(c) 2014-16 Diego Buendía
Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
α Día 2016-11-01 ω


4203la cual ya de su camarera estaba informada del amor grande que su hijo tenía a Isabela, 4204y con lágrimas había suplicado a la reina perdonase al conde, que, como mozo y enamorado, 4205a mayores yerros estaba sujeto.

4206Llegó Arnesto ante la reina, la cual, sin entrar con él en razones, 4207le mandó quitar la espada y llevasen preso a una torre.

4208Todas estas cosas atormentaban el corazón de Isabela y de sus padres, 4209que tan presto veían turbado el mar de su sosiego.

4210Aconsejó la camarera a la reina que para sosegar el mal que podía suceder entre su parentela y la de Ricaredo, 4211que se quitase la causa de por medio, que era Isabela, enviándola a España, 4212y así cesarían los efetos que debían de temerse; añadiendo a estasrazones decir que Isabela era católica, 4213y tan cristiana que ninguna de sus persuasiones, que habían sido muchas,

4214la habían podido torcer en nada de su católico intento. A lo cual respondió la reina que por eso la estimaba en más, 4215pues tan bien sabía guardar la ley que sus padres la habían enseñado; y que en lo de enviarla a España no tratase, 4216porque su hermosa presencia y sus muchas gracias y virtudes le daban mucho gusto; y que, sin duda, si no aquel día, 4217otro se la había de dar por esposa a Ricaredo, como se lo tenía prometido.

4218Con esta resolución de la reina, quedó la camarera tan desconsolada que no le replicó palabra; y, 4219pareciéndole lo que ya le había parecido, que si no era quitando a Isabela de por medio, 4220no había de haber medio alguno que la rigurosa condición de su hijo ablandase ni redujese a tener paz con Ricaredo, 4221determinó de hacer una de las mayores crueldades que pudo caber jamás en pensamiento de mujer principal,

4222y tanto como ella lo era. Y fue su determinación matar con tósigo a Isabela; y, 4223como por la mayor parte sea la condición de las mujeres ser prestas y determinadas, 4224aquella misma tarde atosigó a Isabela en una conserva que le dio, 4225forzándola que la tomase por ser buena contra las ansias de corazón que sentía.

4226Poco espacio pasó después de haberla tomado, cuando a Isabela se le comenzó a hinchar la lengua y la garganta, 4227y a ponérsele denegridos los labios, y a enronquecérsele la voz, turbársele los ojos y apretársele el pecho: 4228todas conocidas señales de haberle dado veneno. Acudieron las damas a la reina, 4229contándole lo que pasaba y certificándole que la camarera había hecho aquel mal recaudo.

4230No fue menester mucho para que la reina lo creyese, y así, fue a ver a Isabela, que ya casi estaba espirando. 4231Mandó llamar la reina con priesa a sus médicos, y, en tanto que tardaban, la hizo dar cantidad de polvos de unicornio, 4232con otros muchos antídotos que los grandes príncipes suelen tener prevenidos para semejantes necesidades. 4233Vinieron los médicos,

4234y esforzaron los remedios y pidieron a la reina hiciese decir a la camarera qué género de veneno le había dado, 4235porque no se dudaba que otra persona alguna sino ella la hubiese avenenado. Ella lo descubrió, 4236y con esta noticia los médicos aplicaron tantos remedios y tan eficaces, 4237que con ellos y con el ayuda de Dios quedó Isabela con vida, o a lo menos con esperanza de tenerla.

4238Mandó la reina prender a su camarera y encerrarla en un aposento estrecho de palacio, 4239con intención de castigarla como su delito merecía, 4240puesto que ella se disculpaba diciendo que en matar a Isabela hacía sacrificio al cielo, 4241quitando de la tierra a una católica, y con ella la ocasión de las pendencias de su hijo.

4242Estas tristes nuevas oídas de Ricaredo, le pusieron en términos de perder el juicio: 4243tales eran las cosas que hacía y las lastimeras razones con que se quejaba. Finalmente, Isabela no perdió la vida, 4244que el quedar con ella la naturaleza lo comutó en dejarla sin cejas, pestañas y sin cabello; el rostro hinchado,

4245la tez perdida, los cueros levantados y los ojos lagrimosos. Finalmente, quedó tan fea que, 4246como hasta allí había parecido un milagro de hermosura, entonces parecía un monstruo de fealdad. 4247Por mayor desgracia tenían los que la conocían haber quedado de aquella manera que si la hubiera muerto el veneno.

4248Con todo esto, Ricaredo se la pidió a la reina, y le suplicó se la dejase llevar a su casa, 4249porque el amor que la tenía pasaba del cuerpo al alma; y que si Isabela había perdido su belleza, 4250no podía haber perdido sus infinitas virtudes.

4251-Así es -dijo la reina-, lleváosla, Ricaredo, 4252y haced cuenta que lleváis una riquísima joya encerrada en una caja de madera tosca; 4253Dios sabe si quisiera dárosla como me la entregastes, pero, pues no es posible, perdonadme: 4254quizá el castigo que diere a la cometedora de tal delito satisfará en algo el deseo de la venganza.