la mano de Dios,

4734por intercesión de su divina Madre, 4735que aquella sacrosanta imagen suya quiso engrandecer y autorizar con muchedumbre de milagros, 4736en recompensa de la devoción que le tienen aquellos que con semejantes doseles tienen adornados los muros de su casa.

4737Vio el mismo aposento y estancia donde se relató la más alta embajada 4738y de más importancia que vieron y no entendieron todos los cielos, 4739y todos los ángeles y todos los moradores de las moradas sempiternas.

4740Desde allí, embarcándose en Ancona, fue a Venecia, ciudad que, a no haber nacido Colón en el mundo, 4741no tuviera en él semejante: merced al cielo y al gran Hernando Cortés, que conquistó la gran Méjico, 4742para que la gran Venecia tuviese en alguna manera quien se le opusiese.