Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
4073Quiso la reina saber de Ricaredo menudamente cómo había pasado la batalla con los bajeles de los cosarios. 4074Él la contó de nuevo, atribuyendo la vitoria a Dios y a los brazos valerosos de sus soldados, 4075encareciéndolos a todos juntos y particularizando algunos hechos de algunos que más que los otros se habían señalado, 4076con que obligó a la reina a hacer a todos merced, y en particular a los particulares; y, 4077cuando llegó a decir la libertad que en nombre de su Majestad había dado a los turcos y cristianos, dijo: 4078-Aquella mujer y aquel hombre que allí están, señalando a los padres de Isabela, 4079son los que dije ayer a Vuestra Majestad que, con deseo de ver vuestra grandeza, 4080encarecidamente me pidieron los trujese conmigo. Ellos son de Cádiz, y de lo que ellos me hancontado, 4081y de lo que en ellos he visto y notado, sé que son gente principal y de valor. 4082Mandóles la reina que se llegasen cerca. Alzó los ojos Isabela a mirar los que decían ser españoles, y más de Cádiz, 4083con deseo de saber si por ventura conocían a sus padres. Ansí como Isabela alzó los ojos, 4084los puso en ella su madre y detuvo el paso para mirarla más atentamente, 4085y en la memoria de Isabela se comenzaron a despertar unas confusas noticias que le querían 4086dar a entender que en otro tiempo ella había visto aquella mujer que delante tenía. 4087Su padre estaba en la misma confusión, sin osar determinarse a dar crédito a la verdad que sus ojos le mostraban. 4088Ricaredo estaba atentísimo a ver los afectos y movimientos que hacían las tres dudosas y perplejas almas, 4089que tan confusas estaban entre el sí y el no de conocerse. Conoció la reina la suspensión de entrambos, 4090y aun el desasosiego de Isabela, porque la vio trasudar y levantar la mano muchas veces a componerse el cabello. 4091En esto, deseaba Isabela que hablase la que pensaba ser su madre: 4092quizá los oídos la sacarían de la duda en que sus ojos la habían puesto. 4093La reina dijo a Isabela que en lengua española dijese a aquella mujer y a aquel hombre le dijesen 4094qué causa les había movido a no querer gozar de la libertad que Ricaredo les había dado, 4095siendo la libertad la cosa más amada, no sólo de la gente de razón, mas aun de los animales que carecen della. 4096Todo esto preguntó Isabela a su madre, la cual, sin responderle palabra, desatentadamente y medio tropezando, 4097se llegó a Isabela y, sin mirar a respecto, temores ni miramientos cortesanos, 4098alzó la mano a la oreja derecha de Isabela, y descubrió un lunar negro que allí tenía, 4099la cual señal acabó de certificar su sospecha. Y, viendo claramente ser Isabela su hija, abrazándose con ella, 4100dio una gran voz, diciendo:
-¡Oh, hija de mi corazón! ¡Oh, prenda cara del alma mía! 4101Y, sin poder pasar adelante, se cayó desmayada en los brazos de Isabela. 4102Su padre, no menos tierno que prudente, dio muestras de su sentimiento no con otras palabras que con derramar lágrimas, 4103que sesgamente su venerable rostro y barbas le bañaron. Juntó Isabela su rostro con el de su madre, y, 4104volviendo los ojos a su padre, de tal manera le miró, 4105que le dio a entender el gusto y el descontento que de verlos allí su alma tenía. 4106La reina, admirada de tal suceso, dijo a Ricaredo: 4107-Yo pienso, Ricaredo, que en vuestra discreción se han ordenado estas vistas, y no se os diga que han sido acertadas, 4108pues sabemos que así suele matar una súbita alegría como mata una tristeza. 4109Y, diciendo esto, se volvió a Isabela y la apartó de su madre, la cual, habiéndole echado agua en el rostro, 4110volvió en sí; y, estando un poco más en su acuerdo, puesta de rodillas delante de la reina, le dijo:
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