Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
4033A lo cual respondió Isabela: 4034-Señor Ricaredo, pues he de ser vuestra, a vos está tomar de mí toda la satisfación que quisiéredes para recompensaros 4035de lasalabanzas que me habéis dado y de las mercedes que pensáis hacerme. 4036Estas y otras honestas razones pasó Ricaredo con Isabela y con las damas, 4037entre las cuales había una doncella de pequeña edad, la cual no hizo sino mirar a Ricaredo mientras allí estuvo. 4038Alzábale las escarcelas, por ver qué traía debajo dellas, 4039tentábale la espada y con simplicidad de niña quería que las armas le sirviesen de espejo, 4040llegándose a mirar de muy cerca en ellas; y, cuando se hubo ido, volviéndose a las damas, dijo: 4041-Ahora, señoras, yo imagino que debe de ser cosa hermosísima la guerra, 4042pues aun entre mujeres parecen bien los hombres armados. 4043-¡Y cómo si parecen! -respondió la señora Tansi-; si no, mirad, a Ricaredo, 4044que no parece sino que el sol se ha bajado a la tierra y en aquel hábito va caminando por la calle. 4045Riyeron todas del dicho de la doncella y de la disparatada semejanza de Tansi, 4046y no faltaron murmuradores que tuvieron por impertinencia el haber venido armado Ricaredo a palacio, 4047puesto que halló disculpa en otros, que dijeron que, como soldado, lo pudo hacer para mostrar su gallarda bizarría. 4048Fue Ricaredo de sus padres, amigos, parientes y conocidos con muestras de entrañable amor recebido. 4049Aquella noche se hicieron generales alegrías en Londres por su buen suceso. 4050Ya los padres de Isabela estaban en casa de Clotaldo, a quien Ricaredo había dicho quién eran, 4051pero que no les diesen nueva ninguna de Isabela hasta que él mismo se la diese. Este aviso tuvo la señora Catalina, 4052su madre, y todos los criados y criadas de su casa. Aquella misma noche, con muchos bajeles, lanchas y barcos, 4053y con no menos ojos que lo miraban, se comenzó a descargar la gran nave, 4054que en ocho días no acabó de dar la mucha pimienta y otras riquísimas mercaderías que en su vientre encerradas tenía. 4055El día que siguió a esta noche fue Ricaredo a palacio, llevando consigo al padre y madre de Isabela, 4056vestidos de nuevo a la inglesa, diciéndoles que la reina quería verlos. 4057Llegaron todos donde la reina estaba en medio de sus damas, esperando a Ricaredo, 4058a quien quiso lisonjear y favorecer con tener junto a sí a Isabela, 4059vestida con aquel mismo vestido que llevó la vez primera, mostrándose no menos hermosa ahora que entonces. 4060Los padres de Isabelaquedaron admirados y suspensos de ver tanta grandeza y bizarría junta. 4061Pusieron los ojos en Isabela, y no la conocieron, aunque el corazón, presagio del bien que tan cerca tenían, 4062les comenzó a saltar en el pecho, no con sobresalto que les entristeciese, sino con un no sé qué de gusto, 4063que ellos no acertaban a entendelle. No consintió la reina que Ricaredo estuviese de rodillas ante ella; antes, 4064le hizo levantar y sentar en una silla rasa, que para sólo esto allí puesta tenían: inusitada merced, 4065para la altiva condición de la reina; y alguno dijo a otro: 4066-Ricaredo no se sienta hoy sobre la silla que le han dado, sino sobre la pimienta que él trujo. 4067Otro acudió y dijo:
-Ahora se verifica lo que comúnmente se dice, que dádivas quebrantan peñas, 4068pues las que ha traído Ricaredo han ablandado el duro corazón de nuestra reina. 4069Otro acudió y dijo:
-Ahora que está tan bien ensillado, más de dos se atreverán a correrle. 4070En efeto, de aquella nueva honra que la reina hizo a Ricaredo tomó ocasión la envidia 4071para nacer en muchos pechos de aquéllos que mirándole estaban; 4072porque no hay merced que el príncipe haga a su privado que no sea una lanza que atraviesa el corazón del envidioso.
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