Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
4111-Perdone Vuestra Majestad mi atrevimiento, 4112que no es mucho perder los sentidos con la alegría del hallazgo desta amada prenda. 4113Respondióle la reina que tenía razón, sirviéndole de intéprete, para que lo entendiese, Isabela; la cual, 4114de la manera que se ha contado, conoció a sus padres, y sus padres a ella, 4115a los cuales mandó la reina quedar en palacio, 4116para que de espacio pudiesen ver y hablar a su hija y regocijarse con ella; de lo cual Ricaredo se holgó mucho, 4117y de nuevo pidió a la reina le cumpliese la palabra que le había dado de dársela, si es que acaso la merecía; y, 4118de no merecerla, le suplicaba desde luego le mandase ocupar en cosas que le hiciesen digno de alcanzar lo que deseaba. 4119Bien entendió la reina que estaba Ricaredo satisfecho de sí mismo y de su mucho valor, 4120que no había necesidad de nuevas pruebas para calificarle; y así, 4121le dijo que de allí a cuatro días le entregaría a Isabela, haciendo a los dos la honra que a ella fuese posible. 4122Con esto se despidió Ricaredo, 4123contentísimo con la esperanza propincua que llevaba de tener en su poder a Isabela sin sobresalto de perderla, 4124que es el último deseo de los amantes. 4125Corrió el tiempo, y no con la ligereza que él quisiera: 4126que los que viven con esperanzas de promesas venideras siempre imaginan que no vuela el tiempo, 4127sino que anda sobre los pies de la pereza misma. Pero en fin llegó el día, 4128no donde pensó Ricaredo poner fin a sus deseos, 4129sino de hallar en Isabela gracias nuevas que le moviesen a quererla más, si más pudiese. Mas en aquel breve tiempo, 4130donde él pensaba que la nave de su buena fortuna corría con próspero viento hacia el deseado puerto, 4131la contraria suerte levantó en su mar tal tormenta, que mil veces temió anegarle. 4132Es, pues, el caso que la camarera mayor de la reina, a cuyo cargo estaba Isabela, 4133tenía un hijo de edad de veinte y dos años, llamado el conde Arnesto. Hacíanle la grandeza de su estado, 4134la alteza de su sangre, el mucho favor que su madre con la reina tenía...; hacíanle, digo, 4135estas cosas más de lo justo arrogante, altivo y confiado. Este Arnesto, pues, se enamoró de Isabela tan encendidamente, 4136que en la luz de los ojos de Isabela tenía abrasada el alma; y aunque, en el tiempo que Ricaredo había estado ausente, 4137con algunas señales le había descubierto su deseo, nunca de Isabela fue admitido. Y, 4138puesto que la repugnancia y los desdenes en los principios de los 4139amores suelen hacer desistir de la empresa a los enamorados, 4140en Arnesto obraron lo contrario los muchos y conocidos desdenes que le dio Isabela, 4141porque con su celo ardía y con su honestidad se abrasaba. Y como vio que Ricaredo, según el parecer de la reina, 4142tenía merecida a Isabela, y que en tan poco tiempo se la había de entregar por mujer, quiso desesperarse; pero, 4143antes que llegase a tan infame y tan cobarde remedio, habló a su madre, 4144diciéndole pidiese a la reina le diese a Isabela por esposa; donde no, 4145que pensase que la muerte estaba llamando a las puertas de su vida. 4146Quedó la camarera admirada de las razones de su hijo; y, 4147como conocía la aspereza de su arrojada condición y la tenacidad con que se le pegaban los deseos en el alma, 4148temió que sus amores habían de parar en algún infelice suceso. Con todo eso, como madre, 4149a quien es natural desear y procurar el bien de sus hijos, prometió al suyo de hablar a la reina: 4150no con esperanza de alcanzar della el imposible de romper su palabra, sino por no dejar de intentar, 4151como en salir desahuciada, los últimos remedios. 4152Y, estando aquella mañana Isabela vestida, por orden de la reina, tan ricamente que no se atreve la pluma a contarlo, 4153y habiéndole echado la misma reina al cuello una sarta de perlas de las mejores que traía la nave, 4154que las apreciaron en veinte mil ducados, y puéstole un anillo de un diamante, que se apreció en seis mil escudos, 4155y estando alborozadas las damas por la fiesta que esperaban del cercano desposorio, entró la camarera mayor a la reina, 4156y de rodillas le suplicó suspendiese el desposorio de Isabela por otros dos días; que, 4157con esta merced sola que su Majestad le hiciese, 4158se tendría por satisfecha y pagada de todas las mercedes que por sus servicios merecía y esperaba.
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