Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
4357Ya Isabela en este tiempo comenzaba a dar grandes esperanzas de volver a cobrar su primera hermosura. 4358Poco más de un mes estuvieron en Cádiz, restaurando los trabajos de la navegación, 4359y luego se fueron a Sevilla por ver si salía cierta la paga de los diez mil ducados que, 4360librados sobre el mercader francés, traían. Dos días después de llegar a Sevilla le buscaron, 4361y le hallaron y le dieron la carta del mercader francés de la ciudad de Londres. Él la reconoció, 4362y dijo que hasta que de París le viniesen las letras y carta de aviso no podía dar el dinero; 4363pero que por momentos aguardaba el aviso. 4364Los padres de Isabela alquilaron una casa principal, frontero de Santa Paula, 4365por ocasión que estaba monja en aquel santo monasterio una sobrina suya, única y estremada en la voz, 4366y así por tenerla cerca como por haber dicho Isabela a Ricaredo que, si viniese a buscarla, 4367la hallaría en Sevilla y le diría su casa su prima la monja de Santa Paula, 4368y que para conocella no había menester más de preguntar por la monja que tenía la mejor voz en el monasterio, 4369porque estas señas no se le podían olvidar. Otros cuarenta días tardaron de venir los avisos de París; y, 4370a dos que llegaron, el mercader francés entregó los diez mil ducados a Isabela, y ella a sus padres; 4371y con ellos y con algunos más que hicieron vendiendo algunas de las muchas joyas de Isabela, 4372volvió su padre a ejercitar su oficio de mercader, no sin admiración de los que sabían sus grandes pérdidas. 4373En fin, en pocos meses fue restaurando su perdido crédito, y la belleza de Isabela volvió a su ser primero, 4374de tal manera que, en hablando de hermosas, todos daban el lauro a la española inglesa; que, 4375tanto por este nombre como por su hermosura, era de toda la ciudad conocida. 4376Por la orden del mercader francés de Sevilla, escribieron Isabela y sus padres a la reina de Inglaterra su llegada, 4377con los agradecimientos y sumisiones que requerían las muchas mercedes della recebidas. Asimismo, 4378escribieron a Clotaldo y a su señora Catalina, llamándolos Isabela padres, y sus padres, señores. 4379De la reina no tuvieron respuesta, pero de Clotaldo y de su mujer sí, 4380donde les daban el parabién de la llegada a salvo, y los avisaban cómo su hijo Ricaredo, 4381otro día después que ellos se hicieron a la vela, se había partido a Francia, y de allí a otras partes, 4382donde le convenía a ir para seguridad de su conciencia, 4383añadiendo a éstas otras razones y cosas de mucho amor y de muchos ofrecimientos. 4384A la cual carta respondieron con otra no menos cortés y amorosa que agradecida. 4385Luego imaginó Isabela que el haber dejado Ricaredo a Inglaterra sería para venirla a buscar a España; y, 4386alentada con esta esperanza, vivía la más contenta del mundo, y procuraba vivir de manera que, 4387cuando Ricaredo llegase a Sevilla, antes le diese en los oídos la fama de sus virtudes que el conocimiento de su casa. 4388Pocas o ninguna vez salía de su casa, si no para el monasterio; 4389no ganaba otros jubileos que aquellos que en el monasterio se ganaban. 4390Desde su casa y desde su oratorio andaba con el pensamiento los viernes de Cuaresma la santísima estación de la cruz, 4391y los siete venideros del Espíritu Santo. Jamás visitó el río, ni pasó a Triana, 4392ni vio el común regocijo en el campo de Tablada y puerta de Jerez el día, si le hace claro, de San Sebastián, 4393celebrado de tanta gente, que apenas se puede reducir a número. Finalmente, 4394no vio regocijo público ni otra fiesta en Sevilla: 4395todo lo libraba en su recogimiento y en sus oraciones y buenos deseos esperando a Ricaredo. 4396Este su grande retraimiento tenía abrasados y encendidos los deseos, no sólo de los pisaverdes del barrio, 4397sino de todos aquellos que una vez la hubiesen visto: de aquí nacieron músicas de noche en su calle y carreras de día. 4398Deste no dejar verse y desearlo muchos crecieron las alhajas de las terceras, 4399que prometieron mostrarse primas y únicas en solicitar a Isabela; 4400y no faltó quien se quiso aprovechar de lo que llaman hechizos, que no son sino embustes y disparates. 4401Pero a todo esto estaba Isabela como roca en mitad del mar, que la tocan, pero no la mueven las olas ni los vientos. 4402Año y medio era ya pasado cuando la esperanza propincua de los dos años por Ricaredo 4403prometidos comenzó con más ahínco que hasta allí a fatigar el corazón de Isabela. Y, 4404cuando ya le parecía que su esposo llegaba y que le tenía ante los ojos, 4405y le preguntaba qué impedimentos le habían detenido tanto; cuando yallegaban a sus oídos las disculpas de su esposo, 4406y cuando ya ella le perdonaba y le abrazaba, y como a mitad de su alma le recebía, 4407llegó a sus manos una carta de la señora Catalina, fecha en Londres cincuenta días había; venía en lengua inglesa, 4408pero, leyéndola en español, vio que así decía:
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