(c) 2014-16 Diego Buendía
Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
α Día 2016-10-26 ω


3937que también me faltó, me pusieron de manera que ni más quise ni más pude ejercitar la mercancía, 3938cuyo trato me había puesto en opinión de ser el más rico mercader de toda la ciudad. Y así era la verdad, 3939pues fuera del crédito, que pasaba de muchos centenares de millares de escudos, 3940valía mi hacienda dentro de las puertas de mi casa más de cincuenta mil ducados; todo lo perdí,

3941y no hubiera perdido nada, como no hubiera perdido a mi hija. Tras esta general desgracia y tan particular mía, 3942acudió la necesidad a fatigarme, hasta tanto que, no pudiéndola resistir, mi mujer y yo, 3943que es aquella triste que allí está sentada, determinamos irnos a las Indias, común refugio de los pobres generosos. Y,

3944habiéndonos embarcado en un navío de aviso seis días ha, 3945a la salida de Cádiz dieron con el navío estos dos bajeles de cosarios, y nos cautivaron, 3946donde se renovó nuestra desgracia y se confirmó nuestra desventura.

3947Y fuera mayor si los cosarios no hubieran tomado aquella nave portuguesa, 3948que los entretuvo hasta haber sucedido lo que él había visto

3949Preguntóles Ricaredo cómo se llamaba su hija. Respondióle que Isabel. 3950Con esto acabó de confirmarse Ricaredo en lo que ya había sospechado, 3951que era que el que se lo contaba era el padre de su querida Isabela. Y, sin darle algunas nuevas della,

3952le dijo que de muy buena gana llevaría a él y a su mujer a Londres, 3953donde podría ser hallasen nuevas de la que deseaban. Hízolos pasar luego a su capitana, 3954poniendo marineros y guardas bastantes en la nao portuguesa.

3955Aquella noche alzaron velas, y se dieron priesa a apartarse de las costas de España, 3956porque el navío de los cautivos libres, entre los cuales también iban hasta veinte turcos, 3957a quien tambiénRicaredo dio libertad, por mostrar que más por su buena condición y generoso ánimo se mostraba liberal, 3958que por forzarle amor que a los católicos tuviese.

3959Rogó a los españoles que en la primera ocasión que se ofreciese diesen entera libertad a los turcos, 3960que ansimismo se le mostraron agradecidos.

3961El viento, que daba señales de ser próspero y largo, comenzó a calmar un tanto, 3962cuya calma levantó gran tormenta de temor en los ingleses, que culpaban a Ricaredo y a su liberalidad, 3963diciéndole que los libres podían dar aviso en España de aquel suceso,

3964y que si acaso había galeones de armada en el puerto, 3965podían salir en su busca y ponerlos en aprieto y en término de perderse. Bien conocía Ricaredo que tenían razón, pero, 3966venciéndolos a todos con buenas razones, los sosegó; pero más los quietó el viento, que volvió a refrescar de modo que,

3967dándole todas las velas, sin tener necesidad de acanallas ni aun de templallas, 3968dentro de nueve días se hallaron a la vista de Londres; y, cuando en él, victorioso, volvieron, 3969habría treinta que dél faltaban.

3970No quiso Ricaredo entrar en el puerto con muestras de alegría, por la muerte de su general; y así, 3971mezcló las señales alegres con las tristes: unas veces sonaban clarines regocijados; otras, trompetas roncas; 3972unas tocaban los atambores, alegres y sobresaltadas armas, 3973a quien con señas tristes y lamentables respondían los pífaros; de una gavia colgaba, puesta al revés,

3974una bandera de medias lunas sembrada; en otra se veía un luengo estandarte de tafetán negro, 3975cuyas puntas besaban el agua. Finalmente, con estos tan contrarios estremos entró en el río de Londres con su navío, 3976porque la nave no tuvo fondo en él que la sufriese; y así, se quedó en la mar a lo largo.

3977Estas tan contrarias muestras y señales tenían suspenso el infinito pueblo que desde la ribera les miraba. 3978Bien conocieron por algunas insignias que aquel navío menor era la capitana del barón de Lansac, 3979mas no podían alcanzar cómo el otro navío se hubiese cambiado con aquella poderosa nave que en la mar se quedaba;

3980pero sacólos desta duda haber saltado en el esquife, armado de todas armas, ricas y resplandecientes, 3981el valeroso Ricaredo, que a pie, sin esperar otro acompañamiento que aquel de un inumerable vulgo que le seguía, 3982se fue a palacio, donde ya la reina, puesta a unos corredores, estaba esperando le trujesen la nueva de los navíos.