Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
4409Hija de mi alma: bien conociste a Guillarte, el paje de Ricaredo. Éste se fue con él al viaje, que por otra te avisé, 4410que Ricaredo a Francia y a otras partes había hecho el segundo día de tu partida. Pues este mismo Guillarte, 4411a cabo de diez y seis meses que no habíamos sabido de mi hijo, 4412entró ayer por nuestra puerta con nuevas que el conde Arnesto había muerto a traición en Francia a Ricaredo. Considera, 4413hija, cuál quedaríamos su padre y yo y su esposa con tales nuevas; tales, digo, 4414que aun no nos dejaron poner en duda nuestra desventura. Lo que Clotaldo y yo te rogamos otra vez, hija de mi alma, 4415es que encomiendes muy de veras a Dios la de Ricaredo, 4416que bien merece este beneficio el que tanto te quiso como tú sabes. 4417También pedirás a Nuestro Señor nos dé a nosotros paciencia y buena muerte, 4418a quien nosotros también pediremos y suplicaremos te dé a ti y a tus padres largos años de vida. 4419Por la letra y por la firma, no le quedó que dudar a Isabela para no creer la muerte de su esposo. 4420Conocía muy bien al paje Guillarte, 4421y sabía que era verdadero y que de suyo no habría querido ni tenía para qué fingir aquella muerte; ni menos su madre, 4422la señora Catalina, la habría fingido, por no importarle nada enviarle nuevas de tanta tristeza. Finalmente, 4423ningún discurso que hizo, ninguna cosa que imaginó, 4424le pudo quitar del pensamiento no ser verdadera la nueva de su desventura. 4425Acabada de leer la carta, sin derramar lágrimas ni dar señales de doloroso sentimiento, con sesgo rostro y, al parecer, 4426con sosegado pecho, se levantó de un estrado donde estaba sentada y se entró en un oratorio; y, 4427hincándose de rodillas ante la imagen de un devoto crucifijo, hizo voto de ser monja, 4428pues lo podía ser teniéndose por viuda. 4429Sus padres disimularon y encubrieron con discreción la pena que les había dado la triste nueva, 4430por poder consolar a Isabela en la amarga que sentía; la cual, casi como satisfecha de su dolor, 4431templándole con la santa y cristiana resolución que había tomado, ella consolaba a sus padres, 4432a los cuales descubrió su intento, y ellos le aconsejaron que no le pusiese en ejecución hasta que pasasen 4433los dos años que Ricaredo había puesto por término a su venida; 4434que con esto se confirmaríala verdad de la muerte de Ricaredo, y ella con más seguridad podía mudar de estado. 4435Ansí lo hizo Isabela, y los seis meses y medio que quedaban para cumplirse los dos años, 4436los pasó en ejercicios de religiosa y en concertar la entrada del monasterio, habiendo elegido el de Santa Paula, 4437donde estaba su prima. 4438Pasóse el término de los dos años y llegóse el día de tomar el hábito, cuya nueva se estendió por la ciudad; 4439y de los que conocían de vista a Isabela, y de aquéllos que por sola su fama, 4440se llenó el monasterio y la poca distancia que dél a la casa de Isabela había. Y, 4441convidando su padre a sus amigos y aquéllos a otros, 4442hicieron a Isabela uno de los más honrados acompañamientos que en semejantes actos se había visto en Sevilla. 4443Hallóse en él el asistente, y el provisor de la Iglesia y vicario del arzobispo, 4444con todas las señoras y señores de título que había en la ciudad: 4445tal era el deseo que en todos había de ver el sol de la hermosura de Isabela, que tantos meses se les había eclipsado. 4446Y, como es costumbre de las doncellas que van a tomar el hábito ir lo posible galanas y bien compuestas, 4447como quien en aquel punto echa el resto de la bizarría y se descarta della, 4448quiso Isabela ponerse la más bizarra que le fue posible; y así, 4449se vistió con aquel vestido mismo que llevó cuando fue a ver la reina de Inglaterra, 4450que ya se ha dicho cuán rico y cuán vistoso era. Salieron a luz las perlas y el famoso diamante, 4451con el collar y cintura, que asimismo era de mucho valor. 4452Con este adorno y con su gallardía, dando ocasión para que todos alabasen a Dios en ella, 4453salió Isabela de su casa a pie, que el estar tan cerca del monasterio escusó los coches y carrozas.
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